Narrativa: La ruta de los pájaros – Relato por Gocho Versolari (2)

La ruta de los pájaros – Relato por Gocho Versolari (2)

 

Resumen de la primera parte:

Inspirado por su amigo Pablo que habría encontrado su propio “Simorg”, es decir que siguiendo el camino de los pájaros se había convertido en uno de ellos, el protagonista decide imitarlo y sin quererlo se encuentra convertido en líder de una nueva y poderosa religión. La misma pregona la humildad y el despojo de las aves, lo que no se traduce en una práctica consecuente del flamante credo. 

A partir de entonces, vestido con mi túnica de pájaro, fui invitado a las principales redes mediáticas del mundo y mi prédica se trasmitió en numerosos idiomas. Seguía elogiando la vida simple de las aves, pero rodeado de amplias oficinas, comidas exquisitas y con una mujer diferente cada noche. Los monjes de la religión, con jerarquías de cardenales y obispos,  se alojaban en un convento construido con los fondos de los principales patrocinadores; allí, cubiertos de plumas, se dedicaban a comer alpiste y otras semillas como parte de la famélica dieta que los prepararía para el Simorg.
 Así pasaron siete años y una mañana, entre las veinte audiencias diarias, recibí a Mauricio, el amigo que al propagar la noticia de mi locura, iniciara sin quererlo la nueva religión.
 Quiero que veas algo — dijo y exhibió una película grabada con su celular. La cámara se detenía en una de las ventanas de un gran edificio, en cuyo interior varios empleados en mangas de camisa, trabajaban sin cesar.  Me costó reconocerlo, cuidadosamente peinado, con gruesos bigotes y una corbata ancha que ocupaba todo el pecho. Mauricio detuvo la proyección en un primer plano y entonces no tuve dudas: aquel oficinista oprimido, era Pablo González Rey, el Hombre Águila, cuya transformación inspirara la Ruta de los Pájaros. Mauricio detuvo el video, guardó su celular y me comentó con una sonrisa:
 Dijiste que una noche se presentó en tu ventana convertido en pájaro y allí surgió la  leyenda que es la base de tu religión…
 Era cierto: la Visión era la piedra angular que sostenía el dogma y la ética de aquella iglesia fastuosa que de la nada me había llevado a la riqueza. Me sentí un poco estúpido cuando pensé en las veces que  había buscado a Pablo en el cielo o entre los árboles de la plaza.  Aquella película lo mostraba con ese aspecto ruinoso y miserable;  el abdomen crecido y el rostro de sufrimiento detrás del escritorio.   
 Luego de afirmar que aquel video indicaba que el hombre sólo podía volar en los aviones, Mauricio cambió de tema y al principio no entendí sus palabras. Mencionó el alto costo de la vida, su bajo salario como profesor y cantidad de proyectos que tenía aplazados por falta de efectivo. Le pedí que explicara lo que quería decir; entonces afirmó que destruiría el video si recibía dos millones de pesos.
 Estudié el balance de la iglesia, y sé  que eso no es nada para ti. — agregó
 Con la rapidez que me dieran los años de negociar con poderosos,  no discutí y firmé el cheque con el monto requerido. Mauricio me entregó lo que sería la versión original del video. Le agradecí, nos estrechamos las manos, y apenas hubo salido, llamé al hombre que una vez me ofreciera sus servicios de limpieza. Veinticuatro horas después, mi amigo estaba en la morgue del hospital. Había sido atropellado por un automóvil y nadie pudo identificar al conductor.
 Debía encontrar a Pablo y pedirle explicaciones. Mauricio había mencionado el nombre de una ciudad vecina y en pocas horas, una agencia de detectives contratada por la Ruta de los Pájaros, averiguó su dirección y teléfono. Al otro día viajé hasta el lugar y  me comuniqué con él. Su tono era temeroso, de modo que hablé con voz tranquilizadora y recordé viejos tiempos, tratando de brindarle confianza. Accedió a una cita y nos encontramos tres horas más tarde en un café del centro de la ciudad.
  Gordo, sudoroso,   rostro blanco y expresión acosada; Pablo  era una ruina. En su semblante no había rastros de frescura y mucho menos del majestuoso perfil del águila  que una vez golpeara mi ventana. Me extendió su mano fría, sin fuerzas y se sentó mirando inquieto a todas partes.
 Me explicó que luego de su conversión en ave, debía dar un último paso para entrar definitivamente al Simorg, pero antes de hacerlo se presentó en la casa de Paola para despedirse. Su novia lo recibió con un sonoro escándalo y le anunció el embarazo. Fue entonces cuando Pablo decidió renunciar transitoriamente a la vida de pájaro;  Obtuvo aquel trabajo como oficinista a fin de apoyar a Paola hasta el nacimiento del niño, pero luego ella volvió a quedar embarazada y así pasaron los años.     
 Mi ofrecimiento fue demasiado generoso: lo entronizaría como sumo sacerdote de la religión y la  fecha de dicho acontecimiento sería el equivalente de la Hégira o del nacimiento de Cristo  .   Tendría una residencia para él  y su familia y un sueldo vitalicio que multiplicaba muchas veces  el que recibía en su trabajo de oficina.
 Fuimos a su casa y repetí el ofrecimiento frente a Paola que en todo momento me miró con ojos escépticos. Su vientre abultado caía en pliegues de grasa y los brazos obesos asomaban de su vestido. Los ojos eran pequeños y brillantes como los de una serpiente (recordé   que los ofidios son enemigos de los pájaros).  Cuando hablé de la casa, las regalías y el dinero que iban a recibir, negó todo el tiempo con la cabeza.  Debemos pedir  más — murmuraba a cada momento — Pablo es un hombre muy brillante y le va a hacer ganar mucho a la iglesia. Me escuchaba con una gota de saliva cayendo por su doble mandíbula; el cuarto estaba lleno de su aliento a licor y los tres niños no dejaban de llorar colgados de la falda.
 Afirmó no creer en el dogma de La Ruta de los Pájaros, y si no estaba dispuesto a duplicar la oferta, ella, como esposa de quien fuera el origen de todo, haría una declaración pública denunciando que esa religión era un fraude.
 Accedí con entusiasmo; le pedí que sirviera unas copas de vino para celebrar; cuando pude pase al baño y desde allí llamé otra vez al hombre de la limpieza. Esa misma noche, la novia de mi amigo falleció al caer desde el tercer piso del departamento que ocupaban.   Pablo no la lloró mucho y organizamos un fastuoso entierro, en el que Paola fue exhumada con profusión de plumas color cobre, como correspondía a la esposa del Simorg. Los niños quedaron a cargo del padre, para ser  educados en una   escuela de la Ruta de los Pájaros.    
 Durante un año, mi amigo, convertido de pronto en un buen orador, brindó encendidos discursos a los adeptos de la religión. Formó su propio grupo y a medida que pasaban los meses, exigió más poder. Finalmente se armaron dos facciones, que llevaron la iglesia al borde del cisma, hasta que mis espías me informaron del plan de Pablo para expulsarme de la Ruta de los Pájaros y  constituirse en el Supremo Simorg.
 Me bastó llamar una vez más al hombre de la limpieza, y Pablo desapareció por completo. La explicación que difundí entre los fieles, fue que el Sumo Sacerdote había cumplido su objetivo inicial de convertirse en pájaro, perdiéndose en la azul inmensidad del firmamento.

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 Quedé solo con un poder total  que me brindó años de placer vertiginoso, hasta iniciar mi propio Simorg.
 Al principio cambié de hábitos con relación a la comida. Compraba carne, la colocaba sobre la mesa de la cocina y la custodiaba, hasta que se volvía negra y despedía un olor nauseabundo; entonces la tragaba con glotonería en unos pocos bocados. La miopía que tuviera desde joven, curó espontáneamente, dejé los anteojos y mi vista se hizo mucho más aguda. Mi sed enorme me llevaba a beber litros de agua, los huesos se curvaron y mi rostro se afiló, hasta que una noche me transformé en un pájaro gigante, con ojos enormes, pico curvo y una curiosa bufanda de plumas blancas alrededor de mi cuello.
 Días enteros volé sediento del aire de la noche; crucé cementerios, hospitales, morgues deteniéndome en los lugares donde titilara la luz de la carroña. Ya no necesitaba llamar al hombre de la limpieza para matar. Esperaba a cualquier caminante solitario en un sitio aislado, me arrojaba sobre él y lo destrozaba con mi pico curvo; luego esperaba que el cadáver se descompusiera y lo devoraba.
 Disfrutaba mis vuelos con una alegría ansiosa, oscura. El último día que me presenté con mi aspecto de hombre, convoqué a  una asamblea de La Ruta de los Pájaros, donde anuncié mi  entrada al Simorg. Celebramos con un ritual la despedida de mi condición humana.
 Volé meses enteros, día y noche, sin cansarme. Sólo me detenía para devorar cadáveres. Crucé océanos, ríos, desiertos; recorrí el mundo hasta que un atardecer volví a mi ciudad natal y desde el cielo vi la casa de mi infancia. Abandonada, solitaria, nunca fue vendida luego de la muerte de mis padres. Con mi majestad de buitre, planee sobre ella. En el interior, había un par de perros muertos, y el olor delicioso me hizo entrar por el  destrozado ventanal de la cocina. Luego de devorar la carroña y antes de partir, vi el cuaderno abierto sobre la mesa y reconocí la letra del adolescente humano que alguna vez había sido.
 Debo realizar mi propio Simorg. En algún momento de mi vida, convertido en pájaro, abriré las alas y me remontaré a las alturas para no regresar.
 Con una carcajada negra y el estómago lleno, volé nuevamente al cielo de la noche.

 

buitres

GOCHO VERSOLARI

 

SAFE CREATIVE:
Código: 1207201998726
Fecha 20-jul-2012 1:36 UTC

1 Comment

  1. ¡Que formidable relato, qué maravillosa narración! Has hecho un perfecto eco literario del mito del SIMURG, en el que llevás al colmo las virtudes estéticas y supraestéticas de tu estilo y tu tema narrativo.Cada autor puede encontrar la alegoría y la parábola que desee , desde la más literal de una parodia del surgimiento de las religiones hasta las más analógicas que cada corazón sabe en ése su único e intrasferible camino.

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