Agosto 05

Barcelona / j re crivello

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La luz en la habitación era baja, solo fue entrar y percibir que había otra persona, deduje que era un tipo, alto, con gafas y un bigotito destinado a acentuar la risa. Le pregunte como sintiéndome invadido:

– ¿Quién hay? Él no contesto y se mantuvo a la expectativa. Quise repetir la frase pero mantuve un prudente silencio, el largo rato de duda nos mantuvo a casi 5 metros. Era mi casa, mi estudio y el espacio donde pasaba largas horas. De repente el teléfono sonó y contuve la respiración. Cuál fue mi sorpresa que el ¡cogió el aparato! y dijo: “hola”. Del otro lado hablaron unos tres minutos, luego dijo: “él no está, pero si quiere puede dejarme el recado”. Pasaron unos segundos y colgó. Él se dirigió hasta mí en aquella negrura cargada de angustia para decir:

–Era su madre y dice que mañana le espera a comer…

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