Narrativa: Alemín – Capítulo 4 -Historia de Bathna – Segunda parte

 Alemín – Capítulo 4 -Historia de Bathna – Segunda parte

Gocho Versolari

 

Alemín camina por un espacio misterioso guiado por la Baraqah del jeque Shariah. En el universo de la novela, una Baraqah es un pequeña reproducción de un  ser humano. Dadas las condiciones y a través de un ritual, la Baraqah puede lograr una versión de su original, aunque esté muerto. En su itinerario, las reproducciones de Alemín y Shariah encuentran al homúnculo de Habib Al Masgid, el que se postra. Dicha baraqah vive con una mujer misteriosa a la que llama Bahtna y se dispone a contar cómo su original fue a buscarla al infierno. 

-Soy Alemín, el niño de la nave – se apuró a aclarar  Alemín a la Baraqah de Habib- tú fuistes el teniente que reemplazo a Abdul Arabih cuando enfermó; en la nave me cedías tu porción de  chocolate. Te recuerdo como eras entonces alto, sereno: despues de trabajar íbamos a la mezquita contigo y con mi Ayo  Wekil para recitar la primera sura mirando hacia la Meca…..
 – ¿Y por qué tu aspecto de niña?
 – Es una larga historia- explicó Shari’ah. Ya te la contaremos. Ahora dime qué ha pasado con tu original y por qué te encuentras aquí.
 – También es una larga historia, anciano. Desconozco donde se encuentra mi original, pero puedo afirmarte que está vivo.
 – Disculpa Habib – intervino el niño con voz ansiosa – antes que entráramos tú mencionaste a Taqlid; ¿te referías al fantasma de la nave, a aquel que bajó en vida al planeta infierno y ahora está vagando por la mezquita volante?
 – En efecto niño, al mismo Taqlid que tuviera relaciones amorosas con el terrible Sultán Faqaha, el Doctor de la Ley. Usa su fantasma para deshacerse de sus enemigos políticos. Taqlid tiene mi original y aún no lo ha matado porque me necesita a mí:  ha inventado un método para apoderarse de la vida de sus prisioneros y consiste en eliminar simultáneamente al original y a la Baraqah. La realidad virtual que se implantó en la nave se divide en dos reinos, el de Taqlid y el de Faqaha…
 – Es decir que nosotros estamos en el reino de Taqlid – intervino Shari’ah
 – Así es. Desde aquí no se puede arribar al reino de Faqaha que queda en un sector más lejano…
 – Nosotros buscamos a un grupo de Baraqahs condenadas a muerte por el sultán:  están prisioneras en la realidad virtual, pero no sabemos cómo llegar a ellas.
 – Me han hablado de las Baraqahs condenadas; sé que todas tienen la apariencia de Alemín, niñas rubias, delgadas y con cabellos muy largos. Para encontrarlas debéis entrar por la vía oficial de la realidad virtual. Es necesario actuar con rapidez, ya que aún no hay suficientes guardias que la controlen…
 – ¡Habib! ¡Habib…! ¡Estoy en el infierno! ¡Ven a rescatarme. No me abandones….!
 La voz llegó desde el fondo de la cueva: femenina, chillona y con un timbre ridículo. Shari’ah y el niño quedaron inmóviles:
  ¡Habib! ¡No seas cruel y responde a mis llamados…!
 La mujer hablaba detrás de un recodo al que Alemín y el anciano no podían ver.
 – ¿Quién es la que te reclama? – preguntó Shari’ah
 La Baraqah de Habib tuvo una expresión de dolor y vergüenza y bajó la mirada.
 – Es por ella que mi original viajó al infierno y fue atrapado por Taqlid.
 – ¡Habib! ¡Por favor…! – insistió la mujer
– Es alguien que necesita ayuda. ¿Podemos hacer algo? -se ofreció Shari’ah
 – Lo único que pueden hacer es conocerla y escuchar la historia que les contaré; en ella daré cuenta de todo lo que ha hecho mi original por esta mujer.
 – Espera, Habib. Nuestra misión  es encontrar a las Baraqahs condenadas; debiéramos salir cuánto antes de aquí.
 – No es posible  hasta que aclare: apenas sale el sol virtual se abren ciertas grietas que yo conozco y por las cuales podráis volver a la nave y no sólo encontrar el camino que buscáis sino obtener el don de la invisibilidad a través de los insectos Ghazal.
 – He escuchado hablar de los Ghazal
 – Ellos han promovido en la nave la llamada “rebelión del azogue” primero y luego la rebelión de los hologramas, por la cual todo tripulante que se mire en un espejo verá su imagen con forma de mujer y cuando invoque a su holograma será él mismo con forma de fémina
 Mientras hablaba, Habib se levantó y caminó hacia el fondo de la caverna, seguido por Alemín y por el anciano. La voz de la mujer resonó aún más cerca, deformada por un extraño eco
 – ¡Habib! ¡Te ordeno que vengas! ¡Hace mucho morí por tu culpa y el cruel Allah me condenó al infierno…!
 La voz se escuchaba más cercana: debajo de los pies de Alemín, el piso de piedra se calentó; el pasillo desembocó en una gruta al fondo de la cual se levantaba una piedra  ovalada, cubierta de fuego  en toda su superficie, con excepción de cuatro triángulos negros,  arriba, abajo y a los costados, dejando un rombo flamígero  en el centro. Allí, una mujer desnuda sujeta de muñecas y tobillos, con los brazos y las piernas abiertos, tenía los ojos fijos frente a sí; su  cabello estaba revuelto y mostraba sus senos desnudos y desparejos: uno  muy pequeño y el otro enorme, cayendo más abajo de su vientre.

 

 – Ella es Bathna – dijo Habib con tono triste; tomó un cubo de madera, se inclinó sobre una laguna natural formada en la roca, lo llenó con agua y lo arrojó a la mujer.
 – ¡Habib! ¡Eres un malvado…!
 El lugar se llenó de humo y del chisporroteo de las llamas que se apagaron un momento para recrudecer enseguida. La llamada Bathna pareció encogerse; abrió mucho sus ojos; intentó hablar, pero no pudo pronunciar palabra.
– Por unas horas va a estar en silencio: el agua de esta laguna subterránea  tranquiliza y calma todos los ardores  – explicó Habib al anciano y al niño – Debéis saber que la piedra ardiente a la que está sujeta concentra en sí todo el poderío del Infierno.
 La Baraqah calló y en su rostro aumentó el dolor.
 – Me costó comprenderlo, pero la propia Bathna es una emanación del Infierno. Lo que ella  pide ya lo hizo mi original…Alemín, ten cuidado.

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 El niño se había acercado hasta el borde del enorme guijarro; la piedra estaba sujeta por otras muy pequeñas que apenas la sostenían sobre la salida de la gruta: un vacío en el que brillaban los astros.
 – ¿Qué hay más allá?
 – El fin de la realidad virtual, niño. Se supone que está el espacio, ya que las prolongaciones donde habita Taqlid, tienen salida directa al vacío… Vengan conmigo; hace varios meses que estoy en esta cueva, sin saber qué va a ser de mí. Un grupo de insectos Zabyi, que se alimentan del resplandor que emanamos aquellos que acostumbramos a beber alcohol, me han conseguido un vino muy bueno. Os invito a cenar un poco de Baklaha, a beber y a alegrar los corazones.
 Volvieron al centro de la cueva; la Baraqah de Habib improvisó una mesa alrededor de bancos de piedra; se sentaron y al mirarse se vieron con aspecto abatido, como si los gritos de la mujer  hubieran aplacado los ánimos; para romper el clima, Shari’ah contó algunas anécdotas de las épocas felices de la nave. El niño comió con hambre Baklaha y carne de conejo aderezada y asada
 – Querido Jeque Shari’ah, lo que vivió mi original en el Infierno y sus alrededores, tiene detalles escabrosos que hablan de las relaciones entre hombres y mujeres, y no sé si corresponde que lo mencionemos frente al niño.
 – Querido Habib, dice una sura del Korán del nabí Mohamed No escandalicéis a los niños; ellos tienen la imagen más pura de Allah en sus corazones…, pero un versículo del al-Azif establece que El niño debe conocer término a término lo que el adulto sabe, en distintas dosis, en diversas proporciones, pero de modo que al final del camino el niño y el adulto equilibren sus aguas En el presente caso debes tener en cuenta que Alemín a sus diez años ha tragado la Baraqah de la efrita Tariqah, el Sendero bajo sus Pechos y la de su ayo Wekil, que precisamente fue muerto por Taqlid, el de Pensamiento Duro. En este momento, y aunque de un modo transitorio, soy su mentor y apruebo que escuche la narración.
 Habib asintió  y empezó a hablar.
– La historia de mi original se inicia hace más de diez años, durante los meses de la Gran Jihad, y poco antes de  que la nave con forma de mezquita zarpara al espacio. En aquel entonces, Habib  era un joven de familia noble, víctima de los bombardeos que los infieles rusos habían infligido a  Azerbaiján. Estaba prometido a una joven hermosísima, hija de un jeque noble. El día anterior a su casamiento, en oportunidad de ir a invitar a un amigo, quedó prendado de un joven de  belleza increíble. Por velar junto a su ventana para verlo y hablar con él, olvidó presentarse a la boda. No se animó a enfrentar a su prometida y poco después fue elegido como tripulante de la nave que proclamaría el Islam en el universo. El día en que el Jeque y su séquito celebraron con una cacería el triunfo de los ejércitos islámicos, la novia de mi original, que era precisamente la bella Bathna, se suicidó colgándose hasta morir de la viga central del salón del palacio de su padre.
 Esto lo supo Habib muchos años después, cuando, por su militancia en Rihán, la Cofradía de los Arrayanes Perfumados, tuvo que someterse a una feroz ordalía en la que estuvo a punto de perder la vida bajo las manos del Sultán Hijab, el Velo sobre su faz. Mientras esperaba su muerte, surgió frente a él Bathna, crucificada en el guijarro que representaba el infierno. A partir de allí ocurrieron muchas cosas: Habib fue salvado por miembros de la organización que mataron al sultán. Finalmente comprendió que su deber era remediar la muerte de Bathna, de la que se sentía responsable.
 Fue así que se topó con los insectos Leones del Infierno que originariamente se alimentan del simple fuego, pero que al entrar en las cercanías de la órbita del planeta, sirven de mensajeros. Mi original fue llevado por un enjambre de ellos que lo dejaron en el oeste del Infierno, al borde del mar caliente y fangoso que por las tardes se convierte en sangre líquida y hacia la noche se coagula, se llena de viejos cadáveres que emergen y despiden olores pútridos.
 En el Infierno se pierde el sentido del tiempo: en las orillas de aquel mar los días son fugaces relámpagos, los crepúsculos parecen interminables y las noches, que carecen de luna, se sienten  eternas; mi original se alimentaba de  cangrejos de sabor horrible, que toda su vida procuraban  emerger de la arena terrosa y caían una y otra vez al mar fangoso. Hacia el este, las llamas  ardían hasta donde alcanzaba la vista. El afán de mi original era encontrar a su amada Bathna. Un día se decidió dejar el mar ensangrentado y caminar hacia la zona de fuego.
 Tomó un sendero que se dirigía a bosques subterráneos; desde el suelo cubierto de agujeros llegaban haces de luz sucia que se mezclaban con el resplandor de las llamas.
 Mi original llegó a la zona del fuego y caminó por él vestido tan sólo con una gandura delgada y frágiles babuchas; debo recordaros que la temperatura del fuego en el Infierno está entre treinta y cinco y treinta y séis grados centígrados, es decir la misma que tiene el cuerpo humano.
 Habib se internó  en bosques de abedules y robles que producían frutos sin sabor, con los que se alimentaba. A pesar de las sombras amenazantes, de animales enormes y sin forma que se deslizaban junto a él, caminaba sin miedo y sin detenerse. El afán de encontrar a su amada, que empezó como un deber moral, era ahora una obsesión. A cada paso sentía que dejaba detrás suyo monstruos espantosos, y  tuvo la necesidad de caminar más rápido: supo que el Infierno era escapar siempre de algo horrible, aunque los ojos no lo perciban al dejarlo atrás.
 Noches enteras durmió en refugios precarios que las estribaciones caprichosas del infierno habían levantado a los costados del camino. Un día, al despertar y disponerse a seguir su marcha, vio frente a sí una luz difusa y escuchó  una voz.
 –  ¡Detente caminante!: soy el Señor de los Arboles del Infierno. Puedo mentirte o decirte la verdad sobre lo que me preguntes, pero la mía es la única voz que escucharas durante  mucho tiempo.
 Habib explicó su misión en el lugar y  describió a Bathna
 – Son muy pocos los vivos que llegan aquí y logran irse con alguien que fuera condenado – repuso el Señor de los Arboles- Hay guardianes terribles que custodian el paso de un mundo al otro. Yo que tú me iría con el placer cumplido y la conciencia feliz, ya que haber llegado a esta región es un enorme triunfo, pero tu mirada firme, tu mentón decidido me dicen que no lo harás. Mi consejo entonces, es que antes de buscar a tu amada encuentres el salón de las prostitutas infernales, donde podrás gozar de una dicha incomparable, no conseguida en otro sitio del universo…
 En ese momento un enorme pájaro voló de uno de los árboles con un fuerte estampido; la voz se detuvo y mi original  no pudo encontrar a quien hablaba. El consejo  habia despertado en él más dudas que respuestas; el Señor de los Arboles no le había dado pistas para encontrar aquel salón, al que por otra parte no asociaba a Bathna.
 Decidió confiar en su intuición; siguió caminando, dejó atrás el bosque y desembocó en una llanura que terminaba en un crepúsculo  lejano.  La temperatura habia descendido; el atardecer, que no terminaba de convertirse en noche, le produjo cierta tranquilidad, ya que al menos había un horizonte visible al que podía llegar.
 De pronto sus pies se hundieron en la nieve; ráfagas heladas, súbitas, golpearon su piel y a medida que avanzaba un fuerte hedor se sintió con más y más intensidad. Supo que aquella nieve era un ser vivo, amorfo, que se alimentaba tanto del frío como de las llamas de la superficie; En algunos sitios se advertían escamas y superficies cubiertas de pelos: el olor desagradable provenía de la propia nieve que se estaba pudriendo.
Súbitamente el crepúsculo desapareció dando paso a una noche sin luna ni estrellas, y  Habib avanzó en plena oscuridad. Debía moverse para no congelarse. El hambre retorcia sus vísceras, el cansancio aflojaba sus miembros, pero un impulso oscuro desde su vientre  le aconsejaba no descansar.
Mi original nunca supo cuánto caminó. Debes saber, Shari’ah, que  en el Infierno no existe nada parecido al tiempo de la Tierra; la única certeza de Habib era que cuando su sufrimiento llegara a sus últimos límites, encontraría a Bathna.

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GOCHO VERSOLARI

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