NARRATIVA – Pasión, persecución y presunta muerte del lector hembra – 2 (1a parte) – “…si hubieras podido amar como te odian”

Pasión, persecución y presunta muerte del lector hembra – 2 (1a parte) – “…si hubieras podido amar como te odian”

Gocho Versolari

Supo que el momento de respiro, la tregua, era transitoria. Como el dos de espadas en las figuras del Tarot: una mujer sentada en un banco, a orillas de un mar furioso, con los ojos vendados, sosteniendo un par de armas gigantescas cuyo peso amenazaba con empujarla al precipicio. Momento de respiro. Momento de aspirar profundamente, retener el aire, procurar que la limpie profundamente, que la limpie por adentro y volverlo a exhalar
Ximena siente la noche a lo largo de su cuerpo. en la tregua transitoria que emana desde el fuego de sus perseguidores; la noche es un líquido oscuro, como la tinta del calamar; palpitante líquido que atraviesa persistentemente la piedra de la cantera abandonada
En tanto, en la cabina circular de la parte norte, los médicos, Ximena estudian tus latidos, el gráfico de los movimientos de tu corazón: con él compondrán escritura hierática para los lectores machos.
Ultramar asume el pensamiento de ella acosada, perseguida. Ultramar asume, se limita a asumir su deseo de derivar por una Europa nueva, lejos de la presencia de la muerte
Tregua. Todo es una tregua. El universo mismo es una tregua que une la vida con la muerte. Ay Ximena – dice el búho – si hubieras podido amar como te odian…
 En la mañana de abril, Ximena salió al balcón abriéndose paso entre  , malvones, petunias, pensamientos, enredaderas de ruda.
 – Estás contenta, Ximenita. – Ignacia, su vecina boliviana, la saludó desde el otro balcón – Parece que hoy amaneciste bien.
 La mujer era morena; llevaba un batón amplio, y sus cabellos negros estaban sujetos con un rodete
 – Por supuesto, Ignacia, hoy   puedo decir que la vida me sonríe.
 El sol brillaba en medio de pocas nubes, mientras encima del balcón de Ximena volaba un helicóptero blanco con círculos rojos. Entre sus ruedas podía leerse en enormes letras azules ELM.
 -‘¡Mira, Ignacia!, una palomita torcaza se ha posado en el malvón.
 Regar las plantas era para Ximena un ritual delicado y para hacerlo se ponía una capelina de seda rosa, y un vestido de gasa color crema que llegaba hasta sus pies.
 – Sabes, Ignacia, hoy puedo decirte que estoy enamorada…
 Después del riego, Ximena tomó un rociador y espolvoreó sobre las plantas productos fertilizantes y refrescantes.
 – ¿Me puedes contar, Ximenita?
 -: se llama Eduardo y es un amor; no hay otras palabras para describirlo: un verdadero amor.
– ¿Cómo es él?
 – Alto, buen mozo, con un bigote muy fino. Es moreno, con ojos verdes…
 Ximena dejó de regar y se volvió hacia su vecina.
 – Además, Ignacia, te digo un secreto… no sabes cómo son sus caricias.
 Ambas rieron. Ximena terminó con sus plantas, entró, se quitó los guantes y la capelina, y se puso un vestido de fiesta con organza y pedrería. Mientras se limaba las uñas, escuchó un disco compacto de Fausto Papetti y tomó el teléfono, pero lo dejó enseguida. Con su mano izquierda se golpeó suavemente la derecha.
 – ¡No Ximena! ¡no, no y no…! – se dijo a sí misma – no debes ceder a la tentación. Recuerda que eres fuerte, que has hombreado bolsas en el puerto, que has tenido una vida dura, hasta que la rueda del destino ha subido en su andar.
 Ximena fue a su pieza, buscó la novela Monasterio, de Odirco Nelaba, se sentó en el living y empezó  a leer en el living.  Luego de una  hora sonó el teléfono.
 – Hola
 – ¿Ximena?
 – ¡Eduardo…!
 – Conociste mi voz.
 – ¿Quién otro podría llamarme? Estás resfriado, suenas diferente.
 – Puede ser; ¿qué estabas haciendo?
 – Leyendo
 – ¿Qué leías?
 – La novela Monasterio de Odirco Nelaba.
 – ¿Te invito a ir de paseo? Tengo un par de regalos para ti.
 – ¿Regalos?. ¡Si! Esto es enloquecedor… Salir de paseo. ¿Dónde?
 – A la Cantera del Sauce. Es un lugar donde acuden los enamorados.
 – Si, Eduardo, sí, si, sí
 – Bien, en media hora paso por allí.
 Durante unos minutos Ximena contempló el tubo con expresión arrobada, hasta advertir que tenía poco tiempo para cambiarse de ropa. buscó desesperadamente. Se decidió por una blusa ajustada y una pollera acampanada. Miró sus pies: había depilado cuidadosamente los empeines y pintado sus uñas con esmalte nacarado. Calzó un par de sandalias abiertas.
Se maquilló cuidadosamente y estaba terminando de depilarse las cejas, cuando sonó el timbre. Eduardo vestía una chaqueta verde, y alcanzó a Ximena un paquete pequeño y rectangular. En la otra mano traía un bulto más grande.
 – Acá traje ropa para que laves – dijo – era eso lo que me habías pedido… ¿dónde puedo dejarla?
 – En el balcón.
 Eduardo salió con el paquete mientras Ximena desenvolvía el regalo.
 – Esto es para mi reina.
 – Un regalo, un regalo para mí….
Ximena desenvolvió con rapidez el papel brillante, verde, con flores blancas y opacas. Adentro había dos libros.
 – Azul y Rojo de Mario Barces Almeida… Negroide de José María Estévez Velázquez… – leyó Ximena.
 – Son dos joyas literarias, te leeré un trozo de Estévez Velázquez.
 Eduardo buscó con rapidez en el libro.
 – Escucha: …Placenta iba por el amplio comedor: recipientes para urnas, añejas e incógnitas cajas de incienso labrado, solarinas elaboradas por arcaicos obreros en los prados de Mallorca, ajorcas que tenían insertas a lo largo de sus diámetros perlas de alabastro y miradas de caína…
 – ¿Qué son solarinas?
 – Ximena,   en estos autores no es importante el significado literal de lo que mencionan, sino la impresión que producen con sus párrafos; todo el expresionismo lingüístico que deriva de la fonética y la delicia del lenguaje…
 – Dijiste que iríamos a la Cantera del Sauce.
– Claro que sí. Descubrí un atajo a la cantera: no queda lejos de aquí, apenas a unas diez cuadras. Yendo por él estaríamos enseguida en el   en el bosquecito que queda a orillas de la laguna.

Olga Naletova  Tutt'Art@ - (13).jpg

GOCHO VERSOLARI

2 Comments

    1. Así es, Juan Miguel. Hoy procuraré continuar con el capítulo 2. Gracias nuevamente por tu comentario y tu presencia. Un fuerte abrazo.

Comenta. Comenta. Son importantes tanto las caricias como las bofetadas.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.