Elvis Christie: Clases de apoyo

GalianayCía.

—¡¿Quién coño llamará a estas horas?! —rezongaba Fabiola mientras bajaba las escaleras descalza, cuidando de no tropezar con alguno de los juguetes de los pequeños. Eras más de las tres de la madrugada y el timbre de la puerta llevaba varios minutos sonando insistentemente. Ignoraba si se había despertado alguna de sus chicas, como llamaba a las mujeres acogidas en la casa que regentaba, ya que todas eran más jóvenes que ella.

—¡Dios mío, Asumpta! —exclamó cuando descubrió que quien llamaba era una antigua residente de la casa con la que había trabado una sincera e íntima amistad. Asumpta, que sujetaba con fuerza la mano de su hija de once años, tenía el rostro desencajado y surcado de lágrimas—. Pasa, pasa, chiquilla.

—Perdóname, Fabi, pero no sabía qué hacer ni a quién acudir. Estoy desesperada. Esta misma tarde me he enterado de que Marcos se ha escapado de la cárcel…

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