Narrativa: Alemín – Capítulo 7 – El despertar de los insectos – Cuarta parte – El canto de Al – Hallaj.

Alemín – Capítulo 7 – El despertar de los insectos – Cuarta parte – El canto de Al – Hallaj.

Gocho Versolari, Poeta

Alemín esforzaba sus ojos débiles y tristes  y distinguía apenas los límites de la muerte a lo lejos. Una lluvia espesa caía sobre su cuerpo de fantasma y sobre el patio de los objetos. Goterones fríos, enormes, lentos; sin prisa, sin ansiedad, desataban un torrente tranquilo sobre el amasijo de maderas rotas y apolilladas, de hierros retorcidos que  habían sido objetos contundentes.
 Esferas brillantes se desprendían del pecho y el vientre del niño. Algunas estallaban frente a sus ojos,mostrando  bosques brillantes, enjambres de insectos, bandadas de aves; vio el rostro sonriente de su ayo, escuchó su voz; la Baraqah del anciano Shari’ah habló con él dándole sabios consejos. Una de las esferas, más grande que las otras, salió del centro de su pecho y le produjo una sensación quemante en las costillas. Cuando estalló frente a sí, vio el rostro de su madre o de la efrita Tariqah, el Sendero bajo sus Pechos.
 El pasado de Alemín lo abandonaba; las imágenes se distorsianaban y  se disolvían con las gotas enormes; caían en el barro arcilloso, del cual se elevaban como un vaho tornasol con un leve olor a podrido, hasta desaparecer por completo.
 Con la desaparición de los recuerdos se iba perdiendo el sentido de todo y la lluvia arreciaba  con  indiferencia, como si estuviera segura de la destrucción que portaba
 En cierto momento vio a alguien conocido en el patio; una figura femenina vestida con una gandura celeste, que caminaba hundiendo sus pies descalzos en la arcilla húmeda. Tardó en advertir que era al-Hallaj. Cuando lo supo, advirtió que no estaba solo: un joven moreno, alto, de nariz aguileña y ojos oscuros, caminó unos pasos y se desplomó. Antes de caer, la Santa  lo sostuvo por la espalda. Debajo de su gandura, a la altura del ombligo del joven, emergía un rayo de luz que llegaba a los ojos de Alemín.
 al-Hallaj lo tomó con cuidado; se sentó en una roca y lo acarició. Sobre ellos caía la lluvia intensa y parsimoniosa.   Alemín  tardó en advertir que aquel joven era él mismo agonizando. Al notar esto sintió que la luz y el calor  llegaban a algún lugar de su plexo solar, y el muchacho en los brazos de al-Hallaj se agitó y abrió los ojos; los retazos de vida  se contraían y resurgían, como un animal  que no se resigna a morir
 El niño también advirtió que por un lado flotaba suavemente en el patio y por el otro estaba entre los brazos de al-Hallaj que despedía un suave olor a rosas; su cabeza se apoyaba en uno de sus pechos. Los únicos sonidos que escuchaba eran los golpes de las gotas, sordos, armónicos, cayendo sobre la tierra y sobre las  las cosas del patio que habían perdido consistencia. Por encima de ese rumor, escuchó algo que al principio le pareció un zumbido de insectos. Poco a poco descubrió que era la voz de al-Hallaj que le murmuraba al oído
 – …niño, tu vida depende de mí. El mismo amor que me abrasa fue el que te hizo tragar mi Baraqah aquel día en la reproducción de la Mezquita de la Piedra, frente al propio lugar donde el profeta Mohamed había sido transportado junto con su mula. Lo tuyo fue un acto de amor. Un amor visceral arrancó de tu hígado y de tus riñones, envolvió tu corazón e hizo que depositaras mi Baraqah en tu estómago. Por eso puedo estar junto a ti, después de haber atravesado las nieblas de la muerte, consolándote, dándote mi calor para evitar que desaparezcas y que puedas transitar  el camino  hacia los vivos…

Talon Abraxas 1980 - British Surrealist painter (6)

 La Santa cantó con voz melodiosa.
 Si se arrojara de lo que tengo en mi corazón,
un solo átomo en las montañas de la tierra
éstas entrarían en fusión
Y si, en el día de la Resurrección, yo me encontrara
en el infierno, el fuego  se abrasaría a sí mismo
Y si estuviera en el paraíso
se derrumbarían sus mansiones como palacios de arena…
 El espíritu de la pesadez, una enorme melancolía y falta de fuerzas volvieron a invadir a Alemín. al-Hallaj siguió hablando y cantando, pero su voz se perdió detrás de las gotas cada vez más enormes y lentas. Alemín advirtió que el agua que caía desde el cielo de la muerte no era trasparente, sino negra; que cada gota estaba viva y tenía forma de elefante. Como en sueños siguió escuchando la voz de la Santa.
 – ….es del mismo Allah de donde proviene este profundo deseo de ver el crepúsculo, de tener una piel y sentir sobre ella los rayos del sol. Cuando estaba viva tuve  amantes; mis discípulos habían hecho correr la voz de que era un hombre para que no me juzgaran y condenaran a muerte. Cada vez que me entregaba a un hombre lo hacía a Kamil, al hombre universal, y el orgasmo era una vía para llegar a Allah… finalmente viví en permanente orgasmo, en constante ebriedad hasta mi muerte. Sé que vivirás Alemín, y yo retornaré al mundo para gozar de todos los placeres y remontarme a través de ellos, cielo por cielo, hasta el plano de lo innombrable…
 Volvió a cantar.
 He abrazado con todo mi ser, todo Tu amor.
Te has manifestado tanto que me parece
que sólo Tú estás ya en mí.
Doy vueltas a mi corazón entre todo lo que no eres Tú
y no puedo encontrarlo:
hasta el hombre más insignificante que me ama
tiene un rescoldo que te refleja
Ya no me encuentro en la prisión de la vida:
tu presencia ha derribado los fuertes muros
y aunque los carceleros de la muerte vuelvan a levantarlos
estarás conmigo en cualquier prisión del universo…
 Alemín sintió que cada nota, cada palabra de la canción estaban dirigidas a él. Lágrimas extrañas, calientes y saladas bajaron por sus mejillas. No podía verlas pero sabía que eran negras como las lentas gotas que seguían cayendo; eran crespones que se adentraban en su piel y que flameaban hacia adentro; por último dejó de llorar, no sintió diferencia entre el afuera y el adentro y las gotas de  lluvia se unieron, formando un enorme mar que ahogaba el aire.
 Talon Abraxas 1980 - British Surrealist painter (2)

GOCHO VERSOLARI

 

Ilustraciones: Talon Abraxas

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