SEXO INICIÁTICO V ̶   Sexo protector y sexo depredador. 1ª parte: Breve introducción a la pederastia eclesiástica.

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Relegado a  las tinieblas de nuestro ser, sentimos el sexo como esa fuerza demoníaca que, de no tener freno podría  arrastrar todo lo que la rodea. En un proceso de secularización prolongado y emanado del poder que detenta desde hace dos milenios, la iglesia católica ha creado esta concepción: el sexo es esencialmente caótico y sólo puede ser ejercido cuando el sacerdote lo santifica; cuando apunta a una férrea heterosexualidad con un fin procreativo. Fuera de este contexto confesional, entra en el campo de lo delictivo. [1]
El sexo por este carácter de negrura y de caos que le atribuimos como miembros de una cultura largamente enferma, se vincula con el poder y la sociedad patriarcal que vivimos. Es así como, desde hace unos años, se ha denunciado a cantidad de hombres poderosos que utilizaban su posición para abusar de mujeres que trabajaban bajo su dependencia[2]. Los casos de pederastia dentro de la Iglesia Católica, múltiples y ampliamente probados, también están vinculados a la forma más salvaje del poder que contamina y envenena el espíritu.
 Vivimos un sexo rodeado de murallas. Un sexo al que le atribuimos el rostro de los peores demonios. Esta concepción, en una sociedad como la estadounidense, se ha trasladado desde el puritanismo propio de los fundadores del país a la sociedad laica en todos sus estratos. La pacatería, la estupidez no es más que la otra cara del desenfreno, del sexo predatorio que suele practicarse desde lupanares degradados por sujetos ansiosos cargados de “hibrys” según el sentido que le daban en la antigua Grecia. Que se practica antes que nada por la propia casta sacerdotal, sea católica o protestante.
 Víctimas o victimarios o miembros de una familia respetable, tendemos a universalizar  esta noción del sexo  predatorio. Luego de ubicarlo en el lado caótico de nuestras vidas, se lo atribuimos a  otros pueblos, otros espacios, otras humanidades, sin detenernos a pensar si pudiera existir entre ellos alguna otra forma diferente de sexualidad .
Charles Darwin, Sigmund Freud asignan a las “hordas primitivas de salvajes” una tendencia sexual desenfrenada y patriarcal, similar a la que ejercían los burgueses de la época victoriana cuando practicaban un intenso y clandestino sexo endogámico de carácter claramente predatorio.
Es frecuente que en los cómics aparezca el hombre de las cavernas desmayando a su posible compañera con un golpe en la cabeza para arrastrarla hasta su cueva tomándola de los cabellos. Allí la sometería brutalmente, como es propio de un “salvaje”.
 2) Algunas características del sexo chamánico y del sexo sacerdotal.

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 Como parte de una actitud más que de una regla que se cumpla en todos los casos[3], aquella civilización que se basa en el chamanismo, practica una extrema tolerancia a la diversidad sexual. El marco de +esta es una concepción de la sexualidad humana con carácter terapéutico y formativo, algo muy distinto a nuestras concepciones predatorias y  hedonistas por un lado y fuertemente restrictivas por el otro.
 Es lo que ocurre, anticipando los ejemplos, con la sociedad griega  y de la China antigua, El Su Nu Jing, es un libro sobre el sentido terapéutico y mítico del sexo  . Lo mismo ocurre con los clásicos de la literatura india, el Ananga Ranga y el Kama Sutra, que se han asimilado a nuestra concepción  predatoria de la sexualidad, separándolos de su sentido terapéutico.
 Una aclaración: el sexo implica placer. Cuando digo terapéutico, no me refiero a una sexualidad que se practique en una suerte de hospital. Precisamente, nuestra tendencia consiste en que cualquier forma de terapia se la vincula a un ascetismo a ultranza. El placer es la primera condición terapéutica del sexo. A la segunda la llamo diversidad sexual chamánica, y la primera expresión de esta diversidad es que ambos miembros de la pareja disfruten plenamente. En occidente se llegó a considerar que la mujer carecía de capacidad sexual, que era una suerte de hombre incompleto [4]; que no debía expresar su deseo en el marco de una unión en la que el sexo debía ser lo necesario tan sólo  para mantener la especie.
En el chamanismo existió siempre no sólo la tolerancia, sino el reconocimiento de poderes místicos y el asignar papeles de suma importancia a quienes en lenguaje ojibwa (o Chippewa: uno de los pueblos aborígenes más grande de América del Norte) se conocen como niizh manidoowag y que se traduce como “dos espíritus”. Se refiere a aquellas personas que en una comunidad hierológica mantienen simultáneamente las condiciones femeninas y masculinas. Se utiliza este nombre autóctono para diferenciarse del apelativo “Bardache” impuesto por los antropólogos y que se refiere a una forma despectiva de referirse al homosexual o transgénero. Ellos ocupan roles sociales vinculados al culto, a la curación, y a la trasmisión de la tradición primordial de la comunidad en su carácter chamánico.
A su vez, entre los mapuches de América del Sur, el término Machi que se refiere al médico chamánico propio de la comunidad aborigen, es un vocablo femenino que no admite el masculino y en las épocas primordiales estaba representado por un transgénero, es decir aquel homosexual que reunía en sí mismo la masculinidad y la femineidad.
A esto y no a otra cosa apunta lo descripto por Mircea Eliade y que llama la “subincisión” practicada por los aborígenes australianos a aquellos individuos que se destacan por la comprensión profunda de las verdades trasmitidas en el rito de pasaje de la adolescencia a la adultez. La misma consiste en abrir en el perineo una línea con un instrumento cortante simulando una vagina.
Cabe señalar que estas nociones forman parte de la concepción básica de la humanidad, de sus inicios que corresponden a los principios del chamanismo. Lo que conocemos como estructura sacerdotal son formaciones posteriores, con ciertas características como las de postular un dios lejano y utilizar como único mediador una casta que se ocupa de los elementos del culto y que comparte un poder omnímodo con los guerreros. El contenido de la tradición sufre un sesgo importante, y deja de ser el mismo  que correspondía a la condición original. Esta casta se ocupa de reescribir la historia y ubicarse ella misma en el origen de todo. [5]
El proceso por el cual se pasa del chamanismo a esta fuerte estructura de poder está establecido por un hecho bélico en el cual la cultura y la cosmovisión de un pueblo amenazan con desaparecer. Si logran superar la crisis, son los sacerdotes, es decir los encargados de establecer los detalles externos del culto, quienes se consideran a sí mismos los portavoces de esta cultura. Los elementos mítico-rituales de esta pueden conservar su aspecto externo, pero la interpretación varía por completo. [6]
Adivinación, metempsicosis, sexualidad y utilización del trance, son los principales puntos que ataca la casta sacerdotal cuando adquiere un poder omnímodo. Me he referido o me referiré a las otras disciplinas chamánicas, pero ahora tomaremos la sexualidad, que además de la aceptación de la diversidad en cuanto a género y a orientación sexual, considera el sexo con múltiples funciones que exceden el carácter predatorio o exclusivo para la reproducción.
Cuando la casta sacerdotal  toma el poder absoluto, niega por completo el carácter espiritual del sexo. Considera estas prácticas  como demoníacas. Suprime las orgías rituales y establece un firme ideal regulatorio basado en la heterosexualidad, en la exaltación de la virginidad y la abstinencia, estableciendo el objeto único de la sexualidad la procreación. Se niega la diversidad presente en el chamanismo original y se convierte en delito cualquier tendencia sexual que se aparte de la heterosexualidad según los cánones impuestos por la cultura dominante.
 Esta regulación de la sexualidad se dirige siempre a determinadas clases o castas. Cuando una moral plantea una restricción sexual férrea, habría que buscar en esa cultura qué otra casta o sector practican un sexo predatorio y desenfrenado. Esto ocurría entre los reyes incas y en la actualidad explica la pederastia que se practica en el seno de la iglesia católica.
En cuanto a ella sirva esta parte del artículo como una breve introducción y puesta en contexto. Volveré sobre el particular analizando un caso emblemático, el de Marcial Maciel, sacerdote fundador de “Los legionarios de Cristo”, quien en el curso de su vida acumuló poder e influencia, llegando a violar a cientos de novicios a su cargo y a sus propios hijos.
También señalo para el lector interesado la posibilidad de consultar del libro “Historia sexual del cristianismo” de Kalheinz Deschner. Se demuestra en él que la pederastia, así como el sexo predatorio y abusivo forma parte de la iglesia desde su constitución como tal, de modo que este fenómeno no es nuevo ni producto de una conjura. Se trata de la evolución natural de una institución decandente y enemiga de la vida.
El libro de Deschner puede ser obtenido gratuitamente por el lector en el siguiente enlace:
Historia sexual del cristianismo – Karlheinz Deschner

NOTAS

[1] Entre los tantos blogs de WordPress a los que estoy suscripto, hay uno de origen católico cuyo título es “ME CUIDO ̶  Un blog donde hablamos de sexualidad, gestación y autocuidados. Es decir, al hablar del sexo y sus consecuencias se antepone el “cuidado” y no el placer o la protección y la terapia implícita en una relación sexual. Por el contrario, por el carácter de peligro que desde una óptica predatoria le asignamos al sexo, es algo que debe ser vallado y en una relación sexual el setenta por ciento del tiempo habría que tomar medidas rituales para conjurar los demonios que tiene ocultos en su interior. El resultado sería un sexo estéril, impotente, miserable, contaminado de miedo, que fracasaría en todas sus formas
[2] Es el caso del movimiento “Me Too”.
[3] En general, cuando en una sociedad chamánica se disminuye la expresión de la diversidad sexual es por la influencia occidental.
[4] Noción que asume Freud para quien el clítoris es una suerte de pene atrofiado.
[5] Este papel lo ocupa en la actualidad la iglesia católica y las ramas del cristianismo oficial.
[6] En mis artículos referidos al “Hombre̶Mito” me extiendo un poco más sobre este proceso.

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GOCHO VERSOLARI

Comenta. Comenta. Son importantes tanto las caricias como las bofetadas.

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