La casa

Velehay

El desfile de vehículos le siguen, como dolientes siguen un coche fúnebre camino del camposanto.

El silencio solo era roto por el ruido de los motores,

los curiosos se agolpaban en aceras y ventanas.

Él sabía que una vez atravesara aquella verja no habría marcha atrás.

En el edificio, tras las verjas, se ocultaba una total oscuridad, que no permitiría que nadie violara su intimidad.

La comitiva llegó a la altura de la verja, había dos personas esperando para abrir aquellos barrotes, tenían miedo de tocarlos con sus manos, lo reflejaban sus rostros.

Desde el primer vehículo les hicieron un gesto de asentimiento y ellos temerosos de cruzar el umbral, empujaron hacía dentro la valla, que se deslizo suave y silenciosa a pesar del tiempo transcurrido desde que se uso la última vez ¿Cuándo? Nadie de los presentes lo sabían, ninguno había nacido. Fue en un pasado muy lejano, que…

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