NARRATIVA – Pasión, persecución y presunta muerte del lector hembra – Capítulo 3 (2a parte) Paulo: Correa de trasmisión

Pasión, persecución y presunta muerte del lector hembra – Capítulo 3 (2a parte) Paulo: Correa de trasmisión

Gocho Versolari

¡Hermanos!  Yo me pregunto ahora dónde está el  espíritu  de las  plantas,  el espíritu de las rocas, el  espíritu  de  las piedras. Yo me pregunto antes que nada dónde está el  espíritu del tigre que una vez nos salvó de nuestros enemigos  abriendo las  aguas del río para que nuestro pueblo pueda  pasar…  En este  momento,  siento en mi vientre que todos nos  han abandonado.  En el día de hoy ha habido una gran matanza.  Los huincas  han  destruido  el mundo que  conocíamos.  Ellos  han separado  la tierra de los hombres. Ellos han separado el  aire de  nuestras narices. Ellos han quemado la tierra.  Ellos  han destruido aquellos espíritus que hacen que la tierra viva, que sirva  a los hombres. Ellos han reemplazado la tierra  por  el acero.  Ahora nuestro pueblo esta en nosotros. Quizá  en  todo nuestro territorio, nosotros tres seamos  los únicos  sobrevivientes.  Aunque  el cansancio nos  abata,  debemos  continuar escapando;  nuestras vidas son valiosas porque son  las  únicas que respiran y se mueven en este desierto en que se ha convertido el mundo…

Fragmento de “Monasterio” (Novela )

por Odirco Nelaba

En la puerta de calle alguien llamó al timbre. Ximena corrió a atender; su robe se enredó con la saliente de una puerta y se la quitó. La chicharra sonó dos veces más y ella se precipitó sobre la puerta vestida tan sólo con el corpiño y una pequeña tanga. Abrió; frente a ella había un hombre alto, calvo, con un orzuelo en su párpado izquierdo que le obligaba a cerrar el ojo.
– Señor Santiago.
 – ¡Paulo…! Esperaba a otra persona.
Ximena se llevó las manos al pecho.
– Paulo, ahora no puedo atenderlo.
 – Señor Santiago, tengo que hablar con usted. Su tío me manda y es muy urgente…
 Ximena intentó cerrar la puerta, pero el llamado Paulo la trabó con su pie.
 – Entonces espere que me voy a vestir.
 – Espero dentro…
 Ximena permitió que pasara y corrió al pasillo donde se había enredado su robe. La tomó y se la puso.
– Tome asiento, Paulo.
 Ximena trató de controlarse. En los últimos años, después de la muerte de Tito, había mantenido una conducta de rebeldía ante su tío. Ahora, luego de la explosión, se sentía turbada, atemorizada. Paulo la miraba fijamente. Era un hombre de más de cuarenta años, que sostenía su mirada aunque sin mucha convicción. Un perfecto sirviente, pensó Ximena.
– Señor Santiago, su tío es muy claro en sus términos de exigencia, y me manda a que le lea lo que sigue
 Paulo tomó un papel del bolsillo del saco, lo abrió y lo leyó.
 – Santiago: deberás obedecer mis órdenes. Los informes que me llegan de mis hombres de confianza me dicen que estás en peligro, que lo que ocurrió en el balcón de tu casa puede repetirse…
Al escuchar esto último Ximena lanzó una exclamación y miró a paulo con espanto.
Como ya te lo he dicho otras veces  Mis sentimientos se debaten entre el odio que siento a los maricas y mi deber hacia ti como sobrino, por lo que te pido que antes de seguir recibiendo mis instrucciones te vistas con ropa de hombre… En este momento me detengo, señor Santiago. Creo que esa robe y esas pantys que usa debajo de ellas no son muy masculinas, así que la espero hasta que se ponga ropa de hombre…
 – ¡Esta es una exigencia injusta…!
 Ximena se interrumpió mordiéndose los labios.. En una de sus últimas entrevistas con Paulo, ante una condición parecida había dado por terminada la charla, pero ahora no se atrevía. A pesar de su rechazo, sintió que no debía despreciar la oferta de protección de parte de su tío.
 – ¿Qué ropa quiere que me ponga?
 – Prendas masculinas. – El rostro de Paulo era una máscara de músculos endurecidos – Un pantalón y una camisa… y que no use tacos altos. Con eso bastará.
 Ximena se mordió los labios. Era muy celosa con aquellas concesiones; por un momento se debatió pensando que estaría cediendo a sus principios; entonces advirtió   la intensidad de su pánico: no le importaba obedecer con tal de recibir protección, aunque no supiera exactamente de qué.
 Fue hasta el dormitorio, eligió un pantalón pinzado y una camisa con volados en sus mangas. Se calzó unas zapatillas rosas y volvió al comedor.
 – Supongo que a esto lo considerará ropa de hombre…
 Se detuvo, ya Paulo había sacado una cámara fotográfica y apuntando hacia ella disparó. Ximena fue enceguecida por el flash.
 – ¿Qué hace…?
 – Lo fotografío. Esta es la indicación de su tío; él juzgará si las ropas que viste son adecuadas y masculinas. Ahora sigo con el mensaje escrito
…Creo que lo peor y lo mejor del ser humano entra por los libros. Tengo la convicción de que tus tendencias malsanas se han introducido en tu sangre a través de lecturas incorrectas en la adolescencia, cuando tu sexualidad no estaba formada. Sin embargo, Santiago, ¡Animo! Eso se puede revertir. Debes cuidar lo que lees tanto como el alimento que llevas a la boca. Debes tomar la literatura como una medicina y no acudir a obras mediocres. Y si reviertes tu instinto enfermo también podrás evitar atentados como el que te acaba de ocurrir…
  Paulo se incorporó.
– ¿No dice nada más el mensaje?
– Si. Dice: tu tío que te quiere. Besos a mi sobrino preferido y al más repudiado
Ximena lo miró con sus ojos  muy abiertos.
– ¿No dice nada mas de los atentados? ¿Cuando va a ser el siguiente?
 Paulo se incorporó apartó la mirada y se encogió de hombros.
 – ¡Quiere decir que para esto me hizo vestir de hombre y faltar a mis principios! ¡Yo pensaba que iba a recibir otro tipo de protección…!
Ya Paulo le había dado la espalda y caminaba hacia la puerta.   Ximena tomó una pequeña réplica de la Venus de Milo y la arrojó contra el hombre. La estatua pasó a pocos centímetros de su oreja y se estrelló contra la pared. Paulo se detuvo y habló sin volverse.
– Atacarme a mí es atacar al mensajero que le trae una mala noticia. Yo sólo soy la correa de trasmisión. Si me mata, su tío no tardará en encontrar otra  . Las correas somos reemplazables. A su tío no lo reemplaza nadie…
Paulo se fue cerrando la puerta. Ximena rompió a llorar mientras se arrancaba a los manotazos la ropa que se acababa de poner Finalmente se tranquilizó, fue hasta el baño y con manos temblorosas, tomó varias toallas de papel tisú y se secó los ojos, debajo y alrededor de los párpados. Suspiró con fuerza y volvió al living. Miró al teléfono; lo tomó y volvió a discar el número de Eduardo: como había ocurrido en todo ese tiempo, la campanilla sonó durante un largo rato.
 Suspiró con fuerza, tomó un vestido verde y se lo puso delante del espejo. Terminó de maquillarse, borrando las huellas del llanto, calzó unos zapatos de tacón alto especialmente fabricados para ella y salió en dirección a la vieja cantera, llevando consigo “Monasterio” de Odirco Nelaba.

Toni Demuro - Tutt'Art@ (2).png

GOCHO VERSOLARI

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