Tinta Fresca: Los caracoles negros de tu llanto

He llegado a tu casa
y me golpeó el negro de tu voz
 en la tarde azul
en la penumbra el sol
regocijando los murciélagos que abandonaban su descanso para probar dientes con la costra del aire.

 

No hay lágrimas…
dijiste con medias gotas azabaches cayendo y cayendo en la monotonía de la luz
Si vienes a buscar el llanto, 
mejor escapa 
 por los costados del mundo 
por los genitales del cielo
 Con estas  palabras se formó a tus pies un lago azul oscuro, casi negro que anegó la habitación y me obligó a salir. Como siempre, proclamabas la ausencia de lágrimas mientras las mismas invadían tu vientre y los nidos de pájaros que el tiempo fundara en los lóbulos de tus orejas. 

 

Evitaste
que me tomara de los cuernos de la luna
para huir por sus senderos.

 

Los caracoles negros de tu llanto
se apresuraban a morder mis tobillos
y me costó llegar a tierras altas.

 

Desde arriba te vi vociferando.
Desnudabas tu seno,
lo señalabas
y proferías liebres oscuras
cuervos, sapos,
abubillas lejanas
que invadían las tierras bajas
y pretendían llegar a las alturas.

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Ahora cabalgo las flores con su alto destino y me alejo del valle, de las colinas: enormes mujeres arrodilladas en su tarea de vomitar pájaros, grillos y trozos de cielo
gastado,
tan gastado
que sólo inspira infiernos
que lloran y lloran
en la tarde oscura
cargada de caracoles
y de ti.

GOCHO VERSOLARI

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