Narrativa: La ruta de los pájaros – Relato por Gocho Versolari – (1)

La ruta de los pájaros – Relato por Gocho Versolari – (1)

 

Debo realizar mi propio Simorg. En algún momento de mi vida, convertido en pájaro, abriré las alas y me remontaré a las alturas para no regresar.
 Escribí este párrafo en mi cuaderno el día en que cumplí quince años,. Acababa de leer El Lenguaje de los Pájaros   poema místico del  islámico Farid Ud—Din Attar. En él narra que Treinta Pájaros dirigidos por la Abubilla, partieron a buscar a su Dios, al que llamaban Simorg, palabra que   se puede traducir como Treinta Pájaros. De este modo, las aves, procurando encontrar a su creador, terminarían hallándose a sí mismas.
 Cuando Pablo González Rey, mi amigo de la adolescencia, leyó el libro siguiendo mi consejo, tuvo una impresión arrolladora. Convencido de la realidad absoluta de lo que se narraba, decidió dejar su carrera de arquitectura y se concentró en el estudio de las aves de Argentina.    Luego de varios años de observación, de lectura de tratados de ornitología y especialmente de opiniones de aficionados, concluyó   que calandrias, gorriones, palomas y águilas, se habrían conjurado en un rincón perdido del país para encontrar al Simorg, quien reposaría solitario y majestuoso en un punto   entre las provincias de Rosario y Córdoba; a él conducirían las ocultas rutas aladas.
 Una tarde lluviosa en un café de Belgrano,  entre copas de ginebra y cigarrillos, me confesó que  había elaborado un método para descubrir los senderos de las aves, pero no contaba con el  suficiente dinero para llevarlo a la práctica.
 Al poco tiempo, Pablo ganó el total del  pozo vacante de una jugada del Loto, y me  llamó para anunciarme  que con el premio se dedicaría a encontrar y seguir las rutas de los pájaros, con el fin de expresar su propia condición de ave.   Arrendó un avión con el respectivo piloto para distribuir tres toneladas de alpiste, contrató baqueanos y alquiló unos veinte vehículos preparados para recorrer el desierto, con lo que gastó la totalidad del dinero. Según su teoría, el peso específico de las semillas las haría caer donde los pájaros  trazaran sus caminos ancestrales,  unos surcos más o menos profundos en la extensión despoblada de varios miles de hectáreas. En esa zona, el soplo nocturno del viento arrastraría el sobrante, y finalmente quedaría  el mapa de los avícolas senderos, el que conduciría al Simorg del propio Pablo González Rey
 En los días que mi amigo debía concretar su proyecto, me casé y tres meses después me divorcié, iniciando con ello un período turbulento de mi vida. Durante el resto del año olvidé a Pablo y su proyecto de búsqueda del Simorg.
 Un día recibí el llamado de Mauricio, un compañero de la adolescencia al que  no tratábamos mucho. Estaba preocupado por no tener noticias de Pablo;   sospechaba que hubiera sido captado por una secta, teniendo en cuenta sus inclinaciones místicas. Lo tranquilicé, afirmando que quizá hubiera hecho una larga excursión al cerro Uritorco y no comenté el proyecto de búsqueda del Simorg.
 En esa época vivía solo en una pensión de Caballito, acababa de dejar un trabajo y disponía de tiempo, de modo que traté de localizar a Pablo. Visité la casa que fuera de sus padres, pero la ocupaban nuevos dueños y ninguno de los amigos o conocidos pudo darme noticias de su paradero.
Decidí consultar a Paola, quien había sido su novia desde la secundaria.  No la veía desde aquel tiempo y al encontrarla, descubrí que había engordado; cara abotagada, ojos pequeños y una persistente y proclamada creencia de que el mundo estaba contra ella. Su vientre revelaba un embarazo casi a término. Repitió una y otra vez que Pablo  había gastado egoístamente  el dinero ganado en el Loto,  que la había abandonado y  no sabía nada de él.   
 Una semana después   tuve la Visión, (Siempre la pienso y escribo con mayúscula y en bastardilla).  En mitad de la noche, me despertaron golpes en  la ventana y al asomarme vi con espanto una monstruosa águila  que aporreaba el vidrio con su pico.    Me hacía señas con las garras y noté que los ojos eran inusualmente humanos. A regañadientes abrí la ventana.
 Soy Pablo — anunció el ave — estoy en las vísperas de obtener mi Simorg o sea mi condición total de pájaro y vine a buscarte para que demos un último  paseo nocturno en honor a nuestra amistad
 Al   mirarlo con atención, pude reconocer un visible lunar a la altura de la nariz, que en este caso sería el pico, y un par de verrugas que mi amigo exhibía desde siempre, pero lo que terminó de convencerme de su identidad,  fue la expresión entre nocente y perdida de la mirada.
 He llegado al Simorg — repitió— lo he mirado a los ojos y me ha convertido en pájaro. Te llevaré a un viaje nocturno en el que  podrás ver el mundo con los ojos de un ave.
 Acepté. Teniendo en cuenta el frío me puse unas medias de lana y me vestí  con una bata   de invierno. En el vuelo nocturno, pude ver los principales edificios y monumentos con forma de pájaro. Un San Martín emplumado, iglesias con pico y alas y descubrí que los propios hombres eran pájaros que volaban `persiguiéndose unos a otros; las alas eran las costillas, el cuerpo el esternón y la cola emplumada el pequeño cartílago que se extiende al final del pecho. 
 Quizá sea la última vez que nos veamos— dijo Pablo al devolverme a mi habitación — Siempre debes mirar   hacia arriba buscando bandadas; quizá yo vaya en ellas. También te pido que difundas este mensaje al mundo, porque  todos somos capaces de encontrar al Simorg.  

golden-eagle-1912744_1280

 Mientras se alejaba, mencionó a su novia, Paola, pero su voz se perdió en el ruido del viento y el águila se mezcló con imágenes oníricas.   El viaje nocturno hubiera sido un sueño más,  de no ser por las siete plumas que al despertar encontré en el dormitorio De inmediato me comuniqué con Mauricio y conté  lo ocurrido. No sigas buscando a Pablo  — afirmé al  final — Se ha convertido  en un águila.  
 Mi amigo difundió que estaba loco, no sólo ante colegas y conocidos. Citó mi confidencia en su cátedra de filosofía y a pesar de su intención burlona, un importante grupo de alumnos se interesó en el hecho. Uno de ellos obtuvo mi número de teléfono y me llamó para solicitar una entrevista. Aquella tarde recibí a diez jóvenes, quienes por primera vez escucharon fascinados mi relato del encuentro con el águila y del viaje nocturno.
 Todos somos pájaros — dije en el discurso improvisado e inspirado por la pasión que veía en ellos — todos buscamos perdernos en el firmamento como meta de nuestra realización…”
 Para ser breve, estos alumnos organizaron una conferencia en el aula magna de la universidad y asistí a la misma vistiendo una túnica blanca con un dibujo de alas a la altura de mis costillas, según correspondía a la verdadera naturaleza de los hombres revelada en mi viaje.    
 Los seguidores se multiplicaron y por una larga temporada  recorrí el país, narrando los detalles de la noche en que el Dios de los Pájaros, el Simorg con el rostro de mi amigo, llegó a mi ventana. No sé en qué momento surgió el dogma y la ética de la nueva religión que preconizaba la vida simple de las aves. Teniendo la inmensidad a su disposición, sólo requerían de unas pocas semillas para alimentarse.
 Pasado un año, aquello creció inesperadamente y de pronto me encontré en un despacho lujoso rodeado de computadoras y de sofisticados sistemas de  tecnología para llegar a mis fieles. Sobre mi escritorio, una frase escrita con plumas y picos anunciaba “La humilde iglesia de los pájaros es la más poderosas del mundo.
 Descubrí en mí mismo cualidades para las relaciones diplomáticas. En primer término acordé puntos en común con cardenales y obispos de la iglesia católica: entre la pobreza de Jesús y la de los pájaros, había mucho en común como para fundar un pacto de no agresión.
 Procuré que periodistas, militares y políticos se integraran a las filas de nuestra organización, para abarcar todas las ramas del poder. A los tres años se organizó el primer Concilio. Fue entonces cuando recibí una visita que en ese momento me resultó extravagante y un poco divertida. Entró a mi despacho un hombre de aspecto simple, sin rasgos ni expresiones destacadas; luego supe que  era parte de  una estrategia  para que lo olviden con facilidad y no lo identifiquen.
 Lo felicito por el crecimiento de su religión — dijo — vengo a ofrecerle un buen servicio de limpieza para cuando sea necesario.
 Le contesté que ya disponíamos de gente encargada del aseo, y mientras hablaba, negó con la cabeza sin dejar de sonreír.
 Me refiero a otra cosa.   Nuestra organización puede liquidar limpiamente y en pocas horas y por un precio módico a aquellos que usted nos señale.
 Contesté que no era necesario, ya que la Ruta de los Pájaros era una religión   basada en el amor y la tolerancia.
 Creo que va a necesitar mis servicios — insistió el hombre alcanzándome una tarjeta —  Su religión mueve a cientos de personas que en poco tiempo serán miles. Hay mucho poder en juego y eso hará que en algún momento nos necesite.
 Lo despedí y guardé la tarjeta en mi billetera.
 

Fin de la primera parte

adler-339128_1280

GOCHO VERSOLARI

Comenta. Comenta. Son importantes tanto las caricias como las bofetadas.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.