Narrativa: Alemín – Capítulo 5 -El reposo de Shariah – Primera parte

 Alemín – Capítulo 5 -El reposo de Shariah – Primera parte

Gocho Versolari, Poeta

El niño Alemín fue el único recién nacido que ocho años atrás se embarcó en la nave espacial cuyo objeto era explorar el cosmos para difundir la religión islámica en los planetas. Ahora, luego de haber sido atacado por el fantasma Taqlid, el de pensamiento duro, haber presenciado la muerte de su ayo Wekil; luego de tragar dos baraqahs antes de su edad reglamentaria, se encuentra recorriendo la nave y los mundos que derivan de la realidad virtual de la misma. Junto con la baraqah del jeque Shariah, el de la ley viviente, buscan las baraqahs que fueran condenadas a muerte por el sultanato de la nave. En el camino, se encuentran con Layla, la avispa afgana, quien tiene un secreto para ellos. 
 
Alemín y la Baraqah de Shari’ah llegaron al compartimiento de las cabras, donde se tendieron a descansar en muelles colchones de  paja. Los rodeaba olor a animales y silencio. Al fondo, iluminados por un resplandor que llegaba del techo, cruzaban  bacterias y parásitos que habitaban la zona. Diferentes a las especies conocidas en la Tierra, vivían aislados. Al principio, Alemín sintió miedo, pero Shar’iah lo tranqulizó:  a pesar del aspecto horrible, no ofrecían peligro. Monstruos verdosos, con garras poderosas; Cucarachas gigantescas con rostros humanos que los miraban con anhelo; arañas con cabezas de cerdos; seres informes  con ruedas en sus patas  Pasaban cerca de ellos con gestos indiferentes, sin mirarlos.
 Debían alojarse en ese lugar, donde cruzaban de tanto en tanto enjambres de Ghazal. Su intención, como habían hecho con los insectos Nafs, era contactar al Señor de los Ghazal. Como les había dicho Habib al Masgid, el que se Postra, sólo él podría indicarles el camino para encontrar las Baraqahs condenadas a muerte que esperaban su ejecución con cubiertas de “Barbies”. Estos insectos están en el mundo invisible Y desde ese lugar pueden ver hacia el mundo visible como desde la torre de un minarete.
 – Ahí está, Jeque…
 Casi en un susurro, Alemín señaló a la Baraqah de Shar’iah el insecto Ghazal que revoloteaba junto a ellos. Era el tercero que veían.
 – Sabes, Alemín que estos insectos se alimentan de la poesía invisible que rezuman nuestros cuerpos…
 La mano de la Baraqah se extendió y tomó el insecto: de cuerpo  negro,  cabeza verde y una expresión   parecida a una sonrisa humana. De su frente surgían dos antenas que terminaban en  borlas brillantes; palpitaban con suavidad
 – Son grandes para nuestro tamaño, Alemín. Al ser Baraqahs tú y yo, podremos entender lo que dicen… escucha.
 El anciano tocó muy suavemente una de las borlas de la antena izquierda, levantó la pata delantera del insecto y lo acarició. El grillo chilló, pareció ronronear, y sus sonidos se convirtieron en palabras.
 …¡Oh, tú!, cuya mejilla tiene el olor de las rosas silvestres, cuyo rostro muestra las suaves líneas de los ídolos chinos, cuya mirada hace que el rey de Babilonia dance y se mueva como un peón, un alfil, una torre o una reina…
– ¿El insecto dijo esos versos?
 – Eso lo has dicho tú.
 – ¿Yo?
 – Alemín: cuando escuchabas al grillo, temblabas de emoción; claro que el poema es de Omar Kayyaham, del Rubayat, pero lo has hecho tuyo. Deseas en el fondo de tu alma encontrar la mujer bajo cuya mirada el rey de Babilonia se derrita, y dance a un lado y al otro según el deseo de la fémina.
 La Baraqah de Shar’iah sonrió; Alemín enrojeció y bajó la cabeza.
 – Si esa mujer llega me verá con el aspecto de una niña rubia e infiel.
 Shar’iah, el de la Ley Viviente acarició su cabeza.
 – No te preocupes, niño:  falta poco para que tengas tu aspecto original.
 El anciano dejó libre al insecto, quien al no sentir la presión de su mano, miró a todas partes y se echó a volar dejando a su paso una línea luminosa; se dirigió al pasillo del establo, donde había  guardias apostados.
 – Lo descubrirán – dijo Alemín
 – No te preocupes. Nosotros  podemos verlo porque somos Baraqahs, pero estos insectos se mueven en el Ghaib
 – ¿El Gahib?
 – El mundo invisible; nosotros podemos ver los puntos en que el Gahib se encuentra con el Chehadel, o mundo visible. Estos insectos no fueron elaborados en la nave: un cuerpo extraño desde el espacio arrojó una nube de ellos sobre la mezquita, la invadió con ellos.
 – ¿Quién lo hizo y por qué?
 – Ha sido el Teniente Abdul Arabih que actúa con una lógica propia. Parece estar en vida latente, pero de  lleva adelante por medios desconocidos su guerra privada contra el régimen de Faqaha.
 Alemín asintió con la cabeza: hacía tres días que estaban en aquel rincón del establo, junto a las cabras, y había escuchado los comentarios temerosos de los guardias cuando hablaban de la fuga del Teniente.
 – Todos coinciden en que debió recibir  ayuda externa y hacen responsable a Rihán, la Secta de los Arrayanes Perfumados. Tú sabes: la que proclama la insensatez de un Islam sin Allah. Todos culpan al verdugo rebelde Ittihad, el Aniquilador, quien de tanto en tanto aparece como un fantasma en ataques relámpagos a la nave. El  Teniente Abdul Arabih puede regular con sus emociones el fuego del planeta Infierno. Con su voluntad podría lograr que la nave arda entre sus llamas o que la superficie del astro se congele de pronto haciendo que nos estrellemos contra ella.
 – ¿Y qué es lo que hará el Teniente Abdul, jeque?
 La Baraqah de Shar’iah suspiró antes de responder
 – Lo ignoro, Alemín. En algún momento el Teniente Abdul Arabih viajó al Infierno, al verdadero infierno que todos llevamos dentro. Sufrió terriblemente  y a la vez adquirió una fuerza inaudita; la diferencia es que ahora ha dejado de vagar por el cosmos como aún lo hacemos nosotros y se dirige al interior de sí mismo. Ha descubierto el verdadero universo…
 Shar’iah calló al advertir que Alemín no entendía sus palabras.
 – ¿Dónde está ahora el Teniente?
 – En algún punto cercano a la nave. Las noticias agregan que luego de la muerte del Sultán Hijab, el Velo sobre su Faz, el Teniente Habib al Masgid, el que se Postra, se fugó  con él, aunque lo último que tú y yo sabemos es que Habib se encuentra en poder del malvado Taqlid, el de Pensamiento Duro…
 – ¿Cómo reconoceremos al Señor de los Ghazal cuando aparezca?
 – Como reconocemos al amo de cualquier especie, Alemín: con el ojo de nuestro corazón. En los mortales comunes está cerrado, pero como tú has tragado la Baraqah de una efrita y de tu ayo cuando no habías cumplido los dieciséis años, el ojo de tu corazón permanece abierto como una flor. Ves lo que ha permanecido oculto desde siempre, lo que de pronto llega a la superficie de las cosas como un tesoro hundido; en tanto, lo que siempre fue evidente, cae al fondo de las tinieblas como un lastre…
 Callaron. Un juego de luces a través de las escotillas, descomponía el resplandor que llegaba desde el planeta “Infierno”. Los parásitos monstruosos que seguían desfilando en lenta caravana, reverberaron y cambiaron de color, yendo del violeta al rojo. El clima del establo fue más cálido y pesado y se hizo más intenso el olor a excrementos. Shar’iah se levantó  y caminó hacia una célula fotoeléctrica ubicada entre cuatro tirantes.
 – Cada vez resulta más difícil obtener  comida, Alemín. El régimen de Faqaha raciona las porciones, no por escasez, sino para descubrir presuntos enemigos: se estudia dónde van a parar los platos en relación con la totalidad de la tripulación. Los hombres en la nave disminuyen por  la eliminación sistemática de opositores.
 Shar’iah tomó del montacargas un par de platos con raciones de carne asada.
 – No debes olvidar que lo que masticas es  virtual; en la boca sientes la consistencia, el sabor de la comida, pero lo que realmente contiene las propiedades es un pequeño punto sin sabor, sin color, casi sin volumen que devoras.

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 – Jeque, sé que en la nave hay estanques con peces y aves de corral. Mientras yo estaba con mi ayo Wekil, había suficiente como para alimentarnos todos de ellos.
 – Así era, Alemín. Ahora todo ha cambiado: como te decía, Faqaha utiliza las raciones de comida para detectar enemigos políticos. Deja las aves de corral, las vacas y otros animales  para él y la oficialidad más cercana. Demás está decir que los miembros de Rihán, la Secta de los Arrayanes Perfumados, que postula un Islam sin Allah, suelen incursionar cada tanto y robar  provisiones; las llevan a su escondite en la nave que aún no ha podido ser descubierto. Debemos cuidarnos, Alemín: sólo podemos tomar una comida como ésta al día; el resto debemos conformarnos con las galletas que le arrojan a las cabras y las ovejas que nos rodean.
 El niño comió con  hambre y al terminar sintió una intensa somnolencia.
 – Es posible que las Baraqahs condenadas estén en alguna dimensión virtual… – Shar’iah tomó una brizna de paja más gruesa que las otras y en el piso, cubierto de polvo cósmico, dibujó un diagrama.
 – Este es el Qubat de la nave, donde funciona el centro de Realidad Virtual. La tecnología ha avanzado mucho en el Sultanato de Faqah; ya viste que los ingenieros lograron introducir cuerpos sólidos y seres humanos al ámbito cieberespacial. Por un lado se trata de crear ilusiones  y por el otro de reducir los cuerpos a su mínima expresión. En la entrada oficial de la Realidad Virtual  hay mezquitas y monumentos tomados de  la Tierra, y es previsible que las Baraqahs y sus verdugos se encuentren allí. Así me lo han trasmitido los insectos mientras tú dormías. Me han dicho también que para contener a las Baraqahs condenadas, Faqaha no usa rejas ni guardias: la Realidad Virtual se acumula en torno a ellas como la tela de una araña, y creen estar en libertad. Si escapan darán vueltas y vueltas, y cuando menos lo esperen volverán al mismo lugar: el de su muerte.
 Alemín estaba a punto de dormirse, pero antes que lo venciera el sueño alcanzó a preguntar al anciano.
 – ¿Qué ocurre si cuando llegamos a salvarlas ya fueron muertas por los verdugos?
 – No tiene que ser así, Alemín. Las potencias de las estrellas nos ayudan, mientras veamos a Kamil, nosotros y las Baraqahs estaremos a salvo…
  Alemín se durmió y soñó con una miniatura de la escuela mongola que tenía Wekil: Pareja de enamorados en un jardín, grabada a fines del siglo XVIII de los infieles, según le había contado su ayo: en un hermoso jardín los enamorados, muy juntos, se miraban a los ojos, mientras a su lado una sirvienta alcanzaba algo para tomar. Detrás de la pareja se extendía un bosque de arabescos: verdes colinas y más allá el cielo de un atardecer neblinoso. Ahora, las figuras habían cobrado vida y Alemín era quien traía una bandeja con dos tazas de té. El hombre y la mujer hablaban entre ellos y sus labios se acercaban cada vez más. Escuchó las palabras de la mujer …amado: esta vieja y ruinosa posada de caravanas llamada mundo, es el lugar donde alternativamente se hospedan los días y las noches. Ha servido de albergue a miles de reyes esplendorosos y Giafar, el profundo capitan, halló en ella su tan buscada sepultura…
 – ¡Alemín! ¡Alemín! ¡Despierta!
 Lo llamaba la Baraqah de Shar’iah; el niño abrió los ojos y le costó reconocer el lugar: por el olor era el mismo establo donde había dormido, pero frente a él vibraba una luz celeste con reflejos dorados. Parpadeó varias veces hasta ver la silueta familiar de un enorme insecto cuyas alas vibraban furiosamente.
 – Es el Señor de los Ghazal – dijo Shar’iah
 Alemín advirtió que el poema de su sueño había sido dicho por el insecto que parecía mirarlos entre parpadeos destellantes. De pronto lo reconoció; tiró dela manga de la gandura de la Baraqah
– Jeque Shar’iah, no es….
 – Cállate, Alemín. Señor de los Ghazal: te ofrezco los poemas que mi mente recita en el silencio de mi vejez. Puedes devorarlos, alimentarte con ellos….
 El insecto era enorme: tenía en su tórax y en su vientre listas amarillas y negras; miraba al niño con sus ocelos y lo que sería su trompa estaba curvada hacia arriba como si sonriera.
 – Jeque Shar’iah…
 – Alemín, no seas caprichoso. Es el Señor de los Ghazal; déjame recordar uno de los poemas que…
 – No es el Señor de los Ghazal, anciano.
 – ¿Qué dices, insensato?
 Alemín lo miró pálido, casi temblando: revivía la noche de la muerte de su ayo: aquella era la avispa afgana aplastada por Taqlid el de Pensamiento Duro contra la pared del camarote
– ¿No la reconoces, Jeque?
 La Baraqah miró asombrada a Alemín y al insecto.
 – Eres….
 – Sí, anciano, soy Layla, la avispa afgana
 – ¿Layla es tu nombre? como la amada de Djamil.
 – Así es, soy avispa hembra y tengo la capacidad de fecundarme a mí misma.
 – No lo dudo, Layla, pero ¿qué tienes que ver con los Ghazal?
 – Muchas especies de insectos han surgido de mi vientre, entre ellos los Ghazal. Luego de mi muerte, mi Baraqah fue reconstituida en el vientre del Teniente Abdul Arabih.
 – ¿Abdul Arabih? Estaba en coma en la unidad sanitaria.
 –  Tanto el teniente como este niño son un problema para los agentes de inteligencia del régimen de Faqaha: ambos se han escapado inexplicablemente de la unidad sanitaria. Abdul se encuentra a bordo de una alfombra voladora en dirección al planeta “Infierno”.  Él tiene el espíritu de Kamil, el hombre púrpura que tú y el niño intuyen conteniendo en su cuerpo la totalidad de los planetas y las estrellas. Abdul tiene dentro de sí la Efrita Tariqah, la del Sendero Bajo sus Pechos y tú sabes que un hombre y una mujer formando una unidad son invencibles. Es el espíritu de lo femenino es el que vencerá a Faqaha y a su régimen: el mercurio se está rebelando contra los atentados a la vida. Luego de su alzamiento, los miembros de la tripulación mostrarán sus figuras de mujer. Puedo ver su derrota desde el Barzaqh donde emigro periódicamente. Tú y el niño han empezado a recorrer el itsmo que une los dos océanos; el de las cualidades y el de la realidad más profunda, el de lo manifestado y lo no manifestado, lo que aparece y lo que se oculta.
 La avispa calló; Alemín la había escuchado en silencio, impresionado por sus palabras, aunque sólo había entendido la mitad. El insecto abrió sus alas y con un zumbido más agudo se elevó hasta revolotear sobre su cabeza; el zumbido se transformó en palabras articuladas.
 De todos los que han partido ninguno ha vuelto. ¿Es este acaso el momento de la oración o de la súplica? Id y arrojad polvo a la faz del cielo y uníos con una doncella de pálida cara y ojos negros.
 – Así es, Layla, este poema que has arrancado de lo más profundo de Alemín nos indica que el niño sufre demasiado; que podría haberse ahorrado experiencias terribles como las que vivió.
La avispa no contestó. Suspendida en el aire, se dirigió hacia la cabeza del jeque Shar’iah y revoloteó sobre ella. Su voz se escuchó claramente.
 ¡Ojalá halláramos un lugar de reposo! ¡Ojalá llegásemos al final del camino, aunque tuviéramos que marchar mil años desde el centro mismo de la Tierra! ¡Oh, si pudiéramos abrigar la esperanza de reverdecer una vez más!
 El jeque Shar’iah enrojeció.
 – ¿Qué quieres Layla?; la vejez siempre va acompañada de dioses y demonios; a veces estos últimos nos trastornan y nos hacen anhelar el vigor de los miembros, la mirada aguda, el poder de seducción y sobretodo una mujer que caliente los alicaídos huesos…
 Layla iba a decir algo, pero el viejo la interrumpió.
 – Hermosa Layla, me ha dicho el Señor de los Nafs que estuviste en el planeta “Infierno”…
 – Así es, Jeque, sabes que para reconstruir el original es necesario un ambiente adecuado y sólo lo encontré en un pequeño nicho de oración situado en el occidente del Infierno. Es un lugar donde reina la tiniebla; donde los enemigos son poderosos; hay que atravesar  el corazón mismo de la nada, de la muerte más profunda. Allí mi Baraqah llegó a la cueva con forma de pirámide y protegida por sus paredes, oró al Espíritu de los Insectos Nocturnos, hasta que la energía del vientre de Abdul Arabih reconstruyó mi original. Entonces emergí como ahora del nicho de oración y mi aguijón agudo mató a miles de insectos necróforos, devoradores de carroña. Después ocupé el Ghaib donde los Ghazall, entre otras especies me reconocieron como su Señora.
 – ¿Qué más aprendiste en el Infierno, Señora de los Ghazal
 – Lo principal del infierno no es el fuego, sino la nieve. El calor abrazador se mantiene cuando resta un poco de pasión. El frío intenso es la muerte,  el final de las esperanzas. Es el núcleo del infierno que lo anima, que lo hace vivir… sí, jeque Shar’iah, el Infierno es un ser vivo, un enorme organismo que actúa movido por la pasión helada que se engendra en sus entrañas. Y finalmente el centro del centro del infierno es el loto negro, que tiene cualidades mágicas y misteriosas. No he llegado a experimentarlas, pero he sabido que alguien irá, tomárá una de sus hojas y alterará su destino, rompiendo los círculos que el tiempo y las acciones trazan una y otra vez…. ahora tú y el niño tienen una misión que cumplir
 – Debemos rescatar a las Baraqahs condenadas, hermosa Layla, Señora de los Ghazal y de numerosos pueblos de insectos. Sólo dinos qué debemos hacer
 – Antes que nada, así como los Nafs les dieron la capacidad de ser invisibles para los sensores,  los Ghazal, los harán invisibles para la vista humana. Hasta ahora, como Baraqahs, caminaban por el borde  entre el Chehadel y el Gahib. Ahora  caminarán del lado interno del Gahíb. Serán tan inadvertidos como nosotros. Sólo podrán verlos si están en contacto con un cadáver o con partes de un cadáver. Deberán evitar ir al Mihrab que guarda en la mezquita de la nave los cuerpos de las Baraqahs, ya que eso les producirá una opacidad transitoria para los hombres de Faqaha. También deberán evitar  los insectos Mi’raj de los que he visto un gran enjambre en la nave estos últimos días. En tanto cumplan este requisito, serán  invisibles, podrán actuar sobre las cosas, pero también podrán atravesarlas o hacer que las cosas os atraviesen. Recuerden: la nave está entrando al Barzakh: la cortina, la pantalla, la barrera, el intervalo, el itsmo. Ser invisible es una ventaja, pero saber que el mundo intermedio está entrando en el mundo real es la mayor ventaja que tenemos…

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 – Querida Layla – preguntó Shar’iah – si somos invisibles para el mundo, ¿no lo seremos también para las Baraqahs cuando las encontremos?
 – Recuerda, Jeque, que ellas  participarán como ustedes del Gahíb. Es decir que sólo serán visibles a los Ghazal y a las otras Baraqahs.
 Un zumbido llegó desde la paja: de pronto, nubes de Ghazal vibraron en el aire, y volaron alrededor de las Baraqahs de Sharia’h y de Alemín.
 – Ellos pronunciarán poemas rituales, pero habrá uno de los poemas que no será oído, que se dirá en el silencio que hay entre la articulación de un verso y otro; en la pausa que se establece entre dos hemistiquios… yo los veré cuando todo termine…
 Los ruidos de los Ghazal aumentaron  y la avispa afgana fue cubierta por ellos;  emitió de su vientre una poderosa luz que estalló con un fogonazo enceguecedor. Al terminar,  desapareció en la oscuridad de los establos.
 Iba ayer de paseo cuando vi un alfalero que en su bazar pisaba violentamente la húmeda masa de la arcilla. Me detuve emocionado y creí escuhar la voz angustiada de la arcilla:”trátame con humanidad porque yo, como tú he tenido vida”
 La voz de los insectos era suave, modulada y pronunciaban cuidadosamente cada verso. Al terminar se agruparon en borlas formando pequeños enjambres, que giraron furiosamente y se deshicieron. Shar’iah y Alemín quedaron en el mismo lugar del establo. Las sombras parecieron crecer.
 – Bien, Alemín, estamos como al principio. no tenemos ninguna orientación.
 – Jeque Shar’iah, se supone que no pueden vernos, de modo que ya no tenemos que permanecer en los establos.
– Se supone, Alemín, pero ¿cómo lo sabremos?.
 El niño caminó hasta una de las escotillas: afuera la niebla púrpura había aumentado nuevamente; de pronto vieron a Kamil: un mechón de cabellos caía sobre su frente y su mirada se perdía entre las estrellas. En el lado izquierdo de su cuello  una profunda herida  manaba  sangre verdosa.
 – Kamil está herido, jeque Shar’iah
 – Tienes razón Alemín, ya habíamos visto esa herida.
 – Pero ahora es más ancha y despide sangre verde que ensucia el púrpura de su piel. Recuerde lo que dijo la Avispa sobre la relación entre Kamil y la vida de las Baraqahs
 El anciano Shar’iah, el de la Ley viviente se sentó cruzando las piernas, y suspiró tres veces. Sus ojos se abrieron, su mirada se hizo penetrante y giró alrededor suyo, como buscando respuesta a una pregunta que no se había hecho. Alemín sabía que el anciano estaba reflexionando.
 – Debemos ir al Qubat – dijo finalmente – Faqaha y sus sabuesos esperan que nos movamos; en caso  que todo falle nos apresarán, nos ejecutarán con los otros y todo se perderá. Debemos creer a la Señora de los Ghazal. No nos queda otra alternativa.
 Alemín se arrodilló junto a él.
 – No se preocupe, Jeque, yo pienso como usted y lo sigo donde sea.

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GOCHO VERSOLARI

 

Ilustraciones: Julie Heffernan

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