Variaciones sobre mi cuerpo y la verdad / Gocho Versolari, poeta

La verdad me persigue como un ciervo pequeño
que buscara a su madre. La verdad
vestida de hojas y restos escarlatas
se trepa a mi sexo,
a las montañas que guardo en la sexta costilla,
a la amplitud celeste
que oculta mi esternón.
Ahora la verdad está en mi mano.
Luego se trasladará a mi vientre
y removerá los caos que aprisiona mi ombligo
para bajar por las piernas
y escapar por los dedos de mis pies
hacia la ancianía eterna
que late en el centro de la tierra.
Después de recorrerá mi cuerpo
y será un halo en la noche de julio.
La verdad.
Aquel recuerdo verde,
Aquel anhelo vago,
Aquel atardecer cargado de naranjas
aquel tren espectral
que atraviesa mi vida todas las mañanas
y que porta en sus vagones traseros
el implacable sol del mediodía.
La verdad guarda infiernos
en que grupos armados
aniquilan cualquier resto de sombra.
Desde la que proyectan los sicomoros
hasta la que guardo en mi sótano
para que germinen los brotes de la zimarrosa.
Y cuando el dictador naranja
anuncie el triunfo de la verdad en el planeta,
ella surgirá
en la elevada cumbre de la tarde:
muchacha descalza,
apasionada
y elevará la rebelión
a las sombras contenidas en el cielo,
a los intestinos de los peces,
a las muertes,
a los últimos suspiros,
a los sueños secos
a los sueños húmedos,
a las balaustradas,
a los baúles,
a los armarios
La verdad tendrá sexo con la plebe
para parir las refrescantes sombras
de los mares de la luna;
de las inmóviles danzas de los astros;
de los buitres del sol.

 

El discurso de la verdad

GOCHO VERSOLARI

 

ILUSTRACIONES: 
«Murió la verdad»Goya
«El discurso de la verdad»Pérez Villalta

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