Narrativa: Alemín – Capítulo 7 – El despertar de los insectos – Quinta parte – El discurso de la Gran Avispa o Al – Hallaj era una mujer.

Alemín – Capítulo 7 – El despertar de los insectos – Quinta parte – El discurso de la Gran Avispa o Al – Hallaj era una mujer.

Gocho Versolari, Poeta

 

Al Hallaj o Al Hallay fue un místico sufi conocido en el apodo de “El cardador de conciencias”. Vivió en el siglo IX de nuestra era y fue ajusticiado por expresiones que permitían suponer que se consideraba a sí mismo Dios. En el presente capítulo, se plantea en el marco de la ficción, que Al Hallaj era en realidad una mujer con una espiritualidad  fundamentalmente femenina. 

Los insectos habían tomado el recinto central de la Gran Avispa y pugnaban por ser elegidos para cumplir su misión en la muerte. Un afán entre sexual y suicida corría por las colonias; eran muchos los que se inmolaban espontáneamente y otros los que desarmaban sus cadáveres para quedarse con sus partes a las que coleccionaban como reliquias.
 Layla se fundió con la Gran Avispa y los dejó hacer; enjambres de langostas enloquecidas, tomaron sus vísceras y las devoraron, pero Layla, en un complejo proceso regenerativo que había aprendido en el Infierno, volvió a armarlas de inmediato.
 Esperó que aquella locura se aquietara. Las luciérnagas y las abejas fueron las primeras en tranquilizarse y tratar de calmar a sus congéneres, Los reclutaron por todo el cuerpo de Layla y los llevaron al palacio entre el vientre y el tórax, donde latía la luz central y embriagante. Finalmente todas las colonias volvieron allí: jadeantes, heridas, sin alas o sin miembros. El cuerpo de la Gran Avispa estaba regado de cadáveres de insectos inmolados.
Cuando Layla observó que estaban tranquilos y esperaban sus órdenes, volvío a desdoblarse y a hablar a las colonias.
 – Hijos, hermanos, amantes: es todo lo que vosotros sois. Quiero deciros que mi plan es sencillo: podrán ingresar a la muerte por las nieblas calientes que se encuentran en mi abdomen. Todos conocéis  esa cavidad que se abre a mi interior:  despide un vapor constante y comunica con los límites de la muerte, donde las nubes se hacen pesadas, plomizas. Una vez que lleguéis al lugar donde está Alemín, mi hijo amado, debéis esperar el llamado Despertar de los Insectos: la lucidez embriagadora que se produce en los inicios de la primavera en el planeta Tierra. Entre nosotros, a pesar de estar en los límites del universo, sigue funcionando porque está grabada en cada trozo de nuestros cuerpos El Despertar abre nuestros ojos, nuestras lenguas a otros universos. Con la fuerza que recibiréis debéis hacer dos cosas: dar a comer al niño Alemín su propia Baraqah y ayudarlo a vencer al guardián de la muerte…
 – ¿Quién es el guardián de la muerte?
 – Llamo el “guardián de la muerte” a una mujer que porta consigo el Infierno.

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 Después de estas palabras, los insectos se organizaron: decidieron que para la delicada misión, las más adecuadas eran las abejas y las luciérnagas; la multitud de colonias de estos insectos, porporcionaron sus mejores ejemplares que desfilaron delante de la avispa. Ella podía ver sus interiores, sus deseos más ocultos; ella los protegía y de algún modo los había engendrado como para saber quiénes eran los  más capaces.
 Eligió diez de cada especie: era de suponer que antes y después del llamado Despertar de los Insectos,  rápidamente multiplicarían su número: era lo aconsejable para aumentar la fuerza que llevarían a Alemín. De estos veinte ejemplares, una luciérnaga y una abeja fueron a su vez seleccionadas para portar la Baraqah del niño.
 – Eso no es todo – dijo la avispa cuando ya estaban dispuestas – Ustedes entrarán en la muerte con la Baraqah de un humano para hacerlo retornar. No les basta con ir, sino que deberán llevar consigo algo especial…
 De una de las paredes de su propio intestino sacó una pequeña caja.
 – Esto es importante para entrar y salir de la muerte: saben que estuve en la nave bajo el tenebroso reinado de Faqaha, el Doctor de la Ley. Además de las crucifixiones electrónicas y otros métodos de tortura, el sultán tiene como forma de ejecución cruel y terrible algo que todos temen: ser colgado de la nave hacia el vacío: la muerte es  rápida, pero a los tripulantes los afecta mucho la idea de que sus cadáveres pendan del espacio, que los aerolitos los perforen,  que  las carnes se congelen y agrieten, que las expresiones se deformen. Además, como todo el que muere ahorcado, eyaculan en el momento en que sus cervicales se rompen con el peso del cuerpo. En esta caja  tengo  una partícula de ese semen congelado. Tiene un poder especial por afinidad con la muerte, ya que llegar al mundo y abandonarlo son  faces de un mismo proceso. Esta gota de semen mantendrá alejados de ustedes a los demonios de la muerte.
 Dicho esto, y a una orden de la propia Layla, las colonias marcharon a sus refugios desde donde observaron con atención;La avispa arrojó sobre los insectos seleccionados gotas de su saliva y los condujo  por el asteroide hasta el centro de su propio vientre: allí debieron caminar sobre un plano inclinado que terminaba en una oquedad llena de una espesa niebla brillante. En ese momento los insectos quedaron solos y escucharon la imponente voz de la Gran Avispa.
 – Sabed, insectos que yo, como vuestra Madre y Señora, tengo en mí la vida y la muerte. Ésta es la entrada al país desconocido y lejano. Es necesario que dejen todo de lado; que cuando os internéis en este pasaje, la vida con todos sus goces no sea más que un recuerdo.
 La Gran Avispa  calló. Las abejas y las luciérnagas se ordenaron en filas; por una cuestión de defensa, aquellas que llevaban la Baraqah de Alemín y la caja con la partícula del semen del ahorcado, quedaron atrás. Una vez ordenadas emprendieron vuelo y desaparecieron en pocos segundos hundiéndose en la niebla brillante.
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 Alemín ya no recordaba: su pasado se había vaciado casi por completo; en el fondo de su vientre se movían  algunos pensamientos e instintos, como alimañas ciegas y olvidadas.
Sólo de tanto en tanto llegaba a sus oídos la voz de al-Hallaj: no tenía conciencia de estar entre sus brazos, pero su voz parecía guiarlo, llamarlo, traerlo a veces. Era cuando sentía el calor de su seno derecho contra el que recostaba la cabeza y cuando su cuerpo aterido recibía las gotas lentas de la lluvia que no terminaba de caer. Entonces entreabría los ojos y veía los labios atentos de al-Hallaj, su mirada casi implorante, clavada sobre él; a veces tenía fuerzas para mirar a su alrededor, y los objetos del patio aparecían como amasijos oscuros, marrones o negros, una mezcla informe de plomo, piedra y madera.
 Cada vez eran más escasos estos momentos de lucidez y más prolongado el período de sopor. En alguno de aquellos momentos, sobrevino el sueño: extenuado, jadeando, con la boca seca a pesar del frío y la humedad que lo rodeaba, se vio a sí mismo caminando con sus pies descalzos por un sendero oscuro hacia un crepúsculo rojo. Podía pensar con claridad y una parte de sí mismo le susurró que aquella visión llegaba desde lo profundo de la muerte que estaba incubando. No la muerte que había sufrido alguna vez  a manos de un visir, sino la aniquilación completa, total.
 Algo en él se negaba; quería escapar como un pez fuera del agua que diera coletazos tratando de nadar, pero sabía que era inútil y estaba obligado a trepar esa especie de colina a pesar del dolor desgarrante de sus pantorrillas.
 Bajo sus plantas la tierra era húmeda y pastosa; en el cielo, el crepúsculo le resultaba oprimente. Llegó cerca de la cima y sintió que debía detenerse: el aire se llenaba  de fogonazos. Entonces, una de las piedras del  camino empezó a crecer  y se convirtió en una brasa gigante; el pasado de Alemín se había borrado, pero aquello le recordaba algo. La piedra siguió subiendo hasta suspenderse en el punto más alto de la colina. En ella, el fuego formaba cuatro ángulos y en sus esquinas disminuía. En el rombo central se formó  una mujer desnuda con los brazos y las piernas abiertas y sus pechos uno más grande que el otro.

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 En tiempos muy remotos había visto aquella imagen, sólo que en los fragmentos del recuerdo aparecía como una mujer suplicante; no tenía aquel brillo furioso en los ojos, ni sus cabellos se movían por sí mismos como largos gusanos o serpientes.
 – ¡Te dije que iba a llegar en el momento de tu aniquilación!. Sólo te espera el olvido, el silencio, la nada….
Alemín no es más
que un saco de muerte viviente, salido de vivientes muertos
Aquel cuyo ancestro
desciende de huesos podridos.
Para el niño la primavera se convierte en invierno
la piel suave de la amada
hierve de gusanos
y su boca se deshace en la podredumbre de la aurora…
 La mujer sacó su lengua, y la estiró; Alemín supo que cuando ese apéndice repugnante llegara hasta él, moriría irremediablemente. Con sus últimas fuerzas escapó por el sendero. Cayó, se levantó escuchando  el siseo de la lengua junto a su cabeza. Sabía que una gota de esa saliva hirviente bastaría para precipitarlo en los abismos de la nada.
 Corrió como nunca. El sudor cayó sobre su frente, y cuando sintió que no le quedaba más remedio que entregarse a su fin, tropezó  con la masa caliente del seno de al-Hallaj. Entonces lloró su muerte con desesperación, sin escuchar las palabras de la Santa que no dejaba de hablar; sus lágrimas seguían como un torrente de agua salada y tibia. Sabía que ese llanto era el único puente que lo unía a la poca vida que quedaba en medio de la comarca de la muerte.
 al-Hallaj cantaba.
 Adoro la tierra de Emesa hasta Junasira
como todos los hombres aman a su patria.
 
Allí mis mejillas se frotaban con las manzanas
del Líbano y bebía el vino delicioso.
El verano llegaba en un campamento beduino
y el invierno en la deliciosa al-Sahsahan.
Cuando verdeaba un prado, apacentábamos los camellos;
si aparecía un rebaño de onagros veloces los cazábamos
y nuestros últimos caballos alcanzaban a las primeras reses
                                                                                                               [fugitivas
Y el sol era enorme
y el cielo azul y el calor de los vivos
alcanzaba a los eternos hielos de Azerbaiján.

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GOCHO VERSOLARI

 

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