Pasión, persecución y presunta muerte del lector hembra – Capítulo 7– Primera parte – Ximena e Ignacia

 Pasión, persecución y presunta muerte del lector hembra – Capítulo 7– Primera parte – Ximena e Ignacia

Gocho Versolari, Poeta

(Ximena a la distancia, acercándose y alejándose, como tomada por un “zoom”)
Se incorpora, solloza de nuevo, se seca los ojos con el dorso de la mano. Unos segundos permanece inmóvil (sabe que no debe correr; que debe pasar inadvertida para los hombres apiñados en la parte norte; escucha desde lejos el ladrido de los perros)
 Ahora el zoom se aleja y Ximena parece una figurita moviéndose apenas bajo la luna en cuarto creciente. Si el zoom se acercara hasta mostrar los poros de su cara, podrían verse su cansancio y su anemia detrás de las ojeras más que violetas. Ahora avanza hacia el costado; su espalda apoyada contra la gigantesca pared que forma la cantera abandonada. Garúa. Garúa sobre su cara llena de lágrimas.
 Hay hombres tumbados a lo lejos. (Alguien debe manejar el zoom) Hay dos hombres tumbados al pie de la pared norte de la cantera, exactamente junto a los rieles por los cuales otrora corriera la vagoneta. Las caras de ambos son odiosas y sus voces están como crispadas por una exasperación vacía.
“Desde acá parece una mina, chabón
 Una mina así te la regalo.
 Mirá que tiene tetas…
 Las tetas no son todo. Además, acordate que estás mirando un cadáver que se mueve.
 Fue estúpida. Mirá que se le dio changüi…
 Ahí desaparece…”
 No tiene donde ir. A lo sumo dar la vuelta por la pared sur.
 Ahora Ximena avanza a ciegas entre ruidos y silencios. Alguien, algo tibio sale de la tierra y la toma su vientre…
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 – En realidad Ximenita, yo no vine a la Argentina de Bolivia. Mis papis me llevaron al Brasil…
 Ximena estaba sentada en medio de las piernas desnudas de Ignacia, depilando sus muslos. La cera de hierbas aromáticas llenaba todo con un olor perfumado y agreste. Hábilmente, Ximena arrancaba los trozos llevando consigo los puñados de vello.
– Fuimos a la costa de Santa Catarina y allí recibí mi bautismo.
 – Bautismo cristiano, supongo.
 – No, bautismo en el Rito Erzili.
Completamente desnuda, Ignacia peinaba los cabellos con un cepillo. Sus pechos morenos tenían pezones extrañamente blancos. Ximena seguía depilándola meticulosamente; la cercanía de la mujer producía un vértigo extraño en su entrepierna.
– El rito Erzili es poco conocido. ¿Te impresiona si te cuento cómo fue el bautismo?
 – No, no me impresiona.
 – Bien: después de dos días de ayuno, en el atardecer del tercero, me enterraron en un lugar cercano a la costa. El hoyo, que tenía las medidas de mi cuerpo, estaba preparado desde el día anterior. Caminé desnuda hasta allí y entré en el lugar mientras iban encendiendo antorchas a medida que la luz disminuía. Unos fieles trajeron un buey, adornado con coronas de flores. Yo también estaba llena de flores y con pulseras y collares en todo mi cuerpo. Los hombres de Erzili venían tocando día y noche desde una semana atrás. Una vez en el pozo varios hombres me cubrieron de tierra, dejándome prisionera: tan sólo asomaba mi cabeza en dirección al mar, mientras en el cielo el sol se ocultaba y llegaba la noche. Entonces, los ritmos cesaron y trajeron el buey. Pusieron su cabeza a la altura de la mía y un par de hombres cortaron su garganta con machetes; al rato sentí la sangre que me empapaba despacio…
 Toda la noche sonaron los tambores y el buey siguió desangrándose. Algunos hombres purificados, se metieron entre la sangre y cavaron zanjas alrededor de mi cabeza. Me desenterraron al amanecer, y me llevaron entre siete hombres hasta la orilla del mar, ofreciendo mi cuerpo desnudo y empapado en sangre al sol que salía. El rito tenía sentido porque yo era virgen. Fue hermoso; recuerdo a todo el pueblo de Erzili cantando al amanecer.
 Hubo un momento de silencio en que Ignacia dejó de peinarse y miró con una sonrisa a Ximena.
– ¿En serio que no te impresionó?
 – Hay cosas que me impresionan más.
 – ¿Por ejemplo?
– Muchas cosas. Entre ellas que seas tan hermosa.
 Ximena enrojeció y bajó la vista, mientras Ignacia reía.
 – Eso es lo que me gusta de vos; te siento como una mujercita, pero en realidad sos un hombre. La explicación sobre mis vestidos está en mi matrimonio: mi marido era alcohólico, celoso, violento… Ni pensar en tener ropa provocativa, que pudiera mostrar mis formas. A vos te tengo confianza y te lo puedo decir: soy una gran enamorada de mi cuerpo. Me gustaría tener alguna lencería que pudiera vestir y mirarme.
 – ¿Qué pasó con tu marido? ¿Te separaste?
 – No. El murió hace un año…
 – Como mi Tito…
 – No Ximenita, como tu Tito no. Por lo que vos me contaste de él, era bueno y suave con vos. Roberto me golpeaba con fuerza. Una vez llegó a romperme un brazo. Era terriblemente celoso y cuando llegaba borracho tenía la idea de que lo había engañado. Me obligó a hacer cosas horribles; a coger con el perro, a comer su mierda…
 – Está bien, no me lo cuentes… ¿Querés que te depile la chocha…? Me dijeron que así la llaman en España.
–  ¿Te gustaría como luciría depilada?
 – No sé,tendría que verla… además lo importante es como te guste a vos.
 – Había algo que quería pedirte, Ximenita.
 – ¿Si?
 – Sé que tenés prendas íntimas, me gustaría probarme algunas tan sólo para ver como me quedan…
 – Me parece maravilloso. En ese caso deberé depilártela…
 Ximena colocó más cera tibia en el pubis de Ignacia y con mucha suavidad depiló su vello en pocos minutos.
 – Esperame que vengo enseguida…
 Fue hasta su cuarto, tomó los dos cajones en los que guardaba su lencería y volvió al departamento de Ignacia. Entre ambas seleccionaron camisolines, enaguas, trusas y corpiños. Algunos los desecharon, ya que las medidas de Ximena eran muy superiores a las de su vecina.
 – Ignacia, te sugiero algo. Y tené en cuenta que te lo dice una narcisista de profesión. Podemos organizar un desfile. He visto que tenés cuatro paneles con espejos. Entonces los colocamos formando una pasarela, vos te cambiás detrás y caminás hacia mí luciendo tu cuerpo. No sólo podrás verte a vos misma en los espejos, sino sabrás que hay otro par de ojos que te están mirando.
 Ignacia asintió entusiasmada, y tomó la ropa llevándola a la cocina.
 – Aquí será el vestuario – dijo mientras ponía en el emisor un “compact” con Rapsodia Bohemia. Decidieron que no usaría zapatos, ya que todos los que tenía Ignacia eran anticuados; además, en opinión de Ximena,  la lencería debía modelarse descalza.
 Ximena abrió los espejos y los ubicó de modo que formaran una gran pasarela. Ignacia tenía encima de la puerta un foco cuya luz podía dirigirse en uno y otro sentido. Ximena apartó las lámparas centrales y orientó el foco como un reflector hacia el centro de la pasarela improvisada. Después colocó varios almohadones en el suelo y se tiró en ellos, dispuesta a mirar.
 Unos segundos más tarde, apareció Ignacia llevando una robe abierta debajo de la cual mostraba un camisón trasparente hasta sus rodillas. Con sus manos sostenía sus largos cabellos negros y se movía de modo sugerente, sonriendo a Ximena. Caminó a los largo del pasillo formado por espejos, llegó junto a ella , dio media vuelta y volvió mostrando sus nalgas bien formadas.
 Fue y vino vistiendo cada vez menos ropa, hasta aparecer con un minúsculo conjunto negro y trasparente de bombacha y corpiño. Al llegar junto a Ximena, se detuvo y la miró fijamente y sonriendo. Ximena la miró a su vez.
 – ¿Qué pasa?
– Que te pusiste una trusa muy ajustada, Ximenita… y se te nota el bulto.
 Ignacia adelantó su pierna y tocó con su pie el miembro erecto de Ximena.
 – ¿Qué pretendés Ignacia? Está bien que yo fui el de la idea del desfile, pero verte…. en realidad sos formidable…
 Ignacia se sentó junto a ella.
 – Pensé que solamente reaccionabas con los hombres.
 – Eso es lo que piensan todos…
 Ignacia recostó la cabeza contra el hombro de Ximena.
 – Siempre sentí curiosidad por saber cómo sería hacer el amor contigo. Sentir sobre mis tetas otras tetas… pero con un pito entre las piernas…. además, hacerlo con alguien que se siente mujer es mucho mejor, ya que sabe lo que puede gustarle a una mujer…
Tanmaya Bingham

GOCHO VERSOLARI

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