NARRATIVA – Pasión persecución y presunta muerte del lector hembra – 1 – Eduardo

Pasión persecución y presunta muerte del lector hembra – 1 – Eduardo

Gocho Versolari

Es Cortázar quien utiliza la expresión “lector hembra” como sinónimo de lector pasivo y opuesto al “lector cómplice”. Si bien el escritor argentino presentó luego abundantes disculpas por utilizar el término hembra, en la presente novela se lo saca de este contexto y se lo opone a macho. La protagonista de “Pasión, persecución y presunta muerte del lector hembra”, Ximena, transformista y transgénero, es presionada por su poderosa familia a “convertirse en lector macho”. Este es el esquema que necesitas, lector, para saber lo que ocurre en el primer capítulo. 

 

Aún si escaparas de la cantera, los hombres del ejército te perseguirán y te encontrarán tarde o temprano. Sé que aceptarás las condiciones: el condenado a muerte anhela siempre cinco minutos más de vida…
 Ximena   se quitó los zapatos de tacón alto y corrió desesperada por el pedregullo
La Cantera del Sauce: murallas de piedra, abismos, pequeñas montañas de pedregullo, vías abandonadas. Hierbas agrestes creciendo a los costados. La laguna negra con un rumor profundo en el fondo de sus aguas. En el  norte, en la cabina circular, un panel gigantesco reproducía la silueta del corazón de Ximena , sus fuertes latidos. Un enorme fuelle se agitaba con los soplos de su respiración. Los médicos asesores del ejército controlaban las delicadas máquinas que anunciaban sus signos vitales.
Ximena siente detrás de sí a los perros, el aliento de los perros, la saliva goteante y tibia de los perros.
Ella se detuvo jadeando, sin poder respirar. Apoyó su espalda contra una saliente de roca y aspiró el aire lleno de polvo
Ximena corre espantada sin sentir las piedras; encima suyo el cielo amenazante de septiembre se abre en negros ángeles que pretenden llover sobre su cráneo, que pretenden que su ser estalle y vuelen los pedazos por la vieja cantera. “Ximena – te dices a ti misma – no debes asustarte. Siempre fue persecución, acoso, desmesura, siempre fue así el universo que te tocó vivir: hay quien caza y quien es cazado…”
Entró en la laguna. Sintió el frío del agua encima de sus talones, por sus piernas, hasta sus muslos. El frío de septiembre cargado de virtuales muertes.
Ximena se acurruca entre las matas de la otra orilla, mirando   las luces y los perros. Anochece. Cantan pájaros celebrando la sombra. – “Ay, Ximena, si te hubieran amado como ahora te buscan” – dice el búho desde un árbol deforme
Ximena dejó el libro sobre la mesa, se incorporó y se asomó al balcón convertido en parque; pensamientos, lilas, alhelíes en materos  que apenas dejaban espacio para el sillón de mimbre. El resto estaba cubierto de macetas con plantas y flores:. Era septiembre y algunos retoño despedían un perfume que llegaba al interior del departamento.
Miró hacia abajo: desde el balcón podía ver la calle solitaria. En su reloj de pulsera con marco dorado: aún faltaban cinco minutos para la hora fijada Entró y tomó un trago de ginebra. Recordó la charla telefónica de esa mañana con Eduardo.
Ayer me conociste y te diste cuenta de que yo…
Ximena no terminó el párrafo. La interrumpió la voz masculina, segura de sí.
Sí, me di cuenta, tontita. Sé que fuiste un hombre, pero yo te quiero así, como eres. ¿Te resulta tan difícil entender eso?
Se miró al espejo que cubría una de las columnas de la pared. Estaba orgullosa de sus pechos, trabajados a fuerza de hormonas y siliconas. Su cabello también era hermoso: fino y rizado, como el de su madre. En cambio, sus hombros corpulentos hablaban de su pasado de estibador en el puerto, donde había formado esos bíceps cargando y descargando bolsas. Manos  y  pies también eran muy grandes; delataban enseguida su condición de hombre, aunque se había esforzado por aprender a caminar con cadencia, poniendo un pie frente al otro y balanceando suave y naturalmente sus caderas.
Sonó el teléfono.
┴ Hola..
Del otro lado se demoraron en responder. Cuando lo hicieron, ella reconoció la voz pausada, profunda.
– Señor Santiago.
Ximena tuvo un escalofrío. Hacía mucho que no escuchaba ese nombre.
– Paulo: entre usted y yo siempre hubo una relación cordial, y para que siga siendo afable,    no debe llamarme así.
– Señor Santiago: estoy frente su tío Samuel. Como su correa de transmisión, hombre de confianza y secretario privado, él me ordena que lo trate de ese modo y le pida se haga presente en su residencia.
– Dígale a mi tío que no pienso ir. Que no necesito su dinero. Con lo que heredé de mi Tito, muerto hace un año, tengo suficiente  para vivir sin privaciones el resto de mi vida.
– Señor Santiago, le repetiré las palabras de su tío: el tal Tito era un pervertido,enfermo  y degenerado. Usted debe olvidar sus actuales costumbres y convertirse en un hombre….
Ximena colgó con rabia. Fue hasta el mueble y se sirvió una bebida fuerte.
El timbre la sobresaltó y corrió a abrir.
– Eras tú, Eduardo… -. El hombre era joven: no más de 25 años, moreno, de ojos verdes, con un bigote en su labio superior. Sonreía   con un ramo de rosas en la mano.
– ¿Son para mí, Eduardo?   es la primera vez que me regalan rosas. Pasa no te quedes ahí.
Eduardo entró y besó en la mejilla a Ximena, quien sintió los  labios calientes y húmedos.
   ¿Quieres una copa de licor?
– Preferiría algo fresco; hace bastante calor.
Eduardo se quitó el buzo que llevaba: tenía el torso triangular y debajo de su camisa se apreciaba el vello moreno de su pecho. Ximena quiso besarlo y acariciarlo, pero se contuvo.
– Mejor te preparo un trago largo con mucho hielo…
Volcó  ginebra y cola en un vaso alto, Desde la cocina  escuchó que el hombre hojeaba un libro. Volvió al comedor con los vasos
– Veo que te gusta leer…
– Es una novela de Odirco Nelaba. Soy fanática de sus libros.Esta es Monasterio Se trata de la historia de amor entre un hombre y una copera; el hombre a la vez tiene novia. Parece literatura sencilla, pero tiene un significado profundo.
Eduardo leyó en voz alta.
Julio César Castro se sentó en un banco del patio de comidas del Shopping. En su bolsillo tenía unas pocas monedas que debían alcanzarle hasta el fin de semana en que podría vender algunas velas a turistas o residentes. Frente a él pasaban adolescentes llevando bandejas con exquisiteces, y los ruidos de su estómago aumentaban por momentos… Por la charla de ayer, deduzco que tienes   conocimientos de literatura y filosofía.   pienso que ésta es una literatura demasiado directa para tu capacidad. Deberías leer algo que requiriera más esfuerzo.
– ¿Por ejemplo?
Eduardo hizo un gesto con sus hombros.
– Hay una gran variedad en la literatura latinoamericana. Vargas Llosa, Estévez Velázquez…
– Es que Odirco Nelaba es un escritor nuevo, poco conocido y su literatura parece hablarme directamente… – Ximena se interrumpió tomando el libro y abriéndolo en cierta página – Por ejemplo, esto: Al tiempo lo considero una perversión a la que hay que vivir íntimamente. La perversión es dañina, decadente cuando se la ejerce sin pasión, como ciertas formas de sadomasoquismo barato, bien peinado y pulcro que no admite el menor asomo de violencia. Si yo vivo el tiempo con pasión, el mismo no será el paso de las horas, sino la intensa duración.
– No vamos a discutir ahora sobre literatura, querida Ximena – Eduardo levantó su vaso – Vamos a brindar por nuestro encuentro de hoy.
Ambos bebieron.
– Voy a poner las rosas en el florero – Ximena se levantó, fue hasta la cocina, tomó un jarrón, lo llenó con agua y hundió en ella las flores. Estaba terminando cuando sintió las manos de Eduardo abrazándola desde atrás. Su boca se apoyó en su cuello y la besó. Ximena  se volvió y tuvo que inclinarse para besar a Eduardo ya que era un poco más bajo que ella. Para compensarlo, se quitó los zapatos de taco alto. El hombre acarició sus pechos.
– ¿Te puedo pedir un favor?
– Lo que quieras.
– Siempre soñé que un hombre me llevara en brazos al dormitorio.
 A pesar de su delgadez, Eduardo la tomó entre sus brazos nervudos y fuertes y la condujo por el pasillo hasta la pieza. El hombre la apoyó sobre la cama y le desabrochó la blusa. Después ambos tuvieron orgasmos rápidos, simultáneos, casi brutales.
 – ¿Te gustó?
Eduardo se volvió y acarició los cabellos de Ximena.
– ¿Qué si me gustó? Nunca tuve una experiencia como ésta… Tendría que preguntarte a ti si te gustó.
– Disfruté mucho, pero ahora   descansemos abrazados.
Con un suspiro, Ximena apoyó su cabeza en el pecho de Eduardo  . De pronto sintió la necesidad de ofrecerle algo más. Se sentó en la cama y lo miró fijamente.
– ¿Necesitas que te planche las camisas? ¿que te lave la ropa? ¿Tienes hambre? Te puedo preparar una comida rápida..?.
– Quédate tranquila- La mano de Eduardo bajó por los pechos desnudos de Ximena – No tienes que demostrarme nada … Me diste mucho con lo de recién. Lo que te pido es que me abraces.
– ¿Qué te abrace?
– Si, que me abraces fuerte…
Ximena se apoyó encima del cuerpo de Eduardo, y con sus brazos de estibador lo tomó del tórax y de las nalgas.
– Así… Así.. Abrázame un poco más fuerte; no tengas miedo de lastimarme.  ; abrázame, no me sueltes…
–   hago lo que me pidas, mi amor, mi cielo…
Ximena se acomodó de modo que la cabeza de Eduardo se apoyara sobre sus pechos.
– Es que tengo muchas preocupaciones, me siento muy inseguro…
– Mientras estés con Ximena vas a estar protegido, mi amor, mi hombre, mi niño…
Estuvieron   abrazados hasta cerca del atardecer. Eduardo se levantó de pronto.
– Debo irme, Ximena- dijo besándola con ternura.
-¿No te puedes quedar esta noche…? – Estuvo a punto de preguntarle si era casado, pero temió arruinar todo.
– No me puedo quedar. Aquí te dejo mi número de teléfono para que me llames si necesitas algo. En nuestro próximo encuentro organizaremos una salida o algo así.
– Está bien, entonces te pido que te vistas despacio para que pueda verte mientras lo haces.
Eduardo se incorporó: su cuerpo era atlético y bien formado. Obedeció mirando sonriente a Ximena mientras se ponía la ropa.  Antes que  saliera por la puerta, lo tomó del brazo.
– No te olvidarás de mí…
– Mañana te llamo sin falta.

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GOCHO VERSOLARI

 

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Comenta. Comenta. Son importantes tanto las caricias como las bofetadas.

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