Vídeo-Poesía: Desnuda, Inmóvil, la Cabeza Reclinada.

 

Dentro de tu ombligo hay una tormenta tan pequeña
como el silencio de una ameba solitaria.
Cuando beso tu vientre,
escucho los truenos: súbitos estornudos
de ese virus azul
que podría inocularme
una repentina felicidad
y me obligaría a bailar desnudo por las azoteas
y arrojarme de los soportes de las ventanas
y rebotar en la masa de aire caliente,
repleta de niños
a pocos centímetros del asfalto.
Con un salto volvería a tu lecho
donde descansas desnuda,
inmóvil,
la cabeza reclinada,
mientras el sol de la tarde
se impacienta en tu vellón.

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La tormenta diminuta baja hasta tu sexo
y me lanzas un par de rayos que rozan mis empeines
y se detienen en mis dedos gordos
y hacen estallar de amor
la parte inferior de mi cuerpo. Entonces
bailo sobre tu silueta,
convertido en fantasma, en ola tenue,
en el silencio que oculta
el corazón del calor;
en esa gota de traspiración
que busca tu cuello
como un lánguido suicida de tus poros.

Beso tus pies. Mi cuerpo trepa al tuyo:
montaña tersa y suave que se abre
bajo la índiga pica de mi entraña.

 

GOCHO VERSOLARI

Ilustraciones: Matthew Scherfenberg

Comenta. Comenta. Son importantes tanto las caricias como las bofetadas.

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