TANKUMSEI (*) – La muerte y el placer explotan en tu desnudez / Gocho Versolari, poeta.

(*) Tankumsei 

1) Desde la lejana antigüedad en occidente existió una vinculación entre el amor y la muerte. Al parecer el supremo éxtasis se vincula a la aniquilación, de ahí que los franceses aún llamen al orgasmo «La petite mort». Obras clásicas como Romeo y Julieta han tenido su enorme éxito porque logran la ecuación perfecta entre el amor y el fin de la vida. Sin embargo, no existe entre nosotros una palabra que designe esta unión indisoluble, este encontrarnos con el rostro de la parca en el momento supremo del placer. A esto se refiere Tankumsei.

2) Se llama así más específicamente a la práctica sexual por la que ambos amantes introducen a la muerte a través de un ritual, una palabra, un gesto en el momento supremo del orgasmo. Puede ser tomar el cuello como si lo fueran a apretar, interrumpiendo por un momento la respiración; puede ser murmurando en el oído del otro palabras o frases relacionadas con la muerte, o cayendo en una suerte de catalepsia erótica en el propio orgasmo o luego del mismo. Como dijera un poeta bengalí: «A los amantes siempre los acompaña la invisible muerte. Es la que anima la pasión; la madre omnipresente que los protege y los recibe.

3) Cuando el chamán se une sexualmente con los elementos siempre tiene presente la muerte como resorte de un placer liberador que casi siempre tiene como objetivo recuperar el alma de un individuo o de un grupo. Esta unión a la que llega luego de un largo entrenamiento se llama Tankumsei. El hombre de conocimiento sabe que para sanar una vida, algo o alguien en el universo debe morir, entendiendo por esto una transformación profunda, el final de un ciclo y el inicio de otro. Éste es el sentido de la máxima chamánica que afirma «Todo lo que nace debe morir. Todo lo que muere debe nacer».

 

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La muerte y el placer explotan en tu desnudez

Cerca del ápice de la pasión,
tomaste mi mano,
la cerraste en tu cuello.

Tan suave,
tan pequeño
Mi puño lo abarcaba

Mi pulgar se detuvo en tu glotis.
Tenía tu vida en esa mano,
y tú bramabas, te agitabas; la espuma
bajaba por la comisuras de tu boca.

Miré tus ojos extraviados:
Tu cuerpo me ceñía:
espasmos y palomas
escapaban por tus ojos extraviados.
Los orgasmos
se sucedían como enloquecidos pájaros.
La muerte danzaba lenta y poderosa
en el espacio diminuto
que limitaban mi pulgar
y el centro de tu cuello.

Al terminar quedaste como muerta.
Aparté tus cabellos:
ojos cerrados;
serenidad caliente.
Aún vibraba una parte de tu ser
unido al mío
por esa mezcla de abismos y de lunas,
de soles y de pájaros,
de cuencos y de música.
Casi de noche,
a través de los vidrios
nos envolvió
la luz.

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GOCHO VERSOLARI

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