Entrada especial “La Mujer que llevo dentro” – Textos de Alfredo Villanueva y Gocho Versolari

Siempre he considerado que la mejor forma de comentar, criticar o mencionar un poema es escribiendo otro poema. Podemos hablar, decir, escribir sesudas críticas, pero la esencia de la poesía se nos escapa en el discurso teórico. Tan sólo adentrarse en el hecho casi fisiológico de poetizar, es lo que puede encontrar la dimensión exacta. Aplaudo que el talentoso amigo Alfredo Villanueva haya tomado el título de mi poemario inédito, “La mujer que llevo dentro”. Más que un título, es un grito de batalla, no de reivindicación de tal o cual grupo, sino del movimiento interior en busca de la no dualidad, del andrógino; de restañar esa herida milenaria que evita el encuentro con la dimensión íntima, propia y personal de la sexualidad. Escribimos no para crear parcelas, sino para que nuestro verbo se multiplique y expanda. Por eso, gracias Alfredo y como alguna vez dijera Mao Ze Dong: “Que florezcan cien flores y se abran mil escuelas”

Gocho Versolari

 

Texto de Alfredo Villanueva: 

EN HOMENAJE A TODAS, Y A LOS QUE LAS REPETAN Y RESPALDAN

LA VOZ DE LA MUJER QUE LLEVO DENTRO

A las cuatro de la mañana me hago el amor desesperadamente
porque tus ojos porque tu torso porque tu espalda
porque te amo y te odio sin tenerte
reflejo de entrepierna y lámpara.

A las cuatro de la mañana me siento muchacha
porque tus manos porque tus brazos porque tus hombros
porque te tengo sin amarte ni odiarte
reflejo de ingle plumada.

Dónde se esconde, la que en el fondo
de los pasillos de las terrazas y de los pozos
de las ventanas
me señala tus labios de profeta muerto
para que te confunda y te busque
en aquella tetilla en aquel vientre en aquel pubis.

Y entonces
un éxtasis con sabor a trago de bar de hotel.

Con la suavidad de la piel de los muslos de un quinceañero
el calor de la uña de una artista de cine
me paso el dorso de la mano por la boca
abro la mirada
en el gesto de la búsqueda eterna.

Pero sopla el viento,
sopla como una sinfónica en un cuarto cerrado,
como un piano rodeado de patos.
Así es cómo sopla.
Y comienza ese sabor
a viajar
por el cuerpo que se deja
con temor con vergüenza se deja
con paciencia con saliva se deja.

Para que se escuche ese sonido nuevo
que se esconde en las jaulas de la memoria
en los recuerdos que tallan tatuajes
de parte en parte del cuerpo que los guarda;
sonidos de pasos
como una voz
voz de gesto inquisitivo y ojos de bruja
voz de boca de profeta en fuego
voz de gran señora
de princesa frígida
de melusina
voz de ángel que sabe hacer de todo
la voz de la mujer que llevo dentro.

Alfredo Villanueva

 

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QUINIENTAS ESMERALDAS EN TU SENO DERECHO (de “La Mujer que llevo dentro” por Gocho Versolari)

La mujer que llevo dentro
desnuda el seno derecho.

Lo tomo con mis manos de anciano
y corto con el bisturí; la línea roja,
va del pezón al cuello. La mujer me observa
sin gestos de dolor.

La sangre escapa como un lento animal
que decidiera cubrir de niebla roja
la habitación,
la tarde
y los lejanos pinos.

Quito la glándula caliente y húmeda
y la reemplazo por quinientas esmeraldas.
El resplandor verde me encandila;
el pezón en un faro,
que disipa las tinieblas de la tarde de octubre.

Coso la herida con hilo de mi piel.
La mujer cierra los ojos. Cada diez minutos,
un potro corcovea en sus pulmones.

“Con estas piedras sabré reconocerte
cuando llegues en mitad de la noche
y te desnudes para entrar en mi lecho”
musito en el oído.

El cuerpo escucha las palabras apenas pronunciadas
y las esmeraldas que habitan en el seno derecho
aplauden suavemente y zumban
como extraños insectos.

En la alborada
la llevarán a volar por riscos luminosos
y hacia la siesta
deberé resucitar el cadáver
de la azulina mujer que llevo dentro:
cuerpo inerte, desnudo;
tibio y suave
como la piel del guanaco luminoso
que cada tarde,
crepúsculo a crepúsculo,
invade la levadura de mi pan.

GOCHO VERSOLARI

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