ARTÍCULOS Y ENSAYOS – Manual de supervivencia del poeta – 2 – El poeta salvaje

Manual de supervivencia del poeta – 2 – El poeta salvaje

Gocho Versolari, Poeta

 

Dentro de todos nosotros hay una dimensión caótica, efervescente, que por su naturaleza tiende a manifestarse, a expresarse, a saltar, a imponerse aún por encima de las nociones adquiridas. No siempre se presenta, y lo más frecuente es que nuestra educación y los moldes regulatorios impuestos desde la infancia, hagan que esa dimensión se cierre y permanezca en vida latente durante muchos años y a veces hasta la muerte.
El resultado es una vida enajenada. Pautas seguras, socialmente aceptables, que no son las del incipiente poeta invaden la existencia Deseamos ser aceptados y nos convertimos en esclavos de los afectos y los aplausos. Dialéctica de las redes sociales: exponer nuestra interioridad, nuestros gustos, nuestros deseos más básicos;  obtener una  aceptación transitoria mientras el  Big Data nos desarticula,  y nos hunde en el anonimato de las cifras  para que  políticos  y empresas manipulen el deseo volátil de esa  mayoría que supuestamente es la que debe decidir en las cuestiones de poder.
En tanto esa voz poderosa, que procura hacerse oír y resonar con libertad; esa voz  con sus propias leyes y  sus propios ecos; esa voz que al principio resuena con fuerza, va enmudeciendo y amordazándose para beneplácito del statu quo. De no ser así, de no optar por el silencio, esa aceptación por la que tan duramente trabajamos podría derrumbarse.  Familia, amigos, sociedad, nos declararían abyectos. El significado del término es lanzarnos al otro lado de la muralla virtual  levantada para proteger el medio social. Allí, en ese afuera temido,  sólo pueden esperarnos el frío,  la soledad; el aislamiento.
En la pubertad o en el inicio de la adolescencia, la voz salvaje se manifiesta con toda naturalidad. Es la exigencia del cuerpo y de la mente. El primer poema, la primera obra de arte son una novedad en la familia. Entonces se rodea al niño de corifeos dispuestos a explicar lo  que debe ser el arte. Una familia respetable, nunca formará un poeta salvaje,  ni nada que tenga ese adjetivo. Recurrirán a aquellos que han logrado domesticar la poesía, la pintura o la música. Invocarán a los que escriben componen o dibujan de acuerdo con pautas establecidas. Garantizarán que de hacer arte siguiendo ciertas reglas, el novel artista tendrá éxito. Esto significa que aquella poesía o ese arte incómodo que se relaciona con la voz que se intenta acallar, es despreciado, criticado, censurado. Aquello que responde a la medianía, las expresiones que “suenan bien”, que son de buen gusto, serán las aceptadas.
En tanto, el duende, el “Daimon” socrático situado en alguna parte del cuerpo del poeta, pugna por asomar, por hacerse oír. Es un enigma saber si lo logrará. En caso afirmativo, deberá enfrentarse a una resistencia más o menos intensa: se proscribe, se critica lo nuevo, lo que no se entiende, aquello que surge de paradigmas diferentes a lo que estamos acostumbrados. Habrá quienes se impresionen frente a la fueza de las palabras, pero la mayoría en una primera aproximación con esa obra ebria de belleza, la considerarán de  pesimo gusto. Carece de los oropeles a los que se acostumbra. Los temas no son los permitidos por la comunidad de artistas. El poeta se ha negado a seguir los dictados de la domesticación. Liberando la poesía ha  roto estrepitoramente una serie de reglas implícitas.
En el contexto del  manual para sobrevivir, el primer consejo al poeta es la clandestinidad. Escribir es un instinto y se impone seguir  las voces interiores. Aunque tengamos la convicción que la poesía y el arte son la razón de nuestras vidas, debemos contener el afán de que nos lean. Para eso hay que desarrollar el lector interior; este, además de ser el mejor crítico establece el primer circuito cerrado con el vate. Lo convierte en un cosmos autosuficiente. La torre de marfil para el poeta es lo que la caparazón para la tortuga; protege la vida.  La obra se escribe y se lee en el mismo universo sin fisuras: esto garantiza la obtención de una fortaleza que le permitirá asomar y buscar al lector externo cuando el tiempo esté maduro; cuando ya nada pueda dañar al artista; cuando la voz haya crecido hasta el punto de ser imparable.
Próxima entrega: Trabajar, creer y amar sin dejar de ser poeta. 

Jim Tsinganos - Surrealist illustrator - Tutt'Art@ (5)

GOCHO VERSOLARI

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