Narrativa: Alemín – Capítulo 5 -El reposo de Shariah – Cuarta parte

Alemín – Capítulo 5 -El reposo de Shariah – Cuarta parte

Gocho Versolari

 

Solo, Alemín sigue su viaje. Se encuentra con Layla, la avispa afgana. Ha sabido que los insectos de la muerte los están buscando, de modo que toma la Baraqah del niño y la traga. Esto le servirá para regresarlo a la vida en caso que muera. En tanto Alemín debe salvar a las baraqahs sentenciadas, colocando en sus cuerpos la cobertura de la muñeca Maryam, un símbolo del Islam. 

 

Siguió al insecto; su paso pareció más veloz, y en lo que calculaba serían un par de horas terrestres, vio frente a sí la escotilla: aún estaba lejana, pero caminó hacia ella con decisión.
 Se acercó jadeando al vidrio redondo, sostenido con  bulones  de acero gris: una formación de cometas cruzaba lentamente entre formaciones de polvo interestelar y atravesaba brillantes nidos de estrellas. Desde allí podía ver  uno de los costados del planeta “Infierno”. Se concentró en el azul de la noche del espacio: como plumones apenas perceptibles se formaron las nieblas púrpuras, brillantes.  Kamil no tardaría en aparecer y el niño pensó que lo haría como resultado del esfuerzo que lo había llevado hasta allí.
 Pasó el tiempo; Alemín había vuelto  a sentir hambre, pero trató de no pensar en su estómago: las sutiles nieblas que formaban parte de Kamil eran cada vez más intensas y delineaban su cuerpo. El insecto Ghazall  voló otra vez alrededor de su cabeza.
 Los cielos hacen llover flores del seno de las nubes; pudiéramos decir que siembran pétalos en el jardín; en una copa de lirio escancian vino de rosa, como las nubes púrpuras derraman esencia de jazmín…
 En el momento en que el insecto decía las últimas palabras, la silueta de Kamil terminó de armarse frentre a Alemín.
 Vio primero su cabeza, despues su tronco, su pecho, su vientre; sus piernas, sus pies y sus manos fueron lo último en armarse. La herida en su cuello tenía un feo color verde. La miró con atención: una formación gaseosa cruzó frente a ella una y otra vez; la formación pasó del amarillo al rojo y luego al púrpura hasta entrar por la carótida.
 Como le había ordenado la efrita Tariqah,  Alemín no apartó los ojos de la herida. Lentamente sintió que el suelo se revolvía debajo de sus pies y lo llenó una súbita somnolencia; sus ojos se abrieron y cerraron y aunque no tuvo noción de que su cuerpo se moviera de su posición, supo que estaba atravesando el espacio que lo separaba del Señor de los Hombres; que avanzaba hacia su garganta
 El cambio no fue difícil; de pronto se encontró en un pasillo verde rodeado de escotillas. Tardó unos segundos en advertir que estaba en el extremo opuesto de la mezquita; en el otro ángulo del domo de la nave. De haber llegado por sus propios medios hubiera tenido que atravesar los módulos laterales: a su paso lento le hubiera llevado días de marcha. Además, toda la zona estaba llena de puertas custodiadas por centinelas y de tumbas, con lo que podía perder  su invisibilidad.
 Se detuvo unos momentos. El lugar olía a acero fresco, como planchas recién cortadas. Miró a su alrededor tratando de orientarse. El próximo paso era encontrar la muñeca Máryam, con la que debería reemplazar las “Barbies” que cubrirían a las Baraqahs condenadas a muerte.
 Caminó unos pasos sin rumbo: bajo sus plantas, la superficie estaba helada; se tranquilizó al ver el Ghazal volando frente a él, y lo siguió con paso decidido; sintió frío y miró hacia arriba: se extendía una niebla brillante y verdosa. Al respirar sus pulmones parecían llenarse de partículas filosas.
 Llegó a varios recodos y el Ghazall dobló en uno de ellos apartándose del sendero. Alemín se detuvo; unos segundos después el insecto  volvió a salir y  revoloteó junto a su cabeza.
 Los cuerpos que pueblan la bóveda celeste desconciertan a los más sabios. No pierdas la punta del hilo de la sagacidad, que aún los mismos guías son atacados por el vértigo…
 El Ghazal rápidamente volvió al recodo y Alemín advirtió que quería que lo siguiera. Avanzó por un sendero muy estrecho que desembocó en una de las salas de la mezquita. El niño se detuvo: el lugar estaba lleno de Mameliq y Saaliq yendo y viniendo; un grupo  estaba postrado haciendo la Kebla. Escuchó con atención las palabras que llegaron hasta él.

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 – …en el nombre de Allah,
el Clemente, el Misericordioso,
aniquilemos, detrocemos, despedacemos
a nuestros enemigos.
Convirtamos en pulpa
sus negros corazones
y cerremos todas las puertas
a su resurrección.
En el nombre de Allah
el Clemente, el Misericordioso,
aticemos las llamas del infierno,
ampliemos sus llanuras incandescentes
para que los infieles
ardan sin el consuelo de la muerte.
En el nombre de Allah,
el Clemente, el Misericordioso…
 El tono en que la pronunciaban era enfático y feroz; veía sus miradas fijas y sus mentones decididos. En cada extremo del salón  un centinela custodiaba las entradas.
 La pequeña figura del Ghazal recorrió todos los extremos, volvió a Alemín, y se marchó hacia la entrada de un Mihrab que estaba frente el niño. En la semimenumbra de la hornacina brillaron un par de alas y dos ocelos que parecían llamarlo.
 Alemín aspiró con fuerza, cerró los ojos, recordó que no podían verlo y atravesó el lugar pasando junto a los enormes pies de los Mameliq. El estruendo era insoportable; un enorme zapato de plomo se apoyó sobre él, y por unos segundos lo rodeó una oscuridad espesa, gris; lo único que vio fue la suela enorme que lo atravesaba. Antes que llegaran otros, corrió con rapidez hacia el Mihrab y se detuvo jadeando junto a sus puertas abiertas; entró con cuidado.
 – Hola niño, te estaba esperando…
 Se tranquilizó al reconocer la voz de Layla, la avispa afgana. El Ghazal volaba alrededor de ella, como una chispa de luz oscura.
 – Escucha bien, Alemín:  en este Mihrab está la caja donde se encuentran los cuerpos de la muñeca Máryam. Se te ha explicado  la idea: reemplazar las coberturas de “Barbie” que cubren a las Baraqahs condenadas por las Máryam. Al hacerlo, corres un serio peligro: como Señor de Insectos Nocturnos he sabido que te sigue un enjambre de Mi’raj…
 – Ya me he cruzado con ellos, ¿Para qué me buscan?
 La avispa calló un momento.
 – El objetivo de los insectos lo sabrás cuando corresponda; lo importante es que si uno solo de ellos vuelve a aproximarse a ti, perderás tu condición de invisible e intangible: cualquiera de los miembros de la nave con los que te cruces podrán verte con claridad y aprehenderte o matarte.
 – ¿Qué debo hacer, Layla?
 – El generador de Realidad virtual se encuentra detrás de este Mihrab. Para llegar a él y eludir a los Mi’raj deberás seguir al Ghazal. Está capacitado para luchar con los otros insectos si se aproximan…
 – Mi ayo Wekil me dijo que los insectos  no luchan entre ellos.
 – Así es, Alemín: los insectos no luchan como lo entendemos nosotros. Lo que hará el Ghazal será arrastrar al Mi’raj al Gahib, ya que dentro del mundo invisible pierde sus poderes
Hubo un silencio entre ambos. Alemín miró fijamente a Layla: la parte de la trompa de la avispa formaba un par de labios gruesos, femeninos, casi humanos que ahora se curvaban en un gesto de preocupación.
 – Layla, ¿qué sabes del jeque Shar’iah, el de la Ley Viviente?
 – La Baraqah del anciano sigue invisible. Está como la dejaste, encogida, enrollada en sí misma en un rincón de la mezquita. Sus fuerzas se acumulan lentamente  y en algún momento llegará triunfante: el anciano recuperará su juventud; los miembros trémulos tendrán otra vez el vigor y lo que declina se acercará a la tierra de su nacimiento.
 Al escuchar estas palabras, el niño suspiró aliviado y sonrió, pero casi de inmediato su ceño volvió a fruncirse con preocupación.
 – Layla – preguntó de pronto – ¿Voy a morir? Mi ayo me dijo una vez que los insectos Mi’raj aparecen cuando la muerte se acerca…
 – Todos moriremos alguna vez Alemín. Si quieres una seguridad para ti, déjame extraer tu Baraqah
 – Si, Señora de los insectos
 – Levanta tu gandura y deja tu sexo al descubierto.
 Alemín obedeció. La avispa se acercó a sus testículos y los frotó fuertemente produciendo vértigo en el niño. Unos segundos después, las trompas del insecto mostraron una unidad radiante e invisible.
 – No puedes ver tu propia Baraqah, Alemín. Yo la tragaré y permanecerá en mi vientre hasta que sea necesario usarla. Sabes que para resucitar a alguien por medio de ella, es necesario el al-Azif. Aún cuando el Libro desaparezca, yo, como Señora de los Insectos, puedo recuperarte, hacer que el frío de la muerte desaparezca y vuelvas a agitarte bajo el sol de los vivos.
 Alemín y la avispa se miraron. El Ghazal revoloteó otra vez sobre la cabeza del niño.
 Ya que la vida pasa ¿qué importa Bagdad?, ¿qué importa Balj?. Una vez llena la copa, ¿qué importa su amargura o su dulzor? Bebe y canta, porque después de tu partida y la mía, esta luna pasará del último día del mes al primero y del primero al último…
 Callado el Ghazal, Layla se volvió y señaló la caja al fondo del Mihrab
 – Allí están las muñecas. La caja pertenece al Gahíb y comparte tu invisibilidad, pero te lo repito: si uno solo de los insectos Mi’raj aparece, la perderás.
 El niño tomó la caja: era liviana.

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 – Estoy listo Layla. Dices que debo dirigirme a la realidad virtual…
 – Así es, Alemín, cuando logres entrar en ella, tu intuición te guiará para encontrar las Baraqahs . Debes darte prisa: la hora de la ejecución está cercana.
 – Cuando venía escuché una voz: alguien acusaba a Faqaha de haberle dado muerte
 – Es Bilhakki, el Veraz, cuya cabeza separada de su cuerpo acusa a su asesino después que ha sido golpeada por el miembro de una vaca sagrada. Debes apartarte de él, se trata de un muerto, y su cercanía te puede hacer visible. Faqaha la busca sin cesar y los Mamelik, partidarios de los Ulemas la esconden en lugares ignotos de la nave. Diariamente cuelgan del cuello, expuestos al frío del espacio a diez reos elegidos al azar…
 La avispa se acercó al niño con un movimiento inesperadamente ágil dado su tamaño y con sus labios casi humanos le dio un beso en la mejilla.
 – Al llegar a los alrededores de la realidad virtual puedes comer Fatay acompañadas con Tabule y varios dulces de Aleppo.
 La avispa se redujo de tamaño hasta ser un punto de luz que se perdió en las profundidades del Mihrab
 

GOCHO VERSOLARI

 

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