Redonda, caliente y a horcajadas / Gocho Versolari, poeta.

Cada día
recorro un lento desierto,
pequeño como mi uña,
extenso como un sol que se expandiera
sobre espacios azules y perdidos.
Tu desnudez que transitara
recodos olvidados del espacio
llega a mi lecho en las noches heladas
donde copulan arañas,
malvaviscos y monstruos.
Redonda, caliente y a horcajadas
pides que te penetre,
que te parta en dos,
mientras tu calor húmedo
arroja al horizonte de la noche
borbotones envueltos
en muelles, en sueños,
en cielos bermellones
Ambos buscamos en este penetrarnos,
en arañarnos, en procurarnos muertes
cargadas de resurrecciones,
la plataforma eterna del amor
en la que podamos detenernos
y observar nuestros cuerpos agitarse:
mis nalgas empujándote,
tus pies pequeños
convertidos en garras
y el deseo,
el ansia interminable que nos llena
de venas azules y gruesas como árboles.
El deseo:
nos sacude y exhala
desde cuello
a tobillos;
desde el alma a las uñas,
desde el sueño fulgurante
a este rozar la nada
cargada de recién nacidos
y de cadáveres de asnos.
Somos volcanes vivos y pájaros que explotan
en orgasmos sucesivos y múltiples;
y las entrañas escapan por las bocas
y los espectros de los viejos amantes
construyen orgías sobre nuestras nalgas
Recojo instantáneas del deseo
y las envío a los buitres celestes
que custodian el espacio carmín
repleto de niños y tambores,
de pieles y vapores,
de oxidados aceros
y de ti.

 

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GOCHO VERSOLARI

Comenta. Comenta. Son importantes tanto las caricias como las bofetadas.

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