FOOTJOB Con cada paso de tu caminar descalzo

Vídeo poema – FOOTJOB Con cada paso de tu caminar descalzo

Gocho Versolari, Poeta

Con cada paso de tu caminar descalzo
resuenan timbales, tambores, cuerdas, vientos;
la alborada precipita melodías
en naves azules
que buscan tus empeines.
Cada huella de tu pequeño pie
modula ángeles y sierpes,
derrotas y victorias. El gemido del mundo
emerge y llega
de tus empeines.
Cuando tus pies tocan mi sexo,
la música se convierte en sinfonía.
Entonces nuestros cuerpos
permiten la intensa hierogamia
entre el cielo y la tierra
a través de tus plantas,
apasionadas, tibias
animando el corazón del monstruo;
horneando el sol
de mi tercera entraña.

GOCHO VERSOLARI

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  1. MI CUÑADA Y EL PLACER DISIMULADO Primera Parte

    Todas las noches iba a casa de mi novia, cenaba, veía un poco la televisión, charlaba un poco con ella, con sus padres y por supuesto con su hermana, ésta era una chica rubia, muy joven y todavía, si cabe, más atractiva, era una persona que sin ella saberlo emanaba sensualidad a raudales pese a su edad. Siempre me atrajo, inclusive me vino algún pensamiento siempre desechado al instante. Cuando acabábamos de cenar, teníamos la costumbre de sentarnos en un sofá, yo estaba sentado y normalmente mi cuñada apoyaba su bonita cabeza sobre mis muslos. Un día me percaté, lo raro es que no lo hubiese hecho antes, de que ella se movía de forma muy discreta sobre mis muslos y evidentemente sobre mi pene, lo achaqué y era lo lógico, a los cambios de postura que todos hacemos. Sus piernas, preciosas por cierto, siempre las tenía extendidas y apoyadas en el brazo del sofá, eran muy bonitas y acababan en unos pies preciosos y cuidados, gustaba de jugar con sus sandalias o sus zapatos, los sacaba y metía de su prisión, gustaba en un momento determinado de dejarlos caer al suelo. A mi siempre me han gustado unos bonitos y cuidados pies de mujer pero claro, era mi cuñada, mi bastante joven cuñada, quizás demasiado joven para pensar lo que después pude confirmar. En ocasiones observaba su rostro, tenía un precioso pelo rubio y unos labios carnosos, muy apetecibles de saborear, de mordisquear pero era muy joven y era mi cuñada, estaba en casa de mi novia, con ella presente aunque sentada en una silla junto a mí puesto que no podía sentarse en el sofá por problemas cervicales. Uno de esos días en los que tu pene está más contento de lo que hubiese querido, aunque no me arrepiento de ello, al entrar en su casa encontré a mi cuñada subida en una escalera por motivos que no vienen a cuento, estaba descalza y sobre el peldaño se ponía de puntillas mostrando toda la belleza que ofrece un pie bonito y cuidado, sus plantas de los pies estaban limpias y se arqueaban, era un auténtico desnudo. Me dieron ganas de pegarle a mi pene, de reñirlo por la inmensidad que adquirió ¿Cómo era posible que se me pusiera tan dura de ver a una jovencita y con mayor motivo si era mi cuñada? No lo sé pero mi pene continuó aumentando hasta hacerse más que notoria mi tremenda excitación. Me senté junto a la escalera bajo el pretexto de hablar pero solo quería ver su cuerpo, sus piernas, sus preciosos pies y las preciosas braguitas de encaje color negro. Hablé mucho pero me acaricié más, mi mano se deslizaba una y otra vez sobre mi pantalón, disimuladamente saque mi pene del slip para tener mayor placer y continué acariciándome viendo aquel maravilloso espectáculo. Mi cuñada se dio cuenta, bueno eso lo sé ahora, entonces ni me apercibí, sus pies se arqueaban cada vez más, se elevaban y bajaban cada vez más, sus piernas me resultaban no ya bonitas, me parecían sensuales, las deseaba, deseaba recorrer con mi mano sus muslos y acabar en sus bragas, acariciarla, meterle la mano, acariciar su clítoris, que se corriera, besar sus pies y lo que conseguí fue correrme e inundar mi pantalón, extremo que pese a mi disimulo fue notoriamente observado por ella. Me dirigí al lavabo, que remedio quedaba y tras salir le indique a mi novia que estaba preparando la cena si podía limpiarme aquella mancha originada por la orina tras un descuido por cierto algo habitual en los hombres. Mi cuñada reía maliciosamente y yo ya estaba excitándome de nuevo, era tan sensual, tan suave, tan deseable. Como todas las noches y tras cenar nos acomodamos de la forma habitual. Mi cuñada, aduciendo fresco rogó que le pusiéramos una sabana pero fue muy hábil y dejo al descubierto sus preciosas piernas y sus maravillosos pies casi desnudos, solo sujetos por unas sandalias de suela de madera que se abrazaban a su pie por una pequeña cinta de cuero color rojo. Comenzó a jugar con sus sandalias, a balancearlas, era evidente que a esas alturas sabía que me había puesto loco de placer, que me había masturbado hasta reventar de gusto. Su cabeza comenzó a oprimir mi pene, se movía constantemente, mi pene se puso duro, muy duro y cuanto más duro lo notaba mas movía su cabeza y su respiración hacía ostensible una excitación inmensa. El placer que tienes que disimular es todavía más placer, me estaba acariciando en presencia de todos y nadie se daba cuenta, nuestras caras no debían reflejar nada pero nuestros cuerpos no podían evitar el brutal deseo, introduje mi brazo bajo la sabana, acaricie sus pechos, eran pequeños pero firmes, sus pezones eran puntiagudos, se hinchaban al paso de mi mano, la excitación era máxima, total. Bajé la mano y llegué hasta unas bragas totalmente mojadas, fue delicioso, acaricié su vagina sobre su braguita, la recogí hasta formar un manojo de tela y comencé s subirlas y bajarlas por los laterales, se volvía literalmente loca de placer, de placer disimulado pero mayor si es posible. Introduje mis dedos y acaricié sus labios, su clítoris, mientras se mojaba de forma que nunca había visto, le introduje primero un dedo y después dos, le hice una paja inmensa, siempre me lo recuerda. Evidentemente a esas alturas yo me había corrido por segunda vez y cuando llegué a mi casa, recordando lo bonito de lo sucedido, me masturbé otra vez, hasta hoy mismo que pese a estar casado y ella también, continuo deseándola y sigo masturbándome recordando aquel placer disimulado.

Comenta. Comenta. Son importantes tanto las caricias como las bofetadas.

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