NARRATIVA – Pasión, persecución y presunta muerte del lector hembra – Capítulo 4 – El vestido salvaje.

 Resumen de lo publicado: Ximena es un transexual que viste y se comporta como mujer. Su poderosa familia, en especial el tío Florencio García González, lo presionan para que se convierta en un macho. La forma de hacerlo según ellos es recurriendo a lecturas viriles, libros que desarrollen su parte activa, masculina. En este contexto, Ximena inicia una relación con un hombre, Eduardo, quien también le exige que lea libros “de hombre”. A todo esto se produce una explosión, un atentado contra Ximena del cual sale ilesa. En el sitio habían colocado un cartel: “Ejército literario Macho´s – MUERTE AL LECTOR HEMBRA”

Pasión, persecución y presunta muerte del lector hembra – Capítulo 4 – El vestido salvaje.

Gocho Versolari

 

La Cantera del Sauce.
Lugar que buscan los enamorados por su aislamiento. Ahora es el marco de tu persecución.
Es casi supremo el impulso humano escapando de la muerte o de la presunta muerte. Escapando de aquello que representa el cruce a la otra orilla; a la imposibilidad de regresar.
Por eso, Ximena pudo escapar hundiéndose en la inconsciencia del espanto, en el magma negro y oloroso del miedo, elevándose en gallos de vapor por encima de la laguna negra, siniestra tendida  en la vieja cantera.
Al norte, los semióticos bailan entusiasmados ante el ritmo enloquecido de tu corazón, todo un lenguaje animado por las potentes fuerzas de la vida; el alimento que nutrirá a los viejos machos, a los viejos lectores machos.
¿De dónde surgen Ximena las viejas fuerzas de la vida que te llevan a escapar de las lejanas luces y de los feroces ladridos de los perros? ¿Quizá del amor desolado, despellejado que se alza desde el fondo de tu vida?
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 Eran las cuatro de la tarde cuando Ximena llegó a la cantera. Caminó entre el pedregullo haciendo equilibrio con sus zapatos de tacón alto y se sentó en una repisa de piedras lisas y cuadradas debajo del suave sol primaveral. Allí abrió Monasterio y se puso a leer.
El espacio no es uniforme – decía Petra Orcen , uno de los personaqjes de la novela – la muerte surge a cada momento  entre las grietas  pero entiéndase bien: las grietas del propio espacio, no de las cosas que lo ocupan. La muerte es como un vapor muy tenue que sólo podemos percibir los necrófilos experimentados…
 En la cantera el silencio era total. Bajo las nalgas de Ximena, las viejas piedras, calientes por el sol, ardían los glúteos. Una brisa suave movía los cardos a su lado.
 …Monasterio era así una pesadilla de la materia, un sueño torvo de la vida, una perversión en toda la línea. Monasterio se había terminado convirtiendo en un monstruo. Cuando una nueva humanidad lo recordara, estaría convencida de que nunca había existido una edad de oro, sino que el pasado era la angustia y el malestar de la vida; que el pasado era, en suma, Monasterio.
 Ximena había apoyado la espalda contra una roca; pensó en Eduardo y unos momentos; después el libro de Odirco Nelaba cayó de  su mano y quedó con las tapas hacia arriba. Bajo el ol de la tarde, Ximena    durmió profundamente.
 En el sueño el rostro de Eduardo sonreía con dulzura. Hablaba y aunque no escuchara sus palabras,   la sensación de plenitud se extendía como un colchón suave, luminoso y tibio.
Alguien serruchaba el cielo. Abrió los ojos : encima de ella estaba suspendido el gigantesco helicóptero con sus colores rojo, verde y amarillo, y en su vientre combado, las letras ELM en fucsia. Estaba a pocos metros de ella, y desde sus costados estallaron fogonazos.
 Ximena se incorporó con una sensación de molestia. El viento que desataba el helicóptero al agitar el aire, movía   sus cabellos; tomó el libro de Odirco Nelaba, y en ese momento el aparato remontó vuelo alejándose rápidamente.
 Ximena   miró a su alrededor: tenía la impresión de que en el paisaje algo había cambiado. Frente a ella, plantas espinosas continuaban agitándose con el viento. Un poco más allá se tendía el agua verdinegra de la laguna, a cuya superficie llegaban pequeños peces que se alejaban con rapidez. Se volvió a su derecha y vio algo que destellaba sobre una roca. Se acercó con cautela: era un búho dorado, cuyo brillo superaba al del sol; parecía ser la proyección de una fotografía o de una película. Ximena caminó hacia allí; el ave no se movió; La  luz que rodeaba su cuerpo estaba encerrada en un cordón rojo.
 Ximena dio un largo rodeo alrededor del pájaro. Los rayos quebrados  señalaban un recodo de la cantera. Allí había una cortina brillante, de luz espesa que fluía de arriba abajo y  que ocultaba la entrada de una cueva, tan alta como   ella. Ximena acercó sus dedos hasta tocarla y constatar que podía  atravesarla sin dificultad. Sintió miedo y a pesar de eso estiró el brazo; su mano y su muñeca desaparecieron en el interior. Retiró la mano y la observó: estaba intacta.  Vaciló unos segundos y finalmente apretó contra su pecho el libro de Odirco Nelaba y caminó hacia allí. Atravesó la cortina brillante con los ojos cerrados y se detuvo. Al abrirlos vio    un cuarto, iluminado por dos spots ubicados en lo alto de una tarima. Las paredes de roca estaban   forradas por un papel dorado que reflejaba el resplandor. En el centro del escenario había un inmenso trono,   Una música   llegó desde alguna parte: la reconoció como el coro de “Lohengrin” de Wagner; se volvió asegurándose que la grieta brillante siguiera abierta detrás suyo.
La música era una versión extraña, en la que escuchaba instrumentos tradicionales junto a otros electrónicos; algo se encendió junto a ella: las aspas de un enorme ventilador lel de viento aquel lugar.   Ximena caminó hacia el escenario cubierto de luz amarilla. era un tablado, al fondo del cual se extendía una gruesa cortina negra; para construirlo, habían aprovechado los repliegues naturales de las rocas. La luz que llegaba de los spots era cruda y se reflejaba en en las paredes revestidas de dorado. Ximena advirtió que estaba sola, y avanzó lentamente, sin soltar el libro
Subió los cuatro escalones que daban a la tarima. Examinó la silla, con brazos finamente labrados: el tallado reproducía gruesos ángeles dorados que parecían mirarla fijamente. Detrás de ella había una plataforma con manijas de bronce, que ocultaban un compartimiento de madera en el propio piso del escenario. Ximena las tomó, las levantó y lanzó una exclamación: en el cofre había un vestido. Dejó a un costado el libro y tomó la prenda a la que desplegó: terciopelo negro y una   larga cola de tul con pasamanerías que simulaban pavos reales .La textura del terciopelo era suave y su tibieza recordaba  la piel humana. Sintió deseos incontenibles de vestirlo, de lucirlo. Era absurdo, pero sentía que lo habían dejado allí para ella; para coronar su feminidad.
  . Desnuda por completo, Ximena tomó el vestido que pareció contraerse por un momento. Se lo puso y el centro de terciopelo se ajustó a su cuerpo; tuvo la impresión de que la prenda compartía su ansiedad; que adivinaba sus deseos; que se movía por sí mismo con un deseo de calzar  las formas. Apenas terminó de ajustarlo, lanzó un suspiro de alivio. El cuerpo pareció tener la prolongación que siempre había buscado. El enorme ventilador   agitó el tul. La satisfacción, la sensación de plenitud de Ximena crecía momento a momento, como si hubiera tomado un vino fino y bueno. Desde los parlantes, el coro wagneriano subía y bajaba . Caminó con el vestido y por primera vez sintió que sus movimientos tenían sentido en sí mismos y cada paso era un universo cerrado. La pared dorada  devolvió una imagen quebrada, fantástica; sus formas más femeninas que nunca
 La obertura terminó y el coro sirvió de fondo al diálogo lírico. Ximena hubiera permanecido para siempre sintiendo su silueta,   convertida   en esa hembra que siempre había soñado.
De pronto pensó que alguien lo había dejado allí  para otra persona.
 – No – se dijo en voz alta – puede ser de alguien… pueden reclamarlo…
 Le costó quitárselo. No le dolía pero era como estar despellejándose; apenas se quitó la pieza elástica, tibia, sintió un frío agudo.El vestido verde de calle, le pareció tosco y áspero.
 Con la intención de volver ese día o al siguiente guardó la prenda con todo cuidado en la caja de donde lo había sacado. Suspiró y salió  por la puerta brillante

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GOCHO VERSOLARI

Comenta. Comenta. Son importantes tanto las caricias como las bofetadas.

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