PASIÓN, PERSECUCIÓN Y PRESUNTA MUERTE DEL LECTOR HEMBRA – Capítulo 10 – 1-Ximena enjaulada

Narrativa – PASIÓN, PERSECUCIÓN Y PRESUNTA MUERTE DEL LECTOR HEMBRA – Capítulo 10 – 1-Ximena enjaulada

Gocho Versolari

Los hombres revisaron la cantera de arriba abajo. Durante la noche llegaron máquinas gigantescas, con las que excavaron, encontrando restos humanos: huesos de larga data, ya que el lugar se había usado como cementerio donde se enterraba a enemigos políticos después de asesinarlos. Al amanecer los hombres regresaron con aspecto abatido; todos se presentaron delante de Él que esperaba en silencio. Permanecía inmóvil, golpeando con sus dedos el brazo del sillón. Nadie dijo nada, pero en los rostros de todos se leía el mismo mensaje: Ni Ximena ni su cuerpo están en los límites de la cantera
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Ximena abrió los ojos. La cabeza le dolía a punto de partirse. Frente a sí, a través de un entramado de madera, que formaba pequeñas celdas vio balancearse de un lado al otro, los carteles con las fotos de Martín Miguel. Cerró los ojos. El dolor en su cabeza era insoportable.
– ¡Ignacia! – murmuró de pronto al recordar el cuerpo de su vecina, cayendo sin vida, su sangre desde su yugular empapando la tierra. Intentó moverse y en ese momento advirtió que sus muñecas estaban sostenidas con algo muy duro a la pared; sus brazos estaban hacia arriba, y permanecía arrodillada en el piso; las articulaciones le dolían. Intentó mover las piernas, pero sus tobillos también estaban sujetos a la pared. Sintió que estaba vestida de la cabeza a los pies con una tela áspera que le producía un molesto escozor al rozar su cuerpo desnudo.
Hasta ella llegaban ruidos de alguien que tocaba un bombo, el sonido de una armónica que atronaba el aire, y sobre todo gritos inarticulados. De vez en cuando todos callaban y escuchaba el estribillo ¡Martín! ¡Miguel! ¡Martín! ¡Miguel!. Adelantó su cuello y miró con más atención: de pronto reconoció el lugar: estaba en el centro de la manifestación que se hacía contra el Ejercito Literario Macho’s. Volvió a mirar el enrejado de madera: tuvo la impresión de encontrarse dentro de la gran jaula que viera amurada contra una de las paredes.
– ¡Por favor! – gritó – Estoy prisionera, estoy encerrada en esta jaula… que alguien la rompa. Vengan a liberarme.!
– Santiago…
La voz, potente, masculina, llegó con tono metálico desde su derecha.
– ¿Quien es…?
– Florencio García González, tu tío.
– Tío, por favor. Mataron a una persona… a mi amiga, mi vecina.
– Te diste cuenta, Santiago. Tu masculino cuerpo se encuentra prisionero en medio de la manifestación. Todos, con sus rostros constreñidos, sus pómulos huesudos y chaposos, piden la libertad de quien creen que es la víctima, y no saben que la víctima verdadera está junto a ellos.
– ¡Voy a gritar hasta que me escuchen!
– Prueba hacerlo.
– ¡Ayuda, por favor! ¡Yo soy la víctima de estos locos! ¡Sálveme! ¡Sálvenme….!
Sus últimas palabras fueron interrumpidas por el sonido del bombo que pareció aumentar.
– Ellos están preocupados por sus propios ruidos, Santiago. No escuchan tu clamor, tu pedido de ayuda. Es inútil que los llames para darles tus quejas. Son solidarios, pero estúpidos. Ellos no saben que Martín Miguel no existe.
– ¿Cómo que no existe?
– Martín Miguel es una invención del Ejército Literario Macho’s, más específicamente del Comando Vargas Llosa, que es el que presido.
– Si yo vi sus padres en la televisión, escuché su pedido de auxilio.
– Podemos inventar no sólo padres, sino una familia entera, Santiago. El mismo Martín Miguel va a aparecer cuando sea prudente; un Martín Miguel que nunca fue secuestrado ni detenido; un Martín Miguel que dirá lo que todos esperan que diga.
En ese momento pasó frente a Ximena una columna de hombres calvos y desnudos que portaban sobre sus hombros un palanquín en el que estaba sentado un anciano con las piernas cruzadas en actitud de meditación.
– No te creo. Alguien va a advertir que en esta jaula hay una persona…
– Es casi imposible. Ya te dije que están concentrados en sus propios ruidos. Además estás vestida con una túnica de los mismos colores que la pared que te sirve de fondo. Te aclaro que esto fue elaborado por los asesores en semiótica del ejército, de modo que lo que puede llegar a ver alguien es un rostro flotando en el aire, que no tiene la menor importancia frente a los hechos que son de dominio público…
La voz se interrumpió. En ese momento un sujeto negro, corpulento, con el torso desnudo se había asomado a la jaula y se protegía los ojos con las palmas de las manos tratando de mirar hacia adentro.
– ¡Ayuda! ¡Ayuda, por favor….! – Aulló Ximena adelantando su cabeza. Afuera, el negro llamó a otros hombres que como él se asomaron y miraron.
– ¡Estoy acá, encadenada! ¡Avisen a alguien…! ¡Ay…!
En ese momento un cosquilleo desagradable recorrió el cuerpo de Ximena.
– Has sentido un golpe de corriente eléctrica Ximena; no te preocupes, es sólo para que te vayas acostumbrando al último intento que debemos hacer para convertirte en lector macho.

Raíces - Frida Kahlo.jpg

GOCHO VERSOLARI

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