Narrativa: Fricka, la mujer de la luna – 3 – El arrepentimiento de Matías.

Fricka, la mujer de la luna – 3 – El arrepentimiento de Matías.

Gocho Versolari, Poeta

No necesito gritarlo. Me basta pronunciarlo en silencio dentro de mí y las cosas vibran llamándome. Ahora busco a Matilde. ¿Por qué Matilde?  Quizá por su sometimiento. Ella se somete a Emilio y se somete a la luna. Alguna vez cuando escapaban de la selva, la luna se presentó a Matilde. Mujer morena, vestida con una túnica blanca y descalza. Matilde cayó arrodillada frente a ella y prometió hacer todo lo que le dijera.
La luna  dijo:
Tomaré tu cuerpo y te quitaré la razón. ¿Aun así quieres ser mi servidora?
Matilde asintió.
Tú me darás tu cuerpo para que otras mujeres no sean golpeadas pero yo no podré protegerte a ti misma de los golpes Aceptas?
Matilde asintió
Pasaaron los años y llegué yo. Fricka, la mujer de la luna. Tomé su cuerpo y me apoderé de ella.
SOY FRICKA
Vuelo como un reflejo que hubiera escapado de la luna y que se precipitara sobre Matilde que cuelga del vacío sostenida de una vara de acero. Así la tomaré. Llegaré hasta ella en el momento en que suelte su mano y penda de la nada. Rápidamente mis luces se mezclan con sus células y Matilde vuela con mi rostro  y con mi cuerpo. Soy el cuerpo de la ley de Matilde. En mí corrijo todo aquello que en ella clama, gime, se retuerce. Matilde no sufre desde ahora. Son muchos, incontables los años en que llora y si sus lágrimas se juntaran formarían un océano. Ha muerto hasta el cansancio producto de los golpes.
SOY FRICKA
Tomo como una exhalación el cuerñpo de Matilde y me elevo. Ella llora de agradecimiento en alguna parte de mi cuello, cerca de las arterias que laten con su propia sangre, reclina la cabeza contra mis costillas y se duerme de inmediato. ¿Dónde voy? ¿Dónde me dirijo? Es la parte que más me gusta. Volar. Por la ciudad casi desierta, como una sombra, como un enorme pájaro. Están abiertas todas las posibilidades. Puedo marchar a cualquier parte. La noche bajo mi cuerpo es una fiesta.
¿Quién es Emilio? Tomo de Matilde toda la información. Su padre golpeaba a su madre. Al llegar su adolescencia intentó irse con la guerrilla y su padre, muy violento lo golpeó hasta dejarlo por muerto. Él juró vengarse y cuando volvieron a tomar su pueblo y convertirlo en una zona liberada, esa noche buscó la casa de su padre y lo mató de un balazo en la nuca. Su madre había enloquecido por los golpes y estaba bajo el cuidado de una hermana.
No hay justificativos, pero ahora, antes de empezar mi recorrida, jugaré con él. Es fácil entrar a una vivienda. Los hombres duermen y piensan que están seguros. Puedo atravesar sus paredes como un fantasma, puedo ejercer mi ira o mi compasión y por lo general ellas no responden a aquello que los hombres y las mujeres entienden que debe ser la ira o la compasión. Mis emociones van y vienen llevadas por otros vientos.
Dejaré a Emilio fuera de combate. LA impresión de mi presencia, el miedo, el shock que le produje durarán tres días. En ese tiempo, Matilde logrará reponerse. La veo dormir apoyando su cabeza entre mis senos. ¿Dónde vamos Matilde? Brilla en su interior una Matilde pequeña de veinte centímetros, la réplica de toda mujer.
Emilio no es el peor, Matilde. No es el peor. Una parte de ti se va a despertar y verá lo que hago. Anoche un hombre mató a su esposa con un golpe. Siempre la golpeaba, esta vez no quiso matarla, pero lo hizo.
La muerte sonríe cuando se recibe un golpe. La muerte es siempre el punto de partida y de llegada. Luego dirán yo no quise la muerte. Yo no la quiero. La muerte es lo más alejado de mí… pero la muerte está presente y sonríe  cuando se brinda un golpe y cuando se lo recibe.
Vuelo hacia el barrio bajo. Ahora Matilde entreabre los ojos y mira las luces. Ella siempre recuerda, pero ahora lo hará mucho más. Hay una avenida de sitios de mal vivir. Lugares apenas iluminados donde los delincuentes de la ciudad vbuscan refugio.
Bajo en un callejón. Al verme, huyen varios miserables que revuelven la basura en busca de comida. Camino. Mi capa vibra con la brisa. Estoy dispuesta  a saltar.
SOY FRICKA

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Murmuro y todos tiemblan, aunque no lo sepan, aunque el alcohol y la droga les permita mantenerse. Aquel es un lugar donde los delincuentes buscan protección.  Aquel mató a un hombre, aquel otro robó una joyería. No me importan. Lo que busco es la línea roja que se tiende en el interior, en una serie de cuartos escondidos. Camino firme hacia la puerta. Hay hombres esperando
¡Dónde vas, mamita?
No es posible contestarle, no es posible dialogar. Dos de ellos me cierran el paso. Los tomo con suavidad de sus cuellos y los arrojo uno a cada lado. El de la derecha volará unos trescientos metros y caerá encima del techo de un carro estacionado. Quizá una muñeca recalcada. El de la izquierda volará hasta un pantano situado a dos cuadras y allí se hundirá en el barro y en la mierda que las cloacas aportan al lugar.
Entro al sitio. Son las dos de la mañana y aún no ha llegado toda la gente. Me miran parejas, personas que están empezando a beber. Me miran algunos con indiferencia y un nuevo frente de matones llega desde el fondo del salón. Me basta adelantar mi mano derecha y girarla suavemente, sin mucha fuerza. Salen en distintas direcciones y caen desmayados en varias partes del salón. Dejo a uno de ellos que se para frente a mí y me hace frentel.
Necesito a Matías.
El hombre no contesta, saca un arma y me dispara. Al otro día encontrarán las balas caídas en el piso. Al atravesarme se disgregan buscando los mínimos espacios vacíos de mis átomos. Al salir de mi cuerpo volverán a armarse y a insertarse en la pared que está a mi espalda.
Tomo al hombre del cuello y lo aprieto con una sola mano
.- Dime donde está Matías y dejaré que vivas. Vuelve a dispararme. Esta vez la bala se vuelve hacia él y se instala entre la tercera y cuarta costilla.  Lo escucho gritarcomo un pollo. Lo arrojo a un costado y subo una escalera. Otro ejército. Tomo mi mano la extiendo hacia delante y apriento los nudillos. Mis dedos hacen otro tanto a la distancia con los hombres que se acercan. Los aparto como si fueran parte de una cortina. Caen sin poder hacer otra cosa. Uno de ellos intenta tomarme desde atrás, pero algo le impide tocar mi piel.  El dueño de todo aquello, quien pone el dinero para mantener la droga, está asustado metido en su cubil. De pronto abre la puerta. Asoma su rostro desencajado.
¡Esta mujer quiere a Matías!. Dejen que lo lleve…
Una puerta se abre. Vuelo hacia la figura de Matías que pretende escapar por la ventana trasera, lo tomo de la espalda, del cuello y vuelo con él hacia la noche
SOY FRICKA
El hombre seinte miedo cuando una mujer lo vence en algo que es propio de él como la guerra.
Mira, Matilde. Soy un halcón que vuela con la presa en el pico. Voy hacia el el oriente de la ciudad, donde las luces disminuyen, donde la vida se conjuga con la muerte. Allí se levanta el cementerio . Bordeado de cipreses. Llegando desde el aire, no podrán verme. Desciendo entre los áboles. Mi carga gime. Habla, pero no lo escucho por el viento. Intenta tomarse de mis brazos ya que mis manos lo sostienen, pero no es posible.
Descendemos más. Mara fue enterrada esa mañana. En el cementerio civil, alcanzo a ver las cruces blancas sobre la grama, pero por ahora está situada en una zona aledaña al cementerio. Un lugar donde se realizan los entierros provisorios para luego dar su ubicación definitiva.
Sobrevolamos el lugar. La tumba de Mara brilla en la noche.
¿Ves esa luz roja? – pregunto a Matías que se detiene – Allí está tu esposa muerta.
Ha llovido en la tarde. La zona está cubierta de barro. La tumba también.  Descendemos y lo coloco en la tierra. Sus pies se hunden hasta más arriba de los tobillos.
¡Hija de puta !. ¿Qué querés?
Está furioso. Intenta intimidarme con sus gritos. Sostengo el cuello con una sola de mis manos y lo mantengo a distancia, suspendido en el aire. Lo veo gritar, moverse, ponerse rojo. Dejo que se gaste su furia, que se hunda en las almohadas del aire. Me mataría si pudiera. Pero no puede.
¡Déjeme!. Si es de la policía lléveme a una comisaría. No tiene derecho a traerme aquí.
Mataste a tu esposa – digo con suavidad
Si y voy a matarte a ti apenas pueda…
Lo interrumpo sacudiendo suavemente mi cabeza. Con ese solo gesto lo golpeo en la frente y lanza un grito.
– Si la tuviera frente a mí  la volvería a matar. Era una hija de puta.

 

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Está frente a ti…- lo vuelvo hacia la tumba. – Mara está aquí. Sacaremos su ataúd y la volverás a ver. Está dura y fría. Te voy a acostar con ella.
No responde pero por un leve temblor sé que tiene miedo, que supone que lo que digo es cierto.
Arrodíllate
Con un pie golpeo sus rodillas y las curvo. Lo obligo a arrodillarse en el barro chirle. Una cruz rudimentaria marca la tumba de Mara.
-¿Te acuerdas de tu primer golpe? – le pregunto al oído – costó muy poco atravesar su piel. Recordarás también tu último golpe el de la otra noche. Ahora la desenterraré para ti, para que sigas golpeándola.
Ella me golpeó Me lastimó
Y tú la mataste.
Te pido que me perdones
Pidele perdón a ella…
SOY FRICKA
En mis manos su cabeza es como una papaya. Siento la textura blanda de su cráneo. Si  quisiera podría derramar su cerebro. Pero no quiero. Tan sólo deseo que el temor la desesperación le hagan pedir perdón.
Su cráneo blando, desesperantemente blando, lo hundo en la tierra.
Hay quien te dirá que eso no se debe hacer. Que si el hombre se arrepiente debe ser por su cuenta. Si lo hace por miendo y amenazas, no será arrepentiemiento. Será coacción. Entonces tú contestarás. Él produjo la muerte. Debe pedir por su vida para conocer el límite que separa una de la otra.
Ahor hundo la cabeza. Espero el momento exacto en que sus brazos aflojan el movimiento, en el que está perdiendo el sentido. Entonces saco la cabeza del barro.
¿Vas a pedir perdón? Ella te escucha. Cada parte de su cuerpo que mataste te escucha. ¿Vas a pedir perdón?
Perdón una mierda hija de puta! – exclama escupiendo barro.
Entonces no me queda más remedio que matarte
Esperá Qué vas a hacer…
Esta vez hundo su cabeza hasta el cuello y espero que agite los brazos y las piernas hasta detenerse. El barro espeso entró a sus pulmones.  Lo quito. Es un saco vacío. Ya no está lleno de odio, sino de desesperación. Lo llevo un poco más allá donde la tierra está más firme y el barro no se hunde
Es en ese momento cuando advierto el pequeño ojo rojo entre los cipreses. Se enciende y se apaga. Ha observado todo. Ha grabado todo. No vendrán los guardias. En ese sector del cementerio la situación está olvidada.
Apoyo el talón de mis manos en el pecho de Matías y con tres golpes logro que el barro salga de sus pulmones, llegue a su tráquea y se expulsado por su boca. Es un geyser humano. Lo golpeo para hacerlo reaccionar.
¿Vas a pedir perdón a Mara?
Abre los ojos.Me reconoce y hay un grito de espanto silencioso en su mirada. Se sacude quiere escapar. Lo golpeo
¿Vas a pedir perdón?
Llora. Está desesperado.
Vas a pedir perdón
Asiente con la cabeza no puede hablar. Lo tomo de los cabellos y lo llevo otra vez al barro. Allí se arrodilla.
Perdón Perdón! – musita.
Más fuerte y con más sentimiento. El arrepentimiento debe surgir de ti. No porque yo te lo ordene. Recién fuiste a la muerte y regresaste. Allí estuviste con ella aunque no la hayas visto.
Perdón te pido que me perdones
Golpeo su cabeza.
Debes arrepentirte en serio, no porque yo te amenace de muerte…
Vuelvo a meter su cabeza en el barro una y otra vez durante media hora.
La mataste, Matías. La mataste. Ella siempre te esperaba cuando regresabas. Antes contabas con ella aún para golpearla. Ahora no está. Ya no la encontrarás en casa de su madre, ya no hay amigas a quien pedirle que intercedan para que vuelva. No está en el espacio ni en el tiempo.Aquí entre los cedros sólo encontrarás esta tumba.
No quería matarte. No quería matarte… Ahora estoy solo… Perdón.

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Solloza. Siento el olor a mierda. No ha controlado esfínteres. Lo tomo de las ropas y vuelvo a elevarme con él por los aires.
Dejo abajo el cuerpo inmóvil de Mara, el barro, los cipreses y el ojo que sigue titilando.
Todas las mujeres son una sola mujer. Todas las mujeres están unidas entre ellas por hilos invisibles. Las mujeres laten en el corazón de una sola mujer que puebla las lejanías.
SOY FRICKA

GOCHO VERSOLARI

2 Comments

  1. “Todas las mujeres son una sola mujer. Todas las mujeres están unidas entre ellas por hilos invisibles. Las mujeres laten en el corazón de una sola mujer que puebla las lejanías.
    SOY FRICKA” Las peripecias de la narración traman y urden realidades intermediales, imaginales; surge de quien ha visto allende esta “vigilia” o “sueño compartido por todos (Heráclito), allende esta hipnosis.Pero a su vez en la narración deviene una doctrina. Parte de ella es el final que he citado arriba. Por otra parte es una narración que apreciarían muchos de los que están en la HERSTORY ( la historia de ELLA, la historia del matriarcado o la historia del patriarcado visto pot las mujeres asumidas).

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    1. Hola querido Mario. En realidad la novela que está en proyecto, se refiere a la leyenda de los Selk nman en Tierra del Fuego: en épocas primordiales existía un matriarcado hasta que los hombres se rebelaron y realizaron una impresionante matanza de mujeres. Lo demás se acerca al comic y en este sentido pretende retomar el género en relación con las pinturas rupestres: la forma más primordial de trasmitir la tradición. Gracias una vez más y un fuerte abrazo.

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