Narrativa: Canto de insectos nocturno – Saga I – Alemín, niño y Baraqah – Capítulo I – Introducción al infierno – Tercera parte

Alemín, niño y Baraqah – Capítulo I – Introducción al infierno – Tercera parte

Gocho Versolari

Siguen ocurriendo cosas extrañas en esa nave con forma de mezquita que surca el espacio y que fuera enviada por el Islam para trasmitir a todo el universo el mensaje del Korán. Uno de los oficiales, el más conflictivo, Taqlid el de Pensamiento Duro, muere aparentemente en su intento de descender al planeta llamado Infierno. Simultáneamente uno de los oficiales, el teniente Abdul Arabih enloquece y al parecer su mal se relaciona con una ola de luz líquida que llenara la nave y una muerte vinculada con esto. El anciano Shariah, el de la Ley Viviente, se pregunta si el fallecimiento de Taqlid y la locura de Abdul están relacionadas. Una indagación casi detectivesca en medio de un ambiente cargado con las verdades últimas. 

 

Shar’iah vistió su túnica negra y blanca y su turbante rojo. Entró en la sala con aspecto majestuoso; los demás jeques ya estaban reunidos y lo miraron expectantes.
 – Hermanos, han ocurrido muchas cosas en un tiempo muy breve. El entendimiento va detrás de los sucesos. Nosotros, como Consejo de Ancianos, debemos adelantarnos. Narraremos lo ocurrido desde que el hermano Taqlid, el de Pensamiento Duro, intentó bajar al planeta ardiente. Al parecer, Abdul, el Teniente que padece un profundo trastorno de personalidad, tuvo una crisis coincidiendo con su incineración. Asimismo, uno de los hologramas del fallecido apareció frente a mí, afirmando doctrinas heréticas…
 – ¿ Doctrinas heréticas en Taqlid?
 Lo interrumpió Abd, el Servidor de Allah, uno de los jeques mas versados en ingeniería y, a la vez, en el Nuevo Korán.
 – Llamo doctrina herética a toda aquella que cuestiona el poder de Allah. Eso es lo que dijo el holograma de Taqlid, que deshice con una de las linternas de fotones dorados. Aquí hay dos preguntas: La primera es si Taqlid realmente murió…
 – Hermano – interrumpio ahora Bilhakki, el Veraz, Jefe de los Ulemas y miembro del Diwán a pesar de su juventud – todos lo hemos visto deshacerse en llamas frente a nuestros ojos.
 – Hemos visto una imagen de Taqlid, pero desde que los ingenieros han desarrollado y puesto en funcionamiento el sistema holográfico, ocurren cosas extrañas en la nave.
 Abd, el Servidor de Allah, intervino otra vez.
 – Los hologramas tienen una función muy precisa y es la de proyectar imágenes humanas lo más completas posibles para facilitar la exploración de los planetas que recorremos. Fuera de esto es imposible usarlos para otras cosas. Si lo que colgaba sobre el planeta en llamas fuera una imagen espectral u holográfica del hermano Taqlid, los instrumentos de la nave lo habrían detectado.
 Mientas el jeque hablaba, Shar’iah extrajo de un pliegue de su gandura varios documentos y los ordenó frente a sí.
 – Hermano esto no es cierto – respondió a Abd – Reconozco que además de ser un jeque criterioso y versado en las cuestiones sacras, eres un excelente ingeniero; que has participado en la elaboración del sistema holográfico, pero te recuerdo que el mismo fue diseñado mucho después que los demás instrumentos de la nave. Es decir, que si no era el verdadero Taqlid, el de Pensamiento Duro, el que colgaba sobre las llamas, los sensores convencionales podrían no haberlo detectado. En fin, lo que propongo al respecto es que se suspendan los funerales hasta tanto nos aseguremos de su muerte…
El debate siguió durante un rato. Gradualmente los jeques asintieron a lo que decía Shar’iah, el de la Ley Viviente. Todos menos el anciano Abd, que votó en disidencia.
 – Es ofender la memoria de alguien tan fiel a Allah como el hermano Taqlid, el de Pensamiento Duro. Sabed hermanos, que cuando decimos “Penamiento Duro” nos estamos refiriendo a la solidez de sus aseveraciones. Elevaré a los Tribunales Panislámicos de la Tierra una protesta: el hermano Shar’iah está molesto porque en cierto momento fue increpado por Taqlid y ésta es una forma de vengarse….
 – Ahora el segundo punto – Shar’iah, el de la Ley Viviente, no se inmutó ante la acusación – la locura del teniente Abdul Arabih.
 – ¿Qué tiene que ver con esto? – intervino Abd, el Servidor de Allah.
 – El Diwán se ha reunido para determinarlo, hermano. Si no hay ninguna vinculación  lo  resolveremos, escucharemos y obedeceremos… Ahora vuelvo a los hechos: hace un par de semanas, una ola de luz líquida recorrió la nave cuando la mayoría de la tripulación  estaba descansando. Se descartó cualquier situación accidental, como una descarga de rayos o la cola de un meteoro; la luz provenía del cuarto del Teniente Abdul… pero tenemos la versión del técnico que estaba de guardia aquella noche.
 A una orden de Shar’ iah se encendió una pantalla y apareció el rostro de un tripulante, que en posición de firme habló a la cámara. El jeque  adelantó el video digital a fin de trasmitir el pasaje señalado.
 – … En el último día del mes de Ramadán,  fuimos sorprendidos por una ola de luz líquida que llegaba de la nave. Era un resplandor ambarino y brillante, que  alarmó a los tres tripulantes que controlábamos el funcionamiento de las ordenadors periféricas. Llegó y pasó  sin consecuencias. Enseguida conectamos las terminales y los sensores: Encontramos un elemento no contaminado que se degradaba rápidamente hacia el espacio. De inmediato detectamos que todos los oficiales se encontraban en sus puestos, con excepción del Capitán Giafar y el Asesor Principal Taqlid, el de Pensamiento Duro…
 Shar’ iah, el de la Ley Viviente, detuvo la trasmisión.
 – Aquí tengo documentación por la cual el Capitán Giafar estaba atendiendo a una pequeña fuga de corriente  en el módulo inferior de la nave. En cuanto a Taqlid, afirmó haber escuchado un ruido, pero las coordenadas de las ordenadors en aquella hora, lo ubican en la habitación del Teniente Abdul Arabih,  de donde salió aceleradamente. También detectan que en el momento de la irrupción de la luz  ambarina, se usó un alfanje láser. Como resultado de lo ocurrido, el Teniente  entró en el estado en que lo vemos ahora…
– Esto es inaudito – Todos se sobresaltaron: Abd, el Servidor de Allah, se había incorporado, golpeando la mesa con el puño, circunstancia impensada en las reuniones de Diwán.
 – Hermano, será inaudito, pero puedo afirmar esto  oficialmente. Desde lo ocurrido, se ha constatado que las máquinas funcionen bien y existe una filmación que está siendo procesada y que reflejará lo ocurrido en la habitación  del Teniente Abdul Arabih aquella noche.
 El anciano se contuvo y apretó sus labios, sentándose otra vez.. Su rostro pasó del blanco al amarillo y habló con dificultad
 – Hermano, pido perdón a la asamblea por mi reacción. A partir de este momento no intervendré en el Diwán.
 – No es necesario, hermano – repuso Shar’iah –  La parte resolutiva ya pasó. Nos reuniremos aquí  en la próxima madrugada, a evaluar los hechos en la medida que tengamos nuevos elementos.
 Todos recitaron la primera sura del Nuevo Korán, con sus cabezas dirigidas a La Meca y se levantaron. Shar’iah, el de la Ley Viviente, fue hasta su habitación, tomó un té de frutas con vainilla y canela y se dirigió hacia la unidad sanitaria, donde estaba internado Abdul.
 
 Over_the_clouds_by_ambrits
 – Querido hermano jeque, la paz de Allah sea contigo – saludó al anciano el  médico psiquiatra.
 – Y que corone tu faz, querido hermano médico. Venía a revisar las novedades sobre el teniente Abdul.
 – Tenemos noticias. Pasa al salón de informes.
 Entraron a una habitación con una gran pantalla. El médico proyectó un video digital que mostraba las vísceras de un cuerpo humano:  hígado, riñones, corazón,  todo ardiendo con llamas azules.
 – Este es el interior de Abdul Arabih. Los psiquiatras no cerebrocéntricos han llegado a la conclusión de que son llamas de locura sagrada.
 – ¿Me quieres decir que Abdul tiene el famoso mal de los profetas y los santos?
 – Esa es la conclusión: él habría tenido consigo las llaves del infierno, y en algún momento atravesó sus puertas. Eso conduce inevitablemente a esta  locura; las llamas que puedes ver en el  interior de su cuerpo aumentan o disminuyen con su delirio. A la vez son llamas que en cualquier momento pueden convertirse en hielo…
 – Explícame, médico.
 El hombre levantó una campana que cubría otra más pequeña donde ardía una llama azul.
 – Aquí aislamos una porción de su fuego. Cuando lo sometimos a su ira, se transformó en un  trozo de hielo…
 – ¿Qué ocurre si se congela el fuego que vemos en su interior?
 – No lo sabemos con exactitud. En caso de hacerlo podría caer  en un estado de catatonia, de autismo  del que quizá no regrese.
 – ¿Hay cura para esto?
 – Sólo Allah lo sabe.
 Shar’ iah pidió permiso para entrevistar a Abdul.
 – No hay problema, anciano. Está sedado, consciente y tranquilo. No creo que tu presencia resulte problemática para él.
 Shar’ iah volvió a entrar a la habitación iluminada por la falsa luna terrestre. El Teniente tenía los ojos cerrados, pero al sentir sobre sí la mirada del anciano, los abrió.
 – Cuéntame algo, Abdul. Hoy hicimos juntos la Kebla.
 El teniente lo miró sin contestar.
 – ¿Franqueaste las puertas del infierno como el nabí Ibn Odirco Nelaba?
 Tampoco habló pero sus labios se movieron levemente.
 – ¿Quieres contarme sobre eso?
 Pasó un largo rato antes que Abdul contestara: su mente parecía seguir un curso propio, como si ignorara la presencia de Shari’ah y se concentrara en imágenes interiores.
 – Donde la vida se acababa, donde la luz disminuía buscando su desaparición definitiva, donde las pasiones desaparecían, surgió ella al borde del lago y me dijo  Ni tú ni yo resolveremos el misterio de mi cuerpo; ni tú ni yo leeremos la escritura secreta trazada en mi piel; ambos nos amaremos sin saber qué oculta el velo, pero cuando el velo caiga ya no seremos tú y yo.
 – ¿Y cayó el velo?
 – El velo cayó, y cuando nos unimos íntimamente conocí el cielo y supe que también era el infierno.
– ¿Viste a esa mujer en la nave?
 – En la nave llegué al centro del infierno. Ella me lo advirtió pero no le hice caso: la amaba demasiado. La rigidez la mató como al maestro al-Hallaj, el Cardador de Conciencias
 – ¿Qué quieres decir?
 – Usted me contó muchas veces la historia. Al-Hallaj: gritó Soy Allah y los soldados lo decapitaron. Ella no necesitó gritar que era Allah. Bastó con retirar su velo y mostrar su belleza para atraer el odio, para que cortaran su cabeza y que la misma rodara por los espacios gritando mi nombre…
 Abdul se interrumpió; su voz temblaba; una lágrima cayó por su mejilla izquierda. Shar’iah dejó de hablar: recordando la recomendación del médico.
 – Hermano, todo se arreglará. Vendré más tarde a invocar la Kebla contigo. Ahora debes descansar… ¿me escuchas?
 – Si, maestro, trataré de descansar.
 Shar’iah vistió su túnica negra y blanca y su turbante rojo. Entró en la sala con aspecto majestuoso; los demás jeques ya estaban reunidos y lo miraron expectantes.
 – Hermanos, han ocurrido muchas cosas en un tiempo muy breve. El entendimiento va detrás de los sucesos. Nosotros, como Consejo de Ancianos, debemos adelantarnos. Narraremos lo ocurrido desde que el hermano Taqlid, el de Pensamiento Duro, intentó bajar al planeta ardiente. Al parecer, Abdul, el Teniente que padece un profundo trastorno de personalidad, tuvo una crisis coincidiendo con su incineración. Asimismo, uno de los hologramas del fallecido apareció frente a mí, afirmando doctrinas heréticas…
 – ¿ Doctrinas heréticas en Taqlid?
 Lo interrumpió Abd, el Servidor de Allah, uno de los jeques mas versados en ingeniería y, a la vez, en el Nuevo Korán.
 – Llamo doctrina herética a toda aquella que cuestiona el poder de Allah. Eso es lo que dijo el holograma de Taqlid, que deshice con una de las linternas de fotones dorados. Aquí hay dos preguntas: La primera es si Taqlid realmente murió…
 – Hermano – interrumpio ahora Bilhakki, el Veraz, Jefe de los Ulemas y miembro del Diwán a pesar de su juventud – todos lo hemos visto deshacerse en llamas frente a nuestros ojos.

Séta

 – Hemos visto una imagen de Taqlid, pero desde que los ingenieros han desarrollado y puesto en funcionamiento el sistema holográfico, ocurren cosas extrañas en la nave.
 Abd, el Servidor de Allah, intervino otra vez.
 – Los hologramas tienen una función muy precisa y es la de proyectar imágenes humanas lo más completas posibles para facilitar la exploración de los planetas que recorremos. Fuera de esto es imposible usarlos para otras cosas. Si lo que colgaba sobre el planeta en llamas fuera una imagen espectral u holográfica del hermano Taqlid, los instrumentos de la nave lo habrían detectado.
 Mientas el jeque hablaba, Shar’iah extrajo de un pliegue de su gandura varios documentos y los ordenó frente a sí.
 – Hermano esto no es cierto – respondió a Abd – Reconozco que además de ser un jeque criterioso y versado en las cuestiones sacras, eres un excelente ingeniero; que has participado en la elaboración del sistema holográfico, pero te recuerdo que el mismo fue diseñado mucho después que los demás instrumentos de la nave. Es decir, que si no era el verdadero Taqlid, el de Pensamiento Duro, el que colgaba sobre las llamas, los sensores convencionales podrían no haberlo detectado. En fin, lo que propongo al respecto es que se suspendan los funerales hasta tanto nos aseguremos de su muerte…
El debate siguió durante un rato. Gradualmente los jeques asintieron a lo que decía Shar’iah, el de la Ley Viviente. Todos menos el anciano Abd, que votó en disidencia.
 – Es ofender la memoria de alguien tan fiel a Allah como el hermano Taqlid, el de Pensamiento Duro. Sabed hermanos, que cuando decimos “Penamiento Duro” nos estamos refiriendo a la solidez de sus aseveraciones. Elevaré a los Tribunales Panislámicos de la Tierra una protesta: el hermano Shar’iah está molesto porque en cierto momento fue increpado por Taqlid y ésta es una forma de vengarse….
 – Ahora el segundo punto – Shar’iah, el de la Ley Viviente, no se inmutó ante la acusación – la locura del teniente Abdul Arabih.
 – ¿Qué tiene que ver con esto? – intervino Abd, el Servidor de Allah.
 – El Diwán se ha reunido para determinarlo, hermano. Si no hay ninguna vinculación  lo  resolveremos, escucharemos y obedeceremos… Ahora vuelvo a los hechos: hace un par de semanas, una ola de luz líquida recorrió la nave cuando la mayoría de la tripulación  estaba descansando. Se descartó cualquier situación accidental, como una descarga de rayos o la cola de un meteoro; la luz provenía del cuarto del Teniente Abdul… pero tenemos la versión del técnico que estaba de guardia aquella noche.
 A una orden de Shar’ iah se encendió una pantalla y apareció el rostro de un tripulante, que en posición de firme habló a la cámara. El jeque  adelantó el video digital a fin de trasmitir el pasaje señalado.
 – … En el último día del mes de Ramadán,  fuimos sorprendidos por una ola de luz líquida que llegaba de la nave. Era un resplandor ambarino y brillante, que  alarmó a los tres tripulantes que controlábamos el funcionamiento de las ordenadors periféricas. Llegó y pasó  sin consecuencias. Enseguida conectamos las terminales y los sensores: Encontramos un elemento no contaminado que se degradaba rápidamente hacia el espacio. De inmediato detectamos que todos los oficiales se encontraban en sus puestos, con excepción del Capitán Giafar y el Asesor Principal Taqlid, el de Pensamiento Duro…
 Shar’ iah, el de la Ley Viviente, detuvo la trasmisión.
 – Aquí tengo documentación por la cual el Capitán Giafar estaba atendiendo a una pequeña fuga de corriente  en el módulo inferior de la nave. En cuanto a Taqlid, afirmó haber escuchado un ruido, pero las coordenadas de las ordenadors en aquella hora, lo ubican en la habitación del Teniente Abdul Arabih,  de donde salió aceleradamente. También detectan que en el momento de la irrupción de la luz  ambarina, se usó un alfanje láser. Como resultado de lo ocurrido, el Teniente  entró en el estado en que lo vemos ahora…
– Esto es inaudito – Todos se sobresaltaron: Abd, el Servidor de Allah, se había incorporado, golpeando la mesa con el puño, circunstancia impensada en las reuniones de Diwán.
 – Hermano, será inaudito, pero puedo afirmar esto  oficialmente. Desde lo ocurrido, se ha constatado que las máquinas funcionen bien y existe una filmación que está siendo procesada y que reflejará lo ocurrido en la habitación  del Teniente Abdul Arabih aquella noche.
 El anciano se contuvo y apretó sus labios, sentándose otra vez.. Su rostro pasó del blanco al amarillo y habló con dificultad
 – Hermano, pido perdón a la asamblea por mi reacción. A partir de este momento no intervendré en el Diwán.
 – No es necesario, hermano – repuso Shar’iah –  La parte resolutiva ya pasó. Nos reuniremos aquí  en la próxima madrugada, a evaluar los hechos en la medida que tengamos nuevos elementos.
 Todos recitaron la primera sura del Nuevo Korán, con sus cabezas dirigidas a La Meca y se levantaron. Shar’iah, el de la Ley Viviente, fue hasta su habitación, tomó un té de frutas con vainilla y canela y se dirigió hacia la unidad sanitaria, donde estaba internado Abdul.
 – Querido hermano jeque, la paz de Allah sea contigo – saludó al anciano el  médico psiquiatra.
 – Y que corone tu faz, querido hermano médico. Venía a revisar las novedades sobre el teniente Abdul.
 – Tenemos noticias. Pasa al salón de informes.
 Entraron a una habitación con una gran pantalla. El médico proyectó un video digital que mostraba las vísceras de un cuerpo humano:  hígado, riñones, corazón,  todo ardiendo con llamas azules.
 – Este es el interior de Abdul Arabih. Los psiquiatras no cerebrocéntricos han llegado a la conclusión de que son llamas de locura sagrada.
 – ¿Me quieres decir que Abdul tiene el famoso mal de los profetas y los santos?
 – Esa es la conclusión: él habría tenido consigo las llaves del infierno, y en algún momento atravesó sus puertas. Eso conduce inevitablemente a esta  locura; las llamas que puedes ver en el  interior de su cuerpo aumentan o disminuyen con su delirio. A la vez son llamas que en cualquier momento pueden convertirse en hielo…
 – Explícame, médico.
 El hombre levantó una campana que cubría otra más pequeña donde ardía una llama azul.
 – Aquí aislamos una porción de su fuego. Cuando lo sometimos a su ira, se transformó en un  trozo de hielo…
 – ¿Qué ocurre si se congela el fuego que vemos en su interior?
– No lo sabemos con exactitud. En caso de hacerlo podría caer  en un estado de catatonia, de autismo  del que quizá no regrese.
 – ¿Hay cura para esto?
 – Sólo Allah lo sabe.
 Shar’ iah pidió permiso para entrevistar a Abdul.
 – No hay problema, anciano. Está sedado, consciente y tranquilo. No creo que tu presencia resulte problemática para él.
 Shar’ iah volvió a entrar a la habitación iluminada por la falsa luna terrestre. El Teniente tenía los ojos cerrados, pero al sentir sobre sí la mirada del anciano, los abrió.
 – Cuéntame algo, Abdul. Hoy hicimos juntos la Kebla.
 El teniente lo miró sin contestar.
 – ¿Franqueaste las puertas del infierno como el nabí Ibn Odirco Nelaba?
 Tampoco habló pero sus labios se movieron levemente.
 – ¿Quieres contarme sobre eso?
 Pasó un largo rato antes que Abdul contestara: su mente parecía seguir un curso propio, como si ignorara la presencia de Shari’ah y se concentrara en imágenes interiores.
 – Donde la vida se acababa, donde la luz disminuía buscando su desaparición definitiva, donde las pasiones desaparecían, surgió ella al borde del lago y me dijo  Ni tú ni yo resolveremos el misterio de mi cuerpo; ni tú ni yo leeremos la escritura secreta trazada en mi piel; ambos nos amaremos sin saber qué oculta el velo, pero cuando el velo caiga ya no seremos tú y yo.
 – ¿Y cayó el velo?
 – El velo cayó, y cuando nos unimos íntimamente conocí el cielo y supe que también era el infierno.
– ¿Viste a esa mujer en la nave?
 – En la nave llegué al centro del infierno. Ella me lo advirtió pero no le hice caso: la amaba demasiado. La rigidez la mató como al maestro al-Hallaj, el Cardador de Conciencias
 – ¿Qué quieres decir?
 – Usted me contó muchas veces la historia. Al-Hallaj: gritó Soy Allah y los soldados lo decapitaron. Ella no necesitó gritar que era Allah. Bastó con retirar su velo y mostrar su belleza para atraer el odio, para que cortaran su cabeza y que la misma rodara por los espacios gritando mi nombre..
Abdul se interrumpió; su voz temblaba; una lágrima cayó por su mejilla izquierda. Shar’iah dejó de hablar: recordando la recomendación del médico.
 – Hermano, todo se arreglará. Vendré más tarde a invocar la Kebla contigo. Ahora debes descansar… ¿me escuchas?
 – Si, maestro, trataré de descansar.
 Abdul cerró los ojos;  su rostro se sacudió un momento y quedó inmóvil, como dormido.

__Let_me_show______by_ambrits

 

GOCHO VERSOLARI

2 Comments

Comenta. Comenta. Son importantes tanto las caricias como las bofetadas.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.