EL CRISTO SALVAJE – Introducción a la fragmentación – 02 La fragmentación y las murallas.

EL CRISTO SALVAJE – Introducción a la fragmentación – 02 La fragmentación y las murallas.

 

Gocho Versolari

 

Un proceso de  fragmentación como actividad mágico-mítica de carácter tenebroso    culminó con la condena y la muerte de Jesús.  Guerra silente en la que intervinieron por un lado altos generales romanos apoyados por hechiceros y por el otro por Jesús y sus abyectos[1] seguidores. Por un lado, fue Roma, ejerciendo un poder temporal irresistible y por el otro Galilea y más específicamente  las primitivas comunidades jesuánicas que tenían acceso a lo que he llamado Tiempo Cero, es decir la instancia interior, siempre presente, donde se mantiene el núcleo vivo de la tradición primordial y se manifiesta en su plenitud la unión entre hombre y naturaleza.

El proceso aludido de fragmentación, estuvo dirigido a la supresión brusca y simultánea de las murallas naturales que conformaban y sostenían la individualidad de Jesús.

 

 

Aspecto luminoso  de las murallas.

 En su aspecto oscuro, la muralla, ya sea interior o exterior es un elemento bélico que interrumpe el flujo de la tradición. Es falsa la afirmación de René Guénon según la cual una muralla protegería el mundo tradicional al permitir la entrada de las influencias benéficas y sellar el advenimiento de las maléficas. La barrera como tal, y de acuerdo con lo que señalara en el correspondiente artículo [2] es el miedo a que se destruya cierta etapa a la que ha llegado la tradición. Es una confusión deliberada entre inmutabilidad (del principio básico) e inmovilidad (de las formas que lo expresan) . La condición es que una etapa termine y deje paso a la siguiente. La tradición que no se renueva es la que permite la entrada al aspecto tenebroso de los demonios. [3]

  A pesar de lo expuesto, hay un costado luminoso de la muralla, que la convierte en necesaria para la vida. Por eso   la fragmentación considerada como actividad mágico-bélica, cuando está dirigida a efectuar un daño al individuo o al grupo, los muros que debieran protegerlo estallan súbitamente y a la vez. [4]La plancha circular de cristal que se usa como soporte de la fragmentación y a la que describiré en detalle en el caso de Jesús, contiene la totalidad de las murallas en el caso de una persona, un grupo o una comunidad. Cuando se produce su quiebre mágico-ritual, es cuando las murallas naturales, necesarias para la vida, se derrumban de pronto.

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La ruptura de estos muros vitales, siempre deja inerme al sujeto, ya que son necesarios para nuestra unión con el mundo . Lo  que se ha dado en llamar la “zona de confort” no es sino una suerte de sitio pequeño rodeado de gruesas barreras. La destrucción simultánea de todas ellas, produce el debilitamiento y a veces la pérdida del yo En términos míticos implica una caída sin límites al caos y en términos piscológicos, podría corresponderse con un grado de psicosis.

 

Aparte de la actividad mágico mítica del quiebre de la plancha, en la muerte iniciática   se produce un proceso similar: la fragmentación del individuo y la caída de todas las murallas. El sujeto se somete a lo caótico de su persona.  Esto explica que las calificaciones en este orden apunten a una cierta integridad de las entidades que forman la conciencia ya que la disgregación que debe confrontar la iniciación puede producir un desequilibrio irrecuperable. [5]

 

Liberado de todas las murallas,   la muerte iniciática tiene como uno de sus objetivos  que el Atman reemplace al yo ordinario como centro de la conciencia. El sujeto descubre que no hay diferencia real entre el adentro y el afuera; que el mismo cúmulo de energías que dominan la naturaleza son las que lo animan. La preparación recibida hasta el momento es la que impide que la experiencia  tenga características destructivas. Esta misma muerte iniciática administrada a un hombre convencional, implicaría su muerte física o la caída en la locura. [6]

 

En cuanto a lo ocurrido con Jesús, una fragmentación producida por personas con capacidades mágico-míticas en relación con los estamentos de poder de la sociedad romana, tuvo similitudes con el proceso que culmina en la muerte iniciática. En este caso el objetivo   fue la condena y la muerte física;  una tragedia, que impidió el desarrollo de toda su prédica y el afianzamiento del Artefacto Mítico Ritual que propiciaba.

 

 

 Murallas naturales y murallas artificiales.

 

  •  Las murallas naturales son elementos cambiantes, de modo que los límites que acotan puedan transformarse y reubicarse. Una de las murallas naturales es el propio cuerpo, sagrado por contener la vida y que presenta un grado de solidificación de un simbolismo universal. Esta solidificación es lo que permite la interacción con el mundo bajo determinadas formas. Estas formas constituyen otras tantas murallas, preparadas para caer y transformarse  cuando el individuo avance en su realización Trimúndica. Nuestra propia vida es un constante cambio de murallas. En un proceso normal, la destrucción de  murallas y el advenimiento de sus reemplazos  opera en forma gradual. Tan sólo en ciertos contextos como el iniciático y el mágico mítico, las murallas son derribadas en forma súbita.
  • Las murallas artificiales  son  rígidas, sólidas y con pretensión de permanecer eternamente. Establecen límites inamovibles a los que no es posible cambiar. Están  vinculadas a una preeminencia de las castas sacerdotal y guerrera como exclusivas, dejando de lado a la instancia chamánica. Este tipo de murallas implica una separación clara y definitiva entre el adentro y el afuera, ubicando en este último todo lo malo, lo negativo lo destructor y en el primero, lo puro, inmaculado, aquello que debe ser defendido a toda costa de las hordas que amenazan desde la oscuridad caótica. En otros artículos señalaba que estas hordas caóticas , se refieren casi siempre a representantes de la propia tradición. Un ejemplo son los alambrados, propios de las enormes llanuras ubicadas en el sur de Argentina y Chile, a las que los latifundistas casi siempre ingleses, rodeaban con esta efectiva muralla hecha de hilos de acero, jalonados de púas. Quienes quedaban afuera eran los mapuches, es decir los representantes de una tradición milenaria enfrentados a los inmaculados liberales que se apropiaban arbitrariamente de lo sagrado de la tierra.

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El otro ejemplo es el muro propiciado por el presidente Donald Trump. En un próximo artículo procuraré demostrar que dicha barrera tiene todas las características de la muralla a la que se refiere René Guénon en el capítulo de “El Reino de la cantidad…” titulado “Las grietas en la gran muralla”. En el interior de la barrera quedarían los americanos temerosos, aquellos que levantan las banderas de una supremacía blanca en contra de los descendientes de toltecas, aztecas y mayas que procuran atravesar la frontera buscando una supervivencia elemental.

 

 

El verdadero sentido de las murallas naturales.

 

  La diferencia de las murallas naturales con las barreras  rígidas de las clases sacerdotal o guerrera  es la interacción entre todas ellas y su carácter maleable, sensible y ubicuo.

 

La antropología propiciada por la escuela de estudios tradicionales y que se encuentra en los textos de Guénon y Évola, plantea los contenidos de la mente como compartimientos estancos y separados por rígidas  barreras. Establecidas como una jerarquía, las instancias de la psique debieran someterse al principio intelectual Estando el mismo debidamente atendido, en forma espontánea ordenaría el resto de las facultades de la mente y las instancias del cuerpo. [7]

 

Las murallas del cuerpo y de la mente no se parecen a esta construcción arbitraria construida tando pensamientos rígidos o de rocas; en ambos casos se procura anular todo contacto entre aquello que establece como exterior y lo que se considera como interior. Una muralla natural emblemática es la piel:  superficie viva cuyo contacto protege y a la vez trasmite hacia adentro lo que ocurre en el exterior. La piel como muralla se caracteriza por ser una barrera viva, capaz de reproducir la ley de interacción Trimúndica: toda  alteración en cualquiera de las instancias físicas anímicas y espirituales, afecta de inmediato a las otras tres. Como respectivos   odres llenos de líquido y ubicados uno dentro del otro. Cualquier presión que se ejerza en uno de ellos, afectará a los otros dos. [8]

 

De este modo, toda alteración en la piel produce de inmediato una alteración en los otros reinos. Desde una herida superficial hasta un ataque al individuo; [9] desde una caricia hasta un golpe. Las murallas que afectan cada uno de los reinos son de este modo permeables y permiten filtrar las influencias caóticas y las luminosas en la medida en que la totalidad del organismo lo requiera.

 

Otra muralla muy importante en el plano psíquico es el yo . El mismo es una ilusión, ya que los múltiples estados y las diferentes instancias que forman nuestra genealogía sincrónica permiten hablar de una pluralidad de presencias. La ilusión yoica es necesaria para mantener una supuesta unidad que permita el manejo práctico de la vida. El yo como muralla debe ser permeable como la piel. La conciencia debiera estar en contacto con todas las instancias de la psiquis. Debiera conocer con precisión lo que constituye el mundo intermedio que en el sujeto está representado por este cuerpo psíquico. Debiera ser capaz de llamar y armonizar los seres que lo habitan (tanto a los que se encuentran en el subsuelo del ser, como a los manifiestamente luminosos) ; permitir que unos y otros vayan tomando alternativamente el foco de la conciencia. La formación religiosa convencional establece el yo como una muralla rígida. La escisión entre mundo de pureza  y mundo demoníaco, hace que la barrera del yo se fosilice. La ilusión que su dureza es necesaria para la vida, va progresivamente reemplazando la realidad.

Las grietas  de la muralla rígida son la amenaza que neurotiza a los sacerdotes y a los guerreros. En cada existencia individual hay enorme cantidad de posibilidades y los contenidos de las mismas debieran manifestarse a lo largo de una vida  , pero se nos condiciona para  conformarnos con una reducida parcela en medio de las murallas que levantan nuestros propios miedos.

 

La fragmentación y las murallas.

 

La fragmentación completa, deja al ser expuesto al mundo sin la capacidad de gestionar los estímulos, de permitir que los mismos adquieran una dimensión capaz de ser entendida y absorbida por el sujeto. La preparación y el entorno ritual debieran proteger al sujeto sometido a una muerte iniciática, donde se produce el proceso de pérdida simultánea y súbita de todas sus murallas. Cuando el proceso se efectúa en un marco mítico mágico,  como resultado de un ataque, puede sumir al sujeto en la locura o llevarlo a la muerte.

En el caso de Jesús, la fragmentación de la plancha de vidrio con los elementos que representaban su persona, logró la condena y la muerte y permitió que se abatiera uno de los pájaros que representaban su vida. Fue el vinculado a su parte lunar, imaginativa; al psiquismo del Hun según la MTC y se aisló su parte solar, para de ese modo poder montar la Iglesia como la conocemos hoy en día. 

Como respuesta, Jesús lanzó un proceso de desfragmentación y de impregnación, que configuraron el Cristo Salvaje y cuyos conceptos desarrollaré en el próximo artículo. 

[1] Cabe destacar que ciertas corrientes que son tildadas como antitradicionales por la postura convencional que acompaña a estos estudios, están en realidad más cercanas a la tradición que otras posiciones rígidas. Me refiero  a los pensamientos contemporáneos que cuestionan la sexualidad  , como los de Michel Foucault o Judith Butler. Si bien sobre ellos volveré en otros artículos, señalaré que el término abyecto es utilizado en este contexto y referido a aquellos que ejercen una sexualidad propia, rechazada por el statu quo; los que aportan el desprecio y la discriminación; la posibilidad de hundirse en el caos por que a través de su sexualidad y consiguientemente de su cuerpo no responden al ideal regulatorio heterosexual impuesto por la sociedad. Curiosamente la etimología de abyecto se refiere a “arrojar fuera” se entiende en el ámbito externo de los muros de la ciudad a aquel o a aquellos que han transgredido normas elementales. Son los abyectos – samaritanos, mujeres, prostitutas –   quienes siguen a Jesús: No tan sólo el pobre por su condición de trabajo y sus carencias, sino  lo último, la basura, la escoria de la sociedad.
[2]   Sacerdotes y chamanes IV – Las murallas del miedo  El contenido básico de este artículo es que la muralla se presenta siempre como el miedo solidificado.
[3] Reitero una vez más, la afirmación correcta de Guénon por la cual el miedo es una descalificación de la iniciación.
[4] Afirmo ahora algo que desarrollaré más adelante: hay diferentes tipos de murallas. La naturaleza, nuestro propio cuerpo, la vida en todas sus formas, se manifiesta y avanza a través de barreras permeables, ubicuas y sensibles. Lo que se critica, son las barreras artificiales, creadas con fines bélicos en sociedades regidas por castas sacerdotales y guerreras que han excluido al chamanismo y todas sus expresiones.
5[5] La muerte iniciática varía de una cultura a otra. Traigo a colación un ejemplo expuesto por  Mircea Eliade referido a la misma entre los aborígenes australianos. Cuando se produce la muerte en las organizaciones masculinas entre las que se practica la iniciación, el candidato es despojado de sus vestidos y su cuerpo pintado de blanco como un espectro. Durante varios meses debe vivir en las afueras del pueblo, robar para comer, y cuando es visto por los demás habitantes, los mismos se espantan como si se tratara de un real espectro.
[6] Cabe destacar que la experiencia en la Masonería es puramente nominal, superficial. La referencia a un ritual del que tan sólo queda la forma. La verdadera muerte iniciática se brinda en el contexto de sociedades hierológicas
[7] René Guénon “La Enfermedad de la angustia”.
[8] Este es el principio de toda acción ritual, ya que la interacción descripta también se produce entre el hombre que realiza una acción y las demás instancias del cosmos. Humanos, animales, mundo animado y supuestamente inanimado, forman parte de un mismo ser. Constituyen un sistema en el que la alteración de uno de sus elementos modifica la totalidad.
[9] En este caso la instancia espiritual también se altera, ya que cada elemento de la unidad Trimúndica que forma un ser humano no tiene límites precisos. Hay zonas grises en las que el cuerpo se transforma en elementos psíquicos, y finalmente lo físico y lo anímico se transforman en elementos espirituales. Estos últimos tienen una franja también gris que es la que se va alterando con las transformaciones. El núcleo del espíritu, el Ku, aquel que no es concebible en términos positivos, nunca cambia en toda la rueda de las existencias que debe atravesar. Es lo permanente e inmutable en el ámbito del ser, fuera y dentro del sujeto humano, que no es concebible en las categorías de tiempo y espacio y sólo se puede acceder a él en términos negativos (neti, neti… es decir “ni esto ni aquello”)

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GOCHO VERSOLARI

Comenta. Comenta. Son importantes tanto las caricias como las bofetadas.

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