Literatura experimental: Mr. Arkadin, la escultura y la luz – Relato – Parte II – Final

Mr. Arkadin, la escultura y la luz – Relato – Parte II – Final

Gocho Versolari

 

Mr. Arkadin recorrió tabernas, antros de perdición, morideros y otros lugares abyectos e innombrables no sólo en el país, sino a lo largo de tres continentes. Muchas veces debió pagar  fortunas a intermediarios que aseguraban conocer a Arín Puspín, el autor inicial de la escultura titulada “La esfera y el rayo” .
Durante el viaje del magnate, Amelia, su secretaria  le brindaba a traavés del teléfono noticias de las transformaciones de la escultura . Además del trazo producido por la mano   de aquel niño, surgieron otras manchas en la obra aunque nadie la hubiera ensuciado.  Era como si los ácidos del restaurador,  hubieran multiplicado la mácula original en vez de limpiarla.   La escultura no se limitaba a cambiar el aspecto, sino que entonaba un canto. Al principio fueron notas aisladas, casi chillidos y luego crecieron hasta formar melodías bellísimas. A veces el sonido escapaba por las juntas de las ventanas y llegaba hasta la calle.
La gente supo lo que estaba ocurriendo y llegaron de todas partes. Hasta el momento se permitía el acceso sólo por invitación especial, pero un día las multitudes tomaron la oficina . Toda la población desfiló frente a la escultura y frente a ella se posternaban con actitud de adoración. En poco tiempo se formó una religión cuyo objeto de culto era la Esfera y el Rayo. Ofrendas, oraciones, ministros. Los adeptos rendían una devoción fanática. Surgieron exégetas encargados de interpretar los cambios de aspecto de la escultura;  de ellos extraían conclusiones  aplicables tanto a las vidas individuales como al futuro del universo.
Entre los miembros de la nueva religión se formaron dos bandos: aquellos que pretendían imponer por la fuerza el nuevo sistema de creencias, y los que aspiraban a una integración con las estructuras sociales existentes.  Una de aquellas tardes, en las cercanías del edificio de Mr, Arkadin, se produjo el enfrentamiento. Los tres miembros de la guardia privada debieron calmar a cientos de adeptos enloquecidos.   Entonces uno de ellos recordó las palabras de Napoleón: cuando un levantamiento  tendía a ser ingobernable, se imponía matar una persona de las primeras filas para hacer retroceder a los demás. El guardia levantó su fusil, disparó y mató a un joven que no pertenecía a la nueva religión; que había llegado por primera vez a visitar a la escultura
A partir de entonces “La esfera y el rayo” volvió a cambiar. La superficie se hizo transparente, y en el interior todos pudieron ver una hermosa flor que no dejaba de crecer. Al llegar a las capas externas, la obra sudó un líquido gelatinoso y carmín. Por la muerte del joven a manos del guardia, las visitas se suspendieron  y al reanudarse, la multitud encontró a la escultura repleta de líquido rojo y brillante.  “Llora sangre” dijeron todos y a partir de entonces,  los mismos grupos volvieron a enfrentarse. Acusaciones de debilidad; reproche de culpas, La escultura en tanto había tomado una forma humana con las espaldas caídas hacia adelante. Algunos afirmaron que “había entrado en una fase de dolor”.
En tanto, Míster Arkadin encontró a Arín Puspín en las afueras de un pueblo casi desconocido del sur de Francia.   Estragado por tanta droga, se dedicaba a llenar baldes de arena en una olvidada playa. Alguien  mencionó como una curiosidad que a aquel hombre le gustaba robar arena en baldes infantiles, y cuando terminaba no sabía qué hacer con ella. A veces pretendía venderla en las calles céntricas; nadie la compraba, pero siempre encontraba un alma generosa que le proporcionaba algo de dinero para la comida.  Míster Arkadín indagó su nombre y supo que se trataba de él.
  • La escultura… — Sin recordar, el hombre miró a Arkadin con cara de imbécil. — Claro, alguna vez fui artista y gané premios internacionales.
    – La escultura se llama “La esfera y el rayo”, ¿la recuerda?
    – Vagamente, tendría que verla.
El magnate exhibió otra vez las fotos y los vídeos de la escultura original, pero Arín Puspín siguió negando.

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  • No estoy seguro, señor. Recuerdo haber hecho algo parecido, pero no estoy seguro.
Esta vez Arkadin no le ofreció diez dólares y un vaso de cerveza, sino que dispuso de varios miles de dólares. Fletó un avión especial en el que un par de médicos   trataron de restablecer durante el viaje de regreso la salud y la lucidez de Arín Puspín.  Al llegar descubrieron que el ejército había bloqueado  las calles que llevaban a la mansión, y antes de acceder, míster Arkadin tuvo que presentar su documentación y firmar una larga autorización para que el artista pueda ingresar. Al saber  que estaba presente el autor de la obra y ante la posibilidad que la misma fuera vendida o trasladada, las manifestaciones recrudecieron.
  • Esta no es la escultura que yo modelé hace diez años — dijo Arín puspín cuando se enfrentó a la pieza. — yo nunca podría haber hecho una cosa como ésta, no tengo capacidad.
Convertida en una fuente roja,  en el centro de la obra  se destacaban algunas líneas que sugerían una  esfera y un rayo. Escapaban de la pieza  notas lúgubres que se imponían sobre los gritos,  las maldiciones, los disparos de ametralladoras y el crepitar de llamas que llegaban de fuera.  Mr. Arkadin entendió que la presencia del hombre con el cerebro quemado por las drogas, no podía solucionar el punto al que la escultura había llevado la realidad.
Cierre las ventanas — pidió a su secretaria. Sentía una súbita fatiga. — disculpe Arin Puspín, pero trataré de descansar
No creo que pueda — contestó el artista – ¿Qué edad tiene, don Arkadín?
– Cincuenta y tres.
– Están muy bien los cincuenta y tres, porque no son cincuenta y dos ni cincuenta y cuatro, y mucho menos cincuenta y uno. Cinco y tres son ocho, y ese es el número perfecto el número que lleva la paz.
En las escaleras del edificio, el ejército trataba de controlar a la multitud que intentaba subir.
– ¿Y cómo se obtiene la paz?
-Escuche a la escultura. Ella podrá decirle lo que necesita. Aunque yo la escuché, no hay nada que pueda aprender de ella, ya que no es lo que creara alguna vez entre los vahos del alcohol y de la droga. Esta escultura tiene sus leyes propias, ella se construye a sí misma…
Amelia, la secretaria los interrumpió:
-Mister arkadin. Dicen de abajo que no pueden controlar a la multitud.
Es la guerra — siguió Arín Puspín — es la guerra. Un movimiento colosal de todas las cosas que tiende a un nuevo orden. Ya nada será como antes. Usted me pide que lo ayude a trasladar la imagen, vea la tontería que esa propuesta implica.
La escultura en tanto se había convertido en una fuente y una gelatina roja ascendía lentamente por su estructura y subía y subía hata formar un lago gigantesco.
–  Una gitana me dijo que cuando una de mis obras cobrara vida, yo moriría y creo que ha llegado ese momento
Se escucharon gritos en la escalera. La escultura se detuvo un instante, como si respirase profundamente, como si tomase impulso para dar un salto más grande.
En el momento que se abría la puerta y la multitud entraba, Mr. Arkadin, que se había acercado a la ventana, saltó por ella olvidando que estaba en un quinto piso. Curiosamente no cayó de inmediato al vacío, sino que flotó a muchos metros sobre el suelo. Flotó y flotó. Una sensación de serena euforia lo embargó mientras veía allá abajo a las personas y a las cosas como pequeñas hormigas. El viento se embolsaba en su ropa y lo llevaba a uno y otro lado mientras él cantaba. Arriba, en la ventana que daba a su oficina, sintió que explotaban los vidrios. Supo que la multitud en su afán de llevarse la escultura, la destrozaba y la devoraba. Para ello, la Esfera y el rayo se había trasnformado a sí misma en una sustancia leve, carnosa, que se reproducía a sí misma Quienes disfrutaran de esa comida ritual, se convertirían en cucarachas brillantes, de furiosos tornasoles y morirían lánguidamente no sin antes morder a los demás y convertir la humanidad en un gran cucarachero. Luego los edificios caerían destrozados por el paso del tiempo y el abandono.
En el vacío, Mr. Arkadin sintió que el viento lo ayudaba a volar hacia los costados. No caía sino que planeaba. Quizá aquellos fueran sus últimos momentos pero los disfrutaba con una euforia jubilosa mientras en la calle se enfrentaban los grupos a favor y en contra de la escultura. Eran muchos los que morían. Algunos desaforados incendiaban calles, destruían carros y a toda la civilización entonando cánticos, en una furia jubilosa que llegaba hasta el cielo.
Arkadin supo que durante años iría de un lado al otro llevado por el viento, que encontraría a seres de aire muy leves que apenas brillarían en los crepúsculos y amaneceres. Con uno de ellos formaría un hogar y tendria hijos mientras en la tierra se abrían agujeros negros, mientras los hombres se transformaban en ratas y en alimañas. Ellos harían llover cantos y dislexias hasta que con los años, cuando hubiera envejecido, llegaría volando al mismo punto donde estuviera la ventana del quinto piso; de allí caería al suelo muriendo inmediatamente por el golpe.
Ahora volaba sobre el mar. Volaba y volaba. Quzá moriría, pero en ese momento recordó que había olvidado lo que debía decirle a su secretaria aquella mañana antes que la escultura fuera ensuciada por la mano del niño. Entonces repitió las palabras y las dejó caer sobre los lejanos amaneceres.
Nadie lo escuchó.

 

FIN

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GOCHO VERSOLARI

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