Narrativa: Canto de insectos nocturno – Saga I – Alemín, niño y Baraqah – Capítulo I – Cuarta parte.

Alemín, niño y Baraqah – Capítulo I – Cuarta parte.

Gocho Versolari

 

En la nave con forma de mezquita, encargada de difundir el mensaje del Islam por todo el universo, el enigma va tomando forma. Cabe distinguir la pregunta principal: ¿Ha muerto Taqlid? ¿O sigue vivo manejando los hologramas con la imagen de sí mismo que recorren la nave reclamando adoración? En la noche de la desaparición de Taqlid alguien murió en la nave, pero no se encuentra el cuerpo. ¿ Tiene esto relación con la seductora mujer fantasma que recorre los pasillos…?
Shar’iah, el de la Ley Viviente, se despidió del  médico, salió de la unidad sanitaria y al acercarse al ascensor que lo llevaría a su cuarto, vio un grupo de tripulantes reunido alrededor de uno de los espacios libres. Murmuraban alarmados entre ellos. El anciano se abrió paso entre los hombres; desde algún lugar llegó un canto inesperadamente dulce. Al reconocerlo lo dejaron pasar con expresiones aterrorizadas. El anciano vio una mujer  sentada, dándole el perfil, con el velo cayendo sobre sus labios, apoyada en sus manos y con la cabeza hacia atrás; descubría su cuello blanco, hermoso, hasta el principio de los pechos. Cantaba con voz audible; su tono era agudo y muy melodioso. Shar’iah se acercó a ella; no sentía miedo, sino curiosidad. Miró sus orejas, su cuello, sus manos y sus pies, buscando una flecha roja, una flor ambarina, un pájaro púrpura o cualquier señal que la denunciara como un holograma. Lo único que notó fue una niebla tenue a su alrededor, como si su carne fuera bruma.
 El anciano caminó lentamente y se detuvo  a pocos pasos de la imagen. Detrás suyo, el resto de la tripulación seguía comentando en susurros; el Jeque sintió que no debía vacilar: su conducta serviría de ejemplo a todos. Advirtió que la mujer sabía de su presencia, ya que cuando estuvo junto a ella dejó de cantar.
 – Sé de tu pena… – su voz fue como una descarga; supo que estaba dirigida a él, pero aparentó ingnorarlo.
 – ¿Me hablas a mí?
– El canto de los insectos nocturnos te trae voces desoladas, voces de encuentros y desencuentros. Siempre has servido al Islam, pero muchas veces en la soledad de tu cuarto te preguntas si no hubiera sido mejor estar en la Tierra, en la solidez del desierto, rodeado de esposas e hijos…
 Shar’iah, el de la Ley Viviente, miró con alarma a su alrededor, pero la voz de la mujer no llegaba a los tripulantes que estaban alejados  varios metros.
 – Entiendo que me estás hablando a mí…
 – Te han dicho que soy el infierno, y es cierto. Mis entrañas dan a luz el infierno momento a momento; me uniré contigo y tu vida saltará donde estuvo siempre…
 Shar’iah retrocedió unos pasos; estaba turbado: el timbre de la voz le recordaba otro muy lejano, perdido en su pasado. La mujer se incorporó y  su cuerpo se disolvió en la luz que caía sobre ella. El jeque se volvió hacia los tripulantes.
 – Todo está bien, todo está bien… por ahora no puedo decirles nada sobre esta aparición. Sólo tengan en cuenta que tanto ella como el recientemente fallecido Taqlid, el de Pensamiento Duro, no son seres reales, tampoco espectros como los entendemos habitualmente, sino desajustes en el sistema holográfico  instalado recientemente. Bastará con el trabajo eficaz de nuestros ingenieros para que cesen estas irregularidades… Ahora, en el nombre de Allah, el Altísimo, les pido que se desconcentren, que vuelvan a sus posiciones, y  no interrumpan sus tareas pase lo que pase. Repito: estas criaturas son virtuales y no pueden dañarlos.
 A pesar de la tranquilidad de su tono, Shar’iah traspiraba. Mantuvo su aspecto de serenidad hasta llegar a su cuarto, donde se quitó las sandalias y la túnica. Encendió el dispositivo del robot y su orden circuló por los circuitos.
 – Estaré en mi sector privado del puente invocando Shikr y Dhikr. Quiero que localicen a los responsables del servicio de inteligencia de la nave. Sólo me pueden interrumpir cuando los encuentren.
 El anciano fue al baño y al salir  se miró al espejo. Su expresión seguía siendo firme y potente, pero se detuvo en  sus profundas ojeras y en el sufrimiento de sus ojos. Las palabras de aquella mujer habían hecho emerger su soledad. Era una disposición del gobierno Panislámico no incluir féminas en la tripulación de aquel vuelo que despegara de la Tierra diez años atrás; él mismo había estado de acuerdo, pero ahora lamentaba que fuera así: había dejado sus dos esposas en la Tierra, una de su edad y otra  diez años más joven. Deseaba tenerlas junto a sí, no tanto para satisfacer su pasión, sino para recibir consejo.
 Fue a la sala, se descalzó y arrodillado en el reclinatorio, cerró los ojos y repasó las cuentas del rosario. Se detuvo en al-Hallaj, el Cardador de Conciencias; le pareció verlo, seguido por sus discípulos en las calles de Bagdad, gritando ¡Soy Allah!, envuelto en el tapiz trasparente del éxtasis.
 Debieron llamar dos veces para avisar que estaban Hadud, Límites de Allah hacia afuera y Hadjdj, Límites de Allah hacia adentro, los miembros del servicio secreto. Esperaban pacientes en la puerta de su cuarto. Shar’iah se levantó con dificultad, y activó los controles para que puedan entrar.
 – La paz de Allah sea contigo, hermano.
 – Que la paz sea con vosotros…
 A una señal del anciano, ambos hombres, vestidos con ganduras azafrán se sentaron en los canapés pequeños que rodeaban la habitación.
 – Nos  llamabas, hermano Shar’iah, el de la Ley Viviente…
 – Si. Pedí un informe actualizado sobre las actividades de Taqlid, el de Pensamiento Duro.
 – Oficialmente el hermano Taqlid ha muerto – dijo el llamado Hadjdj.
 – Oficialmente… quiere decir que hay una versión no oficial.
 – Para eso venimos, oh Shar’ iah, para brindarte lo que está oculto; el costado oscuro, secreto en aquello que se expone, que se manifiesta. Nuestra misión es descorrer los velos, desnudar la realidad…
 – Si, está bien. Ahora díganme: Taqlid, el de Pensamiento Duro, ¿está muerto o no?.
 – No lo podemos afirmar a ciencia cierta; es posible  que esté vivo;es posible que esté muerto o ni una cosa ni la otra. Entiendo que necesitas la verdad  para proceder a su funeral.
 – Entre otras cosas. Ustedes saben lo que pienso: la locura sagrada de Abdul Arabih está relacionada con la desaparición de Taqlid.

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 Ambos hombres se miraron.
 – Vamos por partes – el más bajo sacó de su gandura una carpeta – aquí te dejaremos esta documentación digital que podrás consultar cuando quieras, y  te explicaremos brevemente su contenido. Taqlid aparece ahora en la nave mucho más que cuando estaba vivo. Es de suponer que antes de su muerte, o ahora desde alguna parte, maneja esa técnica de dejar réplicas de sí mismo en todos los rincones; esas réplicas repiten sus  ideas a quien las quiera escuchar.
– Como ingeniero, querido hermano – intervino Hadjd – te diré que los chequeos de las máquinas establecen que Taqlid, el de Pensamiento Duro, no está en la nave. Esto abonaría la teoría de su muerte entre las llamas del planeta “Infierno” y que sólo queden réplicas holográficas de él. Lo que ocurre es que las máquinas están programadas para reproducir por sí mismas las imágenes y armar combinaciones de palabras, de expresiones, con los datos  ya  cargados.
 – Pero esto no es tan sencillo – siguió el más bajo – sabemos entre otras cosas que Taqlid y Abd, el Servidor de Allah, se amaban como podrían hacerlo un hombre y una mujer. Te recuerdo hermano, que el jeque Abd es el jefe de ingenieros,  que ha colaborado en el montaje y el funcionamiento del sistema holográfico; él podría  alterar los datos y ocultar al verdadero Taqlid, quien se divertiría proyectando sus réplicas a distintos puntos de la nave.
 – Hay otra versión – siguió Hadjd – Sabes que Abd es el encargado de montar una dimensión de realidad virtual dentro de la nave: si al morir Taqlid, y quedar sus hologramas, es de presumir que quiera apoderarse de un sector virtualidad: sabes que si lo hace tendría su propio reino, paralelo al sultanato de la nave… claro que es una teoría. ¿Qué dice al respecto la ley espacial, hermano? ¿Cuánto debes esperar para realizar el oficio fúnebre oficial de Taqlid, el de Pensamiento Duro?
 Shar’iah se volvió hacia la biblioteca, llena de antiguos papiros. Tomó uno de ellos: cada tomo era un ordenador, que al abrirlo mostraba el cuerpo legal que correspondía. Tocandolos con la palma de su mano, el jeque podía adivinar cuál respondería a su pregunta.
 Abrió los dos rollos del pergamino, a los que hizo girar hasta llegar a la página requerida. Leyó en voz alta
 – “Ante la presunción de muerte de un miembro de la nave, el plazo máximo que se puede aguardar para realizar los oficios fúnebres y declararlo oficialmente muerto, es de treinta y seis horas…”
 – Treinta y seis horas es muy poco – dijo el llamado Hadud, Límites de Allah hacia afuera, mientras el anciano guardaba el papiro computado.
 – Así lo dice la Ley. Es importante cumplirla, especialmente en el caso de Taqlid. Cualquier desliz puede despertar la susceptibilidad entre sus seguidores, tanto en la nave como en la Tierra.
 Shar’iah guardó el pergamino digital.
– Ahora háblenme de Abdul. Al parecer está sufriendo la locura sgrada de los profetas.
 – Es así, jeque. Es la misma locura, pero te ruego que esperes antes de avisar a la Tierra.
 — ¿Por qué?
 – Porque el fuego que lo anima está relacionado con el planeta al que llaman “Infierno”. Cuando su fuego crece, lo hacen las llamas. Algunos médicos no están de acuerdo con esto; se trata de una hipótesis que están estudiando conjuntamente con los ingenieros.
 – En ese caso – siguió Hadjdj, Límites de Allah hacia adentro – tu deber sería matar a Abdul.. Es preferible que él muera y no que  lo haga toda la tripulación.
 Shar’ iah, el de la Ley Viviente, no contestó de inmediato y miró pensativo a los agentes.
 – ¿Han completado el informe?
 – No: falta un detalle  en relación a Abdul y a Taqlid. La noche en que el teniente volvió del Planeta de los Ultimos hombres, Taqlid, el de Pensamiento Duro, cometió una muerte.
 – ¿Una muerte?
 – Sí: Los sensores de mácula han revelado en él una línea roja que va desde su cuello hasta su corazón. Eso es un homicidio.
 – ¿Por qué no me enteré antes?
 – Porque el cadáver no aparece.
 – ¿Eso qué significa?
 – Que Taqlid cometió homicidio, pero no sabemos quién fue su víctima… la totalidad de la tripulación está intacta. no se ha detectado sangre, excepto… el baño de luz líquida que inexplicablemente llenó la nave esa noche.
 – Señores – Shar’iah se levantó de su asiento – lo que ustedes me dicen me llena de preguntas en vez de colmarme de respuestas. Ahora los invito a que hagamos la Kebla.
 Los tres shombres se descalzaron y se arrodillaron; Shar’iah movió una perilla y la rosa que señalaba la Meca se encendió. Se arrodillaron hacia allí y murmuraron a coro la primera sura.
 – “En el nombre de Allah,
el clemente, el misericordioso,
Soberano en el día de la retribución
El toma tu cabeza con ambas manos,
te mira a los ojos y dice:
“La noche se abre en la orilla del abismo.
Las puertas del infierno están cerradas.
Es tu riesgo atreverte a ellas.
Aquí están las llaves
ellas entran en la cerradura y serás satisfecho
Los profetas entraron por vez primera
y ahora están hundidos en las brumas de la locura….”
 Se interrumpieron con la certeza de que había alguien más en la habitación. Shar’iah levantó la cabeza:  frente a él estaba nuevamente Taqlid, con su túnica blanca, su barba circular, su tez cetrina y su sonrisa de superioridad.
 – Te lo dije, hermano, me estás alabando.
 Los tres hombres se incorporaron. Hadud sacó una pistola digital, pero Shari’ah lo detuvo con un gesto; otra vez vio la flecha roja en la oreja de Taqlid.
 – Sería inútil. Es una réplica holográfica. Taqlid. Sé que puedes hablar independientemente de tu original. Dime: ¿qué estás haciendo aquí?
 Amigo, no te fíes de la mujer, ríete de sus promesas. Su buen o mal humor depende de los caprichos de su vulva. Prodigan amor falso cuando la perfidia las llena y forma como la trama de sus vestidos…
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 – Tienes razón, eso es lo que dice el profeta de las féminas.
 – La mujer es el origen del mal.
 – ¿Y la hija y la esposa del profeta Mohamed? ¿Y Amira, la amante del nabí Odirco Nelaba…?
 – La única mujer buena es la mujer muerta, y ellas están muertas.
 Hubo un momento de silencio; una vez más, Shar’iah, el de la Ley Viviente dirigió sus ojos penetrantes sobre Taqlid.
 – Aprieta tu pecho y contesta con sinceridad, hermano: ¿estás vivo?
 Por primera vez la imagen pareció vacilar. A simple vista habría sido imperceptible, pero  la mirada entrenada de Shar’iah, pudo advertir un leve parpadeo de la luz sobre su cuerpo.
 – Taqlid nunca muere.
 – Entiendes lo que te pregunto. Quiero saber si estás vivo, en cuerpo y alma en alguna parte de la nave.
 – No, Shar’iah, el de la Ley Viviente, no es así. Sin embargo, si lo que quieres es dejar de verme, no podrás hacerlo por mucho tiempo.
 Taqlid, el de Pensamiento Duro, rió, al principio lentamente y sus carcajadas fueron creciendo. Con su risa, su imagen fue perdiendo consistencia, parpadeó y desapareció. Junto al anciano, el llamado Hadud había registrado todo en una caja con un magnetómetro.

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GOCHO VERSOLARI

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