NARRATIVA – Pasión, persecución y presunta muerte del lector hembra – 2 (2a parte) La explosión.

Pasión, persecución y presunta muerte del lector hembra – 2 (2a parte) La explosión.

Gocho Versolari

Ximena, transexual y transgénero, ha encontrado novio. Esa tarde se presenta con un regalo y la invita a pasear a la Cantera del Sauce, un lugar solitario. La pareja se encuentra en una sociedad que se ha dividido a sí misma en “lectores machos” y “lectores hembras”. Hay un intento porque Ximena se convierta en un lector macho,  e interactúe activamente con los mundos literarios. 

 Tomaron por la angosta avenida flanqueada de árboles. Caminaban de la mano, Ximena pensó que vistos de lejos, parecerían una pareja de novios.
 – Soy partidario del Capitalismo Neoliberal y la aldea global – dijo de pronto Eduardo con un suspiro. – Fíjate que coincide con el pensamiento más profundo que ha elaborado la humanidad. Cada uno debe sobrevivir, desarrollar sus capacidades al máximo. El liberalismo es el que propone la lectura difícil, aquella que te hace transpirar. Las manifestaciones de estudiantes y obreros por el contrario, abogan por una lectura fácil. Ahora esta situación es la que levantan más que las reivindicaciones por salarios o por mejores condicione s de estudio¿Qué piensas, Ximena?
 – ……….
– Vamos, Ximena, dime tu opinión. Sé que en ti late un corazón preocupado por los problemas de la sociedad, de la gente… yo creo que el liberalismo permite activar la bisagra de avance de cada uno de los que integran esta sociedad. Permite que todos arriben a puerto después de haber desplegado la totalidad de sus recursos. En otras palabras: una sociedad como ésta debe desarrollar el aspecto masculino de todos. Vamos, Ximena, dime tu opinión.
 – Eduardo: el día está hermoso, estamos juntos, somos felices; ¿por qué debo opinar sobre esos temas?
 – Me gustaría que dialogáramos como cualquier pareja, que toquemos todos los temas.
 – Yo creo que esta sociedad está contra la vida.
 – A ver, explícate.
 – Es natural: si la vida humana fuera lo más sagrado, no habría nadie que pasara hambre o que sintiera el futuro cargado de inseguridades. En un caso así, todos debieran correr a tranquilizarlo a darle recursos, a decirle: haz lo que tengas que hacer, lo que Dios o quien sea te mande; no te preocupes por otra cosa que acá estamos tus hermanos, los hombres para colaborar contigo
 – Eso, Ximena, sería alentar la pereza y la desidia…
 – …además – interrumpió Ximena – no entiendo eso del costado masculino del que me hablas. La mujer, la hembra, es lo básico. Después viene el sexo del hombre . En principio todos somos hembras. Al menos todos tenemos los dos sexos incorporados y hacemos uso de uno o de otro.
 – Es por eso, Ximena que te regalé estos libros. Ellos te van a exigir un esfuerzo que nadie podrá hacer por ti; un esfuerzo que desarrollará   lo que yo llamo el costado masculino. No perderás feminidad, sólo que la misma será un estado de pasividad que deberá ubicarse en el lugar que corresponda…
Al decir esto último, Eduardo se detuvo y miró fijamente a Ximena. Acarició sus cabellos y la besó en sus labios con suavidad. El hombre despertaba volcanes en su interior.
 Habían llegado a una avenida abandonada por la que corrían un par de rieles: a ambos lados  se levantaban paredes de piedra viva; se acercaban a lo que había sido el corazón de la cantera: una laguna abandonada, de aguas oscuras, junto a la cual se levantaba el bosque.
 – Eres muy tierno, Eduardo.
 Ximena se arrimó al hombre y se sentaron sobre un tronco caído, a la sombra de uno de los grandes árboles.
 – ¡Mira, Eduardo, un búho! ¿No es que aparecen   durante la noche?
 El pájaro estaba parado en la rama baja de un árbol y parecía mirar fijamente a la pareja. Eduardo se acercó a él y lo examinó con atención.
 – No me puedo explicar qué hace en pleno día…
 – Creo que tiene algo que decirme
 – ¿Y qué puede decirte un búho a las cuatro de la tarde?
 Eduardo pasó los brazos alrededor de sus hombros.
 – ¿quieres que te vuelva a abrazar?
 – Por favor…
Ximena hizo acostar a Eduardo en el suelo y lo abrazó apretándolo con fuerza.
 – ¿Estás mejor? – preguntó después de un rato
 – Estoy mejor – asintió Eduardo besándola con suavidad – Quizá quieras saber algo más sobre mí.
 Ximena estuvo a punto de contestar que sí con entusiasmo, pero se contuvo.
 – Si quieres contármelo…
– Vivo solo, aunque mantengo una relación que por el momento no puedo cortar.
 – Con una mujer…
 – No, con un hombre. Todo empezó hace exactamente cuatro años, cuando un hombre mayor me… contrató por dinero para que me acueste con él. En ese entonces tenía mi trabajo, y lo hacía por diversión y para tener un dinero extra. Finalmente me negué a ir con él, y no acepté ningún tipo de soborno, hasta que me echaron del trabajo.
 – ¿En qué trabajabas?
 – Era promotor en una compañía de aviación; sin ninguna razón me despidieron y me echaron. Siempre pensé que  Este hombre había tenido algo que ver. Lo cierto es que desde entonces él me mantiene. A cambio, naturalmente ofrezco sexo. Se trata sólo de lo genital, pero cada día siento más y más asco. Cada vez es más la cantidad de alcohol que debo beber para pasar la prueba.
 Ximena lo acarició con ternura.
 – ¡Pobrecito! Lo que debes sufrir…
 Eduardo apoyó su cabeza sobre sus pechos.
 – No puedes imaginarlo.
 – Eduardo…
 – Si
 – No te digo ahora, sería algo para pensar, pero podrías separarte y venir a vivir conmigo… Yo tuve mi pareja que murió de SIDA hace dos años. El me dejó el departamento y una renta que me permite vivir sin privaciones… no sé, digo…
 Eduardo se incorporó y sonrió a Ximena.
 – La situación es mucho más difícil de lo que parece. Lo voy a pensar, Ximena, pero todavía no nos conocemos lo suficiente. Mucho menos sabemos si nos vamos a llevar bien el uno con el otro.
 – Tienes razón, pero en caso de estar juntos yo haría todo lo que me dijeras, no tendría ninguna exigencia. Trabajaría todo el día para ti, para hacerte feliz…
 Eduardo la interrumpió besándolo en la boca.
 – No lo dudo, mi reina. Ahora vamos. No me puedo quedar mucho tiempo.
 Volvieron por el atajo que los llevaba a la avenida. Ximena advirtió que estaba atardeciendo: no tenía idea de haber estado tanto con Eduardo.
 – ¿Debes irte? ¿No subirías a tomar un café?
 – No, linda – En el momento en que Eduardo la volvía a besar en la boca, el portero del edificio contiguo se asomó, lanzó una interjección y volvió a entrar – mañana sin falta te llamo por teléfono.
 Con un suspiro, Ximena subió a su departamento. El paquete con ropa de Eduardo asomaba desde la pueta vidriera que daba al balcón. Se acercó a tomarlo y  escuchó gemidos. Llegaban del extremo derecho, donde crecían las plantas de dalia. Allí, entre las macetas, vio la mancha blanca de un cachorro. Estaba atado con una correa de cuero a una caja oscura.
 – ¿Qué es esto…?
 El perro lloraba tratando de liberarse. Ximena se agachó sobre él: la correa de cuero no tenía hebillas ni punto de unión. El cachorro tenía el cuerpo blanco y la cabeza negra. La miró con ojos suplicantes.
 – ¿Qué te hicieron? ¿Quién te ató así?
Al ver que no podía cortar la correa, entró a buscar una tijera, y en ese momento la explosión rompió los vidrios y la arrojó sobre la mesa. Ximena se incorporó enseguida y se volvió hacia el balcón; caminó mareada, mordiéndose el dorso de la mano. En medio de las macetas destrozadas, contra la pared central del edificio vio la mancha de sangre y piel  . Antes de desmayarse escuchó  desde  el otro balcón, los gritos de Ignacia, su vecina.

Pierre Marcel www,tuttartpitturasculturapoesiamusica,com (91)

GOCHO VERSOLARI

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