NARRATIVA – Pasión, persecución y presunta muerte del lector hembra – Capítulo 3 (1a parte) “Muerte al lector hembra”

Pasión, persecución y presunta muerte del lector hembra – Capítulo 3 (1a parte) “Muerte al lector hembra”

Gocho Versolari

 

3

La cantera del Sauce.

Ximena corría frenética  entre los grandes socavones de cal que la rodeaban como gigantes blancos, pero una parte de sí misma se detenía hasta quedar totalmente inmóvil, como en una esquizofrenia corporal , escindida en dos cuerpos, dos conciencias, dos Ximenas.
Y era así que, jadeando, extenuada, rasgando su carne entre las rocas, se sintiera a la vez frente a un piano escuchando a lo lejos el murmullo del mar, dejando que sus manos, llenas de dulce exaltación, diseñaran la melopea del día, encarnado en las teclas netas, limpias, sin mácula
 Corría sin esperanzas, con el afán de conservar su vida. Comprendía  que la vida del mosquito o del emperador tenían el mismo peso en cuanto vidas; que ambas debían ser el objeto de culto de todos los pueblos del mundo.
…las manos de Ximena corren llenas del temblor sagrado de los ángeles, procurando a los muelles lejanos una música íntima, serena, que se detiene en las paredes opacas de la iglesia, en los sermones del Padre Ruperto, en los rostros rientes de los niños. Los niños. Cuánto quisiera volver a ser niña…mientras su corazón en el panel late rápidamente, en medio delos corifeos semióticos, psicológicos, médicos, y técnicos
 Ximena se detiene por vez primera, dispuesta a que le den alcance. Aquellos hombres habían sido llevados al odio más abisal y ahora sus pasos eran hordas enteras de leones
Los niños no lloran, Ximena, porque ellos reciben el amor que te negaron  

“Muerte al lector hembra”

 Durante tres días la policía entró y salió del departamento. Llegaban uniformados, vestidos con batas o simplemente de civil. Tomaban medidas, sacaban fotografías o hacían dibujos. Al segundo día, después de varios tranquilizantes que le alcanzó su vecina, Ximena estuvo en condiciones de declarar.
 Señor Santiago: ¿estuvo alguien en su casa antes del atentado?
El oficial, moreno, de aspecto viril, buen mozo, hablaba a la foto del documento de Ximena que sostenía en su mano. Ante la pregunta, Ximena pensó en Eduardo, pero   negó con la cabeza.
 – Oficial, ¿puede venir? – preguntó el sargento que investigaba en el balcón.
– Si, ¿qué pasa?
 – Por acá entró alguien…
Mostró las forzadas  rejas de una ventana que daba al pozo del edificio, exactamente al final de una escalera que llegaba desde el patio interno. Señor Santiago,  Usted verá que alguien con mucha fuerza o con herramientas especiales ha forzado el hierro… debería poner rejas más gruesas o tomar otras medidas de seguridad. Ximena asintió a todo lo que le decían. Su vecina Ignacia le hacía compañía.
 – ¿No te mostraron el cartel? – preguntó de pronto Ignacia
 – No… ¿Qué cartel?
 – Del lado de mi balcón, el día de la bomba, había un cartel grande, amarillo con letras negras. No alcancé a leer lo que decía.
 La policía estaba por retirarse; Ximena se acercó al Oficial y lo interrogó. Si, señor Santiago, había un cartel – asintió sin dejar de mirar la fotografía del documento – El original no se lo puedo alcanzar ya que forma parte de las pruebas del sumario, pero sí a esta altura le puedo hacer conocer su texto… Escribió algo en un papel; en letra de imprenta, Ximena leyó: MUERTE AL LECTOR HEMBRA- Ejército de Liberación Literaria MACHO`S- Comando “Vargas Llosa”
 – ¿Qué quiere decir?
 – No lo sabemos. Lo estamos estudiando. Puede tener vinculación con las últimas manifestaciones hechas en el centro de la ciudad.
 – ¿Las que reclaman la edición de las obras de Annie Dickins, Robin Coock y Odirco Nelaba?
 – Esas mismas… sé que no debo hacer ningún comentario porque estoy de servicio, pero, aunque en mi carácter de policía no esté de acuerdo con manifestaciones populares, tiene más sentido hacer reclamos por trabajo, sueldos y esas cosas y no por tener esas novelitas…
 – Señor oficial – Se cruzó de brazos y miró fijamente al policía – Usted debe saber que las necesidades básicas del ser humano no se limitan al vestido, la comida, la educación y la salud. En una sociedad donde no exista la imaginación, el hombre está muerto aunque el promedio de vida llegue a los cien años…
 Ximena se interrumpió. El Oficial no la escuchaba; había salido al balcón y estaba concentrado, terminando el croquis para el sumario.
 A la tarde la policía se retiró; y Ximena   llamó al número que le diera Eduardo, pero no contestó nadie.
 Ignacia había limpiado los restos del cachorro   En tanto, Ximena volvió a discar el número que le diera Eduardo, pero seguía sin contestar.
 – ¿Te puedo dejar sola, Ximenita? Cualquier cosa me llamás. Ora voy a hacer un guisito y más tarde si querés, comemos.
Cuando Ximena quedó sola intentó concentrarse en la obra de Odirco Nelaba, pero no pudo. Se levantó y subió la escalera que la separaba del desván de la casa. Allí   el techo estaba cubierto por un pequeño planetario circular con luces detrás de esferas iluminadas que giraban en diferentes sentidos. En el centro del cuarto había una mesa muy grande con una maqueta. Un  gran cartel anunciaba MONASTERIO. Sobre un piso verde asomaban cuatro cabezas gigantescas con cortes transversales, y en ellas se veían muñequitos, caminos, calles, veredas, vías por las que debían transitar los habitantes en miniatura de ese lugar. Aquella maqueta la había construido siguiendo el diseño descripto en la novela para el mundo imaginado por el escritor: un universo constituido por tres cabezas que flotaban en medio de una sustancia desconocida a la que Odirco Nelaba llamaba “Peúdia”.

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GOCHO VERSOLARI

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