Narrativa: Fricka, la mujer de la luna- Fragmento 4 ¿Quién destruyó el hipocampo?

Fricka, la mujer de la luna- Fragmento 4 ¿Quién destruyó el hipocampo?

Gocho Versolari

Asdrúbal Pinzón es uno de los personajes más importantes de Ciudad Románica, el sitio donde el maltrato a la mujer es una institución. Asdrúbal dirige la agrupación “La Vaca” exclusivamente para hombres y que postula un “nuevo modelo de masculinidad”: la mujer requiere de la constante dirección y disciplina impuestas por el hombre. En el caso de Asdrúbal, durante más de treinta años sometió a su esposa Patricia: el subsuelo de su casa se convirtió en un museo repleto de instrumentos de tortura que aplicó sobre ella hasta quebrar su voluntad. Simultáneamente construyó un enorme hipocampo con piedras preciosas, símbolo del amor conyugal. 

En un fragmento anterior, Fricka, la mujer de la luna, que toma sobre sí la venganza de las mujeres maltratadas, despierta a Patricia en mitad de la noche y le brinda un poder enorme, que dura minutos, pero que le permite ejecutar la venganza contra su esposo. Ella decide destruir el hipocampo y lo logra a pesar de la enorme vigilancia que rodeaba a la enorme pieza.

En el presente fragmento, se procesa la película que registra los últimos minutos del hipocampo y surge con claridad el rostro del responsable de la destrucción y que no es otro que Patricia. ¿Qué hará Asdrúbal cuando se entere de la verdad?

 

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La normalidad volvía lentamente a la casa de Asdrúbal y de su mujer Patricia, aunque el hipocampo ya no estaba. El ejército de sirvientes, guardias de seguridad y todo tipo de empleados volvieron a ocupar sus lugares,
El departamento ejecutivo de la sección que había sido la encargada de vigilar el hipocampo no descansaba. Tenían la misión exclusiva de investigar lo que había ocurrido: con el sistema de vigilancia más sofisticado del planeta, alguien o algo había entrado y destruido con un solo golpe el hipocampo.
El departamento ubicado en el punto más alto del edificio que ocupaba la sección de vigilancia, ténía en aquellos días una agitación imprevista. Sin embargo aquella mañana, para alguien que pudiera verlo de afuera, comprobaría que esa agitación se había transformado en un clima primero de asombro y luego de preocupación.
– ¿Quién será el encargado de informar lo que ocurre al señor Pinzón? ´- preguntó el director general del departamento,  Teniente Amarillo Azul Mejías, sabiendo que esa misión le correspondía a él.
Ninguno de los presentes respondió. Acababan de recibir del laboratorio de Australia, la  película, la última que fuera tomada por las cámaras que rodeaban al hipocampo. La última imagen de la destrucción en que las perlas  se dispersaban por el golpe, estaba aún en la enorme pantalla. En Australia se habían encargado de utilizar un sistema especial, de última generación por el cual habían procesado nuevamente la película logrando unpunto en que todo lo que había tomado, por más rápido que fuera se vería retardado, como en cámara lenta.
– Vuélvala a pasar. Quiero verla otra vez.
El sargento encargado asintió y dio la orden al aparato para que reprodujera nuevamente el disco desde el principio
En la pantalla  apareció en tres dimensiones el hipocampo en toda su gloria. De pronto algo hendió las nubes. La primer cámara tomó una figura que se movía lentamente, aunque se calculaba que su velocidad era cercana a la de la luz. Se trataba de una mujer por la contextura de su cuerpo y por el cabello largo y rubio que se agitaba a medida que volaba.
La otra cámara de inmediato casi la tomó de frente durante unos momentos.
– Ahí, detenga – pidió en comandante.
La cámara se detuvo en el acto mostrando el rostro de la mujer.
– ¿Tomó las fotos correspondientes?
– Está todo bajo control señor
En la pantalla se veía el rostro de Patricia Jiménez, la esposa de Asdrúbal. Era un poco difícil de precisar ya que estaba deformado por la fueria aunque eran sus rasgos.La filmación terminó con la mujer precipitándose sobre el hipocampo y destruyéndolo.
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A pesar de la sorpresa y el disgusto que había representado la destrucción del hipocampo, Asdríubal se sentía bíen. Sus hombres se estaban encargando de averiguar de quién se trataba, y él por su parte, estaba haciendo las indagaciones correspondientes. Aquella tarea de indagar, conseguir que muchos se sometan a su voluntad, convertirlos en soplones, le encantaba,  lo hacía sentir vivo.
El gobernador de Ciudad Románica lo había visitado para darle las condolencias por la destrucción del hipocampo El gobernador era el rival político de Asdrúbal. Era mucha la prensa qaue hablaba de una dualidad de poder en la ciudad. Ahora el hombre, gordo, pequeño, con una traspiración incesante en su rostro, expresaba con voz atiplada su voluntad de “aniquilar a las fuerzas inconfesables del caos y la destrucción”.
Muchas acciones de Asdrúbal apuntaban a desplazar su poder y reemplazarlo por el suyo propio. Mientras el gobernador le expresaba su preocupación por la destrucción del hipocampo, en el escritorio había un periódico con la primera plana visible: “El día de los dos gobernadores”. La nota hacía referencia a un monumento dedicado a la rudeza del hombre, en que la agrupación “La Vaca” costeara la construcción de una escultura abstracta destinada a representar la primacía natural del hombre sobre la mujer.  La misma había sido inaugurado por el gobernador oficial en la mañana y por Asdrúbal en la tarde.
Varios edificios públicos habían pasado a  manos de Asdrúbal o de la organización La Vaca, Testaferros, empresas fantasmas iban apoderándose del poder de Ciudad Románica. Por eso Asdrúbal sonreía frente a aquel hombre que despotricaba contra las fuerzas del caos. Estaba convirtiéndose en una figura meramente decorativa. c
Asdrúbal despidió al gobernador y quedó solo en su oficina. Ahora su prestigio disminuía por la destrucción del hipocampo. Todos advertían esa grieta imprevista en su vida. y sólo podía recuperarlo un intenso golpe de efecto. Descubriendo al culpable, porque Asdrúbal sabía que había un culpable.
– Señor Asdrúbal
La pantalla de su intercomunicador se encendió de pronto. Era el comandante del pequeño ejército encargado de la vigilancia.
– Que necesita Amarillo?
– Señor Asdrúbal, si no está muy ocupado queremos exhibirle en forma personal la película que acaban de enviar de Australia.
– ¿Tiene elementos que no conozcamos?
– Me temo que sí, señor.
– Entonces vengan a mi despacho confidencial.
Asdrúbal sabíaque en condiciones normales, el comandante se limitaría a exhibir la película a través de la pantalla central del intercomunicador. Algo muy grave debía ocurrir para que insistiera en verlo. Unos segundos después el comandante y su asistente se presentaron portando la película. El hombre, de unos cincuenta años, mostraba una intensa arruga de preocupación en la frente.
– por su expresión, comandante, veo que ocurre algo grave. Entiendo qaue la película muestra al responsable de lo que ocurrió
– Es mejor que vea todo usted mismo, señor.
Las imágenes empezaron a proyectarse, y antes que mostraran la cara, Asdrúbal murmuró
 – Es patricia…
Vio hasta el final su rostro enloquecido, su boca abierta en un grito de furia y su puño golpeando contra el diamante destruyéndolo.
– Es patricia no hay duda – repitió Asdrúbal – reconozco esa marca en su cuello. Fue un golpe que yo mismo le di hace veinte años. ¿Por qué me haría una cosa así?
Asdrúbal no parecía furioso, sino deprimido. Sus hombros estaban caídos y empezó a golpear la mesa obsesivamente. El comandante hizo una señal con la cabeza a sus subalternos, y todos se marcharon.
2
Patricia tembló cuando vio la cara de su esposo. Tantos años de haber sido golpeada, la habían acostumbrado a reconocer ese brillo en sus ojos, esos labios húmedos, esa furia sorda y silenciosa que precedía a los castigos más crueles.
Fue en las primeras horas de la noche, cuando Patricia se había realizado la cura en la pierna a través de aguas termales y tibias, la pierna que Adrúbal en uno de sus golpes había llegado a dislocar. Estaba tranquila de espaldas a la puerta, cuando de pronto sintió una sensación extraña, una inquietud que al principio no recnoció pero que luego se precisó de pronto como una certeza imparable. Era asdrúbal: hacía un largo rato que estaba detenido en la puerta, mirándola fijamente.
Ella había terminado el baño a su pierna y la retiró
– ¿Qué pasa, Koba? – preguntó y al pronunciar su nombre, un diminutivo de los primeros años de matrimonio, advirtió que la voz temblaba levemente. Advirtió que actuaba como en otra época cuando recibía los castigos: debía procurar no demostrar miedo frente a él, no pedirle compasión, ya que esto aumentaba su ira y los castigos resultaban peores. Sin embargo Asdrúbal ya había percibido su vacilación
– Tu voz tembló, Patricia. Eso significa que te sientes culpable. Sabes que hiciste algo.
Los signos eran innegables: la fijeza de sus ojos, su voz monocorde, suave, hasta amable y algo que temía muchísimo: el tic que de pronto se desataba haciendo que su comisura derecha se agite sin control. En medio de su cara rígida, aquel movimiento era como la bandera que anunciaba los golpes.
Asdrúbal con una inexplicable y subita sonrisa caminó hacia ella que había retirado su pierna del agua y se estaba calzando.
-Vamos abajo.
-¿Abajo?
– Vamos al salón…
Patricia empalideció
– Abajo no, no es necesario. Te pido que me digas lo que pasó. Trato de no hacer nada que despierte tu ira. Te pido que me lo digas. Te sirvo a ti, sirvo a tus amigos. Por favor, no me castigues…
Está bien – Asdrúbal sacó de su bolsillo un conjunto de fotos – si puedes explicarme esto no te haré nada.
Mostró a su esposa las fotos donde ella aparecía con el uniforme azul, volando a una velocidad inaudita y con el rostro descompuesto de la ira; luego llegó a aquella donde se la veía golpear y romper el diamante que sostenía la estructura del hipocampo.
– Patricia tomó las fotos con mirada alucinada y las examinó.
– Esto no puede ser, te lo juro. Estas fotos dicen que yo destruí el hipocampo, pero esto no es real ; es un truco
El golpe de Asdrúbal produjo un tajo en el rostro de su esposa, exactamente en un punto inferior de la mejilla donde la golpeó su anillo con una montura de oro que sostenía un hermoso y filoso diamante. La sangre empezó a manar de la cara de Patricia.  Lloró desesperada.
Vamos abajo. Si no recuerdas lo que pasó es porque necesitas de la tortura para avivar tu mente.
Otro detalle que acompañaba los castigos y que se había producido cuando Asdrúbal había obtenido mucho dinero, era la sirena de la ambulancia y las luces intermitentes fuera de la casa.
Asdrúibal debió tomarla del brazo. Al caer Patricia se había golpeado la pierna y tuvo que arrastrarla para seguirlo. Afuera esperaban un médico y dos enfermeros.
– Vamos al sótano – repetía asdrúbal como un poseso mientras arrastaraba a su mujer.
Ya había llamado a las sirvientas quienes se ocuparon de quitar los paños que protegían los instrumentos de tortura y de limpiar el polvo que se había acumulado durante aquellos años.
Doctor – dijo Asdrúbal al médico – quiero que vigile las torturas que le aplicaré a mi esposa. Por el momento no es mi intención provocar su muerte o producirle un daño irreparable.
El médico, un hombre de unos cuarenta años, envejecido, se acercó y examinó a Matilde, en particular su pierna.
– Si va a utilizar el potro, que es lo que recomiendo le sugiero que lo haga en la pierna sana y en los brazos… veo que ha tenido varias dislocaciones de hombros, pero una buena tracción que le permita sentir el dolor no le hará daño. Luego puede usar la carpa de oxígeno o el diablo…
Se refería a un sistema igual al de una carpa de oxígeno, es decir algo que llegaba a su boca pero en vez de proveerla de aire, se lo quitaba, de modo que le producía una intensa sensación de asfixia. De este modo, el Diablo se convertía en un sistema de ondas electromagnéticas que alterando los ritmos del cerebro y de la sangre, hacía que todos los miedos afloraran.
Asdrúbal no hizo caso. Probó el potro con la supervisión del médico, produciendo un fuerte dolor en la pierna enferma, en la otra y en sus brazos. Al principio, Patricia mordía sus dientes, pero terminó pidiendo auxilio y suplicando piedad. Luego, en algo que el médico tampoco aconsejó pero se vio obligado a aceptar en su carácter de lujoso asalaariado de Asdrúbal, utilizó a la vez el diablo y el ahogo. En opinión del magnate ambas torturas eran complementarias.
De este modo, la imposibilidad de respirar en patricia se conjugó con sus miedos más profundos. Estaba profundamente aterrorizada y en ese momento, Asdrúbal le preguntó
– Ahora vas a decirme por qué destruiste el hipocampo.
El resultado fueron una sucesión de gemidos inarticulados y finalmente un desmayo del cual para reanimarla debieron utilizar un reanimador eléctrico.
– Por hoy no conviene seguir torturándola – aconsejó el médico con firmeza – salvo que quiera matarla, y en ese sentido me abstentgo de aconsejarlo.
– Dígame entonces qué hago – preguntó Asdrúbal exhibiendo las fotos en las que aparecía Patricia –   ¿Qué tortura puedo emplear para sacar información?
Ninguna tortura. Le aconsejo hipnotismo. Precisamente conozco un profesional especializado, pero ya que pide mi consejo le digo que es necesario una junta médica para analizar el caso. Hay ciertas cosas que son muy discutibles y extrañas en todo esto.
Patricia siguió desmayada casi un día entero y fueron necesarios varios médicos para atenderla. Cuando despertó pidió hablar con su hija.
– Imposible – dictaminó Asdrúbal – esa puta no se va a comunicar ni tener nada que ver con este hogar.
La junta médica se realizó dos dís después. Formada por doce especialistas y médicos clínicos, decidieron analizar lo ocurrido con las fotos y dar su opinión. En el inicio de la misma, el jefe de la junta habló a Asdrúbal que estaba acompañado por sus asesores inmediatos.
– Señor asdrúbal en estas fotos hay algo francamente imposible. Se trata de una mujer con el aspecto de su esposa, de la cual usted conoce sus limitaciones de salud, pero haremos un relevo de acuerdo a la historia clínica. Padece de diabetes y de maceraciones, quebraduras, disloques en los tendones. Ahora bien, se la exhibe en fotos en las que aparece volando a una velocidad muy cercana a la de la luz, es decir cerca de los trescientos mil kilómetros por segundo. Cualquier cuerpo que lo haga se encontrará que su masa se expande sin límites, es decir que sufriría una serie de transformaciones por las que no podría estar presente en este momento, ya que hubiera fallecido. A eso se suma que esta mujer visiblemente frágil, se le asigne una fuerza formidable, como para romper un gigantesco diamante, le recuerdo que el mismo es el metal más duro del mundo y destruír con su solo golpe una estructura enorme como lo era el hipocampo…
– Doctor, usted es solteero por lo que no conoce a las mujeres y no sabe que las mjismas tienen recursos insospechados. Esta mujer ha tenido mañas y reacciones que no se podían esperar. Recuerdo un día en que yo para corregirla y disciplinarla, la golpee hasta dejarla medio muerta. Se levantó cuando yo me fui, salió por la ventana y se presentó a los medios a denunciar mi operativo de corregirla
-Disculpe, señor Asdrúbal – el médico jefe era uno de los pocos que tenía la autoridad suficiente como para ´discutir con Pinzón– aquí no hablamos de una “travesura”como usted define esas actitudes, aquí se trata de imposibilidad física. Usted me va a decir que la foto no miente, según tengo entendido se trata de un registro cierto absolutamente de lo ocurrido. Bien, entonces como dijo mi colega, le sugiero que recurra al hipnotismo.

 

GOCHO VERSOLARI

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